lunes, 31 de agosto de 2015

EL PORQUÉ DE LOS OJALES PRACTICABLES



Hace un par de semanas escribí para el magazine de El Mundo, Fuera de Serie, un artículo que ha despertado tanto alabanzas como también muchas criticas. Por ello, me gustaría compartirlo con vosotros para que me digáis si estáis con los primeros o con los segundos o incluso en un punto intermedio.

Seguramente muchos de nosotros nos habremos fijado cómo en ciertas chaquetas aparece un botón de las mangas desabotonado dando la sensación de haberse podido caer. Sin embargo, la realidad es que ese botón está oculto tras el ojal y se ha desabotonado intencionadamente.
Antes de la llegada de la calefacción lo más normal era permanecer con la chaqueta puesta tanto en casa como en el trabajo. Aquellas chaquetas, al no existir todavía la confección industrial, estaban realizadas de manera artesanal dejando los sastres al menos uno de los ojales de las mangas practicables para que estas se pudieran remangar a la hora de tenerse que lavar las manos. Igualmente, profesiones como la de cirujano exigían al médico la misma práctica para poder realizar su trabajo de manera más cómoda.

Con la llegada de la confección industrial la sastrería a medida pasa a un segundo plano ocupando su espacio las marcas y las tallas generalistas. Sin embargo, curiosamente, en los últimos años hemos visto un claro resurgir de las prendas y de los productos artesanales lo que ha traído consigo que muchos de los clientes que antes buscaban diferenciarse buscando la exclusividad en las marcas más elitistas hoy vuelvan la cabeza hacia la más distinguida sastrería a medida. Y es en esa búsqueda de diferenciarse a través de las mejores creaciones de los sastres del momento cuando dejarse un botón desabotonado se ha convertido en una práctica -demasiado- extendida.
Desde los inicios de esta columna hemos defendido que la elegancia es sencillez, clase y saber estar; y no nos parece que el presumir vestir de sastre, y consecuentemente de llevar un traje caro, coincida con ello. Resulta cuanto menos desconcertante cómo, en el afán de mostrar un estatus económico, hoy presenciamos que muchos hombres, no conformes con dejar un ojal desabotonado, lo hacen con dos e incluso con tres. De la misma manera también encontramos a quien extiende esta práctica a los abrigos olvidando que esto carece de todo sentido al no existir ocasión en la que verse obligado a remangar sus mangas.

Las marcas industriales no han sido ajenas al resurgir de la sastrería y más concretamente a esta práctica. Para poder dar respuesta a este fenómeno, algunas de ellas -las más reputadas- han incluido dentro de su oferta la confección de prendas a medida mientras muchas otras han apostado por fabricar chaquetas con ojales practicables.
Sin embargo, los clientes de estas últimas desconocen que un ojal artesano no solo debe poderse desabotonar sino que además debe estar cosido a mano. Y si de dudosa clase es desabotonarse un ojal cosido a mano más dudoso todavía resulta hacerlo cuando ese ojal ha sido cosido a máquina. 
Un traje de sastre, como un abrigo o un chaqué artesanal, se distingue por una infinidad de detalles que hacen innecesario este gesto. Su aire, su hechura, su terminación, sus cantos, los picados a mano, la terminación de sus solapas, sus hombros, sus botones, la forma de los ojales, el remate de los bolsillos y un largo etcétera son detalles que el ojo educado detectará rápidamente y que hacen que el desabotonarse los botones de la manga carezca por partida doble de sentido. ¡Además flaco favor haríamos a nuestro sastre si para tener que demostrar que el traje lo ha realizado a mano necesitamos enseñar este detalle!.
Se puede entender que un sastre deje sus ojales abiertos como guiño a la profesión a la que ha dedicado toda su vida y esfuerzo, pero difícil de comprender es el que se haga solo para mostrar la gran inversión que se ha realizado en la prenda. ¿Alguien se imagina al Príncipe Carlos, quien viste casi siempre a medida, dejándose un botón sin abotonar? Seguramente no y no por ello hay duda alguna del gran trabajo y las muchas horas de trabajo artesanal que esos trajes cruzados llevan detrás.

El Aristócrata

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