lunes, 16 de noviembre de 2020

UNA FORMA FÁCIL DE ORGANIZAR EL ARMARIO



A pesar de los esfuerzos realizados por multitud de marcas en conseguir ropa de calidad a precios contenidos, la realidad es que la ropa buena no es barata. 

Los materiales que en ella se utilizan y, sobre todo, la mano artesanal empleada lo impiden. Cierto que hoy más que nunca hay prendas de lo más bonitas a precios muy atractivos, pero de diseño y con calidad muchas menos. Por ello, los trajes, camisas zapatos etc., más si han supuesto un importante desembolso, requieren de un cuidado concreto que permita disfrutarla muchos años. 
Precisamente esta es una de las ventajas de la ropa artesanal: de cuidarse adecuadamente perdura muchos años en el armario. Y la organización de este resulta fundamental para alargar la vida de la ropa que en él descansa. "Me gusta mi dinero justo donde lo puedo ver: colgando en mi armario" – Coco Chanel. 

Sin embargo, tener, como antaño era frecuente, una habitación vestidor con suficientes armarios y espacio para cambiarse de forma cómoda y tener a mano chaquetas, camisas, zapatos etc. es hoy un privilegio al alcance de solo unos pocos. Por ello, con un espacio reducido se antoja necesario agudizar el ingenio y contar con los compartimentos necesarios para poder albergar tanto la ropa de trabajo como la de tiempo libre. De hecho, lo ideal sería contar con al menos dos armarios; uno formal y otro de sport para de esta manera tener, dependiendo del momento del día, todo lo necesario a mano. 
La disposición de la ropa es sencilla. Las camisas deben colgarse y no guardarse dobladas. De doblarlas la aparición de arrugas está garantizada. Debería abotonarse el primer botón para evitar que se caiga, el faldón no debería golpear con nada y las perchas de madera aún no siendo tan fundamentales como en las chaquetas y los trajes siguen siendo recomendables. Su grosor será menor, lo que permite contar con un número mayor de perchas. No se colgará más de una camisa por percha y los más exquisitos agradecerán perchas con pinzas para colgar un calzoncillo con idéntica tela al de la camisa. 

En la parte inferior de las camisas, separado por una balda de madera, unos cajones ocuparán el espacio inferior. Estos cajones son necesarios para guardar en uno de ellos los calcetines, en otro, dividido en pequeños cuadrados los cinturones, en otro los pijamas y en el último el resto de ropa interior. La otra mitad superior del armario la ocuparán trajes y chaquetas. Perchas más gordas y anchas en las hombreras serán necesarias para evitar que se terminen deformando. 
Los pantalones de vestir, de ser posible, deberían agarrarse por la botamanga con las pinzas de la percha. De no tener espacio pueden colgarse en la propia percha de la chaqueta. En este último caso la barra cilíndrica horizontal de la percha es conveniente que, además de ser gruesa para evitar se marque donde se dobla el pantalón, también aparezca forrada evitando así que el pantalón termine deslizándose y cayéndose. 

Los cajones donde mantener los jerséis pueden ser abiertos ganando unos milímetros extra de espacio. Lo mejor para las corbatas es conservarlas enrolladas, pero de no contar con suficiente espacio un cuelga corbatas situado al lado de las camisas de vestir hará las veces de aquel. Una caja de cartón será todo lo que necesitemos para tener los pañuelos de bolsillo a mano. 
Encontrar espacio para los zapatos no es tarea fácil. Los zapatos de calidad de cuidarse correctamente pueden durar toda la vida, por lo que lo más normal es que cada día sea más difícil encontrar espacio para cada nuevo par. Lo más recomendable es reservarles un armario para ellos solos. En su defecto, necesitaremos un sitio aislado para ellos en el armario. Unas grandes cajoneras o unas largas baldas extraíbles en los bajos del armario permitirán meter al menos los zapatos que más usemos. 

En su altillo siempre se podrán tener esas prendas que si bien no las utilizamos muy frecuentemente sí de vez en cuando. El armario más cercano a la puerta principal de la casa resulta el lugar más cómodo donde tener los abrigos y sus altillos donde almacenar las maletas y los sombreros, tanto los que usemos a diario como los de temporada. El mejor material para los armarios es la madera. Este es el compuesto que mejor resguarda la ropa de las humedades y olores. 
Si somos afortunados y contamos con armarios de grandes dimensiones, o todavía mejor con un gran vestidor, unas cestas para los múltiples accesorios – bufandas, pashminas, botonaduras etc. – evitarán que aparezcan cosas desordenadas en el interior del armario. Sin embargo, si el espacio es reducido mejor tener pocas cosas, pero de calidad. Esto será un acierto además de por la longevidad de las prendas también por poderlas conservar aireadas. 

Tener muchos trajes o camisas apelmazados solo producirá arrugas e incomodidad a la hora de extraer la ropa del día. Igualmente, pensemos que lo que no se ve no suele escogerse. Por ello, nuestro armario debería estar dispuesto de tal forma que con un rápido vistazo avistar todo lo que hay en su interior. En este objetivo unas luces que se enciendan al abrirse serán de ayuda. 
Un vestidor, también un armario, puede ser un espacio más de decoración de la casa, igual de atractivo que una cocina o una bonita biblioteca, de ahí que hacer un esfuerzo económico en él lo agradecerá tanto nosotros mismos y nuestra ropa como la casa en su conjunto.

El Aristócrata

lunes, 19 de octubre de 2020

LA CHAQUETA INGLESA



El Reino Unido, y más concretamente su campiña del S. XIX, ha sido responsable de muchas de las prendas que hoy, doscientos años después, se siguen vistiendo en medio mundo. 

Sin ser la más célebre la chaqueta inglesa, sí es la prenda más extendida de cuantas todavía hoy perduran. Resulta fácil reconocerla por haber cambiado poco en todos estos años y mantener las características que la hicieron famosa.
Su tejido. Aunque puede confeccionarse con innumerables tipos de telas, la franela y el Tweed siguen siendo las más populares. Recordemos que estas chaquetas se vestían en muchas ocasiones sin abrigo exigiéndolas suficiente protección contra el frio y la lluvia. Estampado. 

Atrás quedó el tiempo en el que las familias se distinguían por el estampado de su chaqueta. Los muestrarios hoy son de lo más variados e imposible no encontrar uno que guste. Los lisos y, sobre todo, los de cuadros son los más característicos. Si nació en el campo, se popularizó a caballo. De hecho, su corte es prácticamente idéntico al original. 
Holgada como para poder vestir debajo un jersey, suficientemente larga como para tapar el trasero y con innumerables detalles pensados para ganar comodidad, combatir el frio y cobijar los enseres cotidianos. Precisamente pensando en la comodidad se le añadieron dos aberturas, aberturas que permitían en sus orígenes colocar el faldón por encima de la silla de montar y hoy evita que al sentarse la chaqueta se desboque. 

De ver una chaqueta con solo una abertura se antoja procedencia norteamericana. Los hoy extendidos bolsillos en diagonal proceden ciertamente de aquel S. XIX. Entonces el caballo era el medio de transporte más extendido y contar con bolsillos inclinados hacía la rutina de meter y sacar objetos más cómoda. Un tercer bolsillo de medida bastante más contenida servía para guardar los fósforos con los que encender los cigarros que protegían las pitilleras de plata. 
Los bolsillos principales no pocas veces albergaban una petaca con alcohol para calentarse frente al frío y años después para hacer uso de ella en los recesos en la caza del zorro. Si los bolsillos de las chaquetas italianas se caracterizan por ser de tipo parche, en la chaqueta inglesa estos cuentan con solapas para evitar que el polvo del campo entrara en ellos. 

Las solapas de la chaqueta terminan en línea recta y no en pico algo que confiere un aire más informal. Si al final de una de las solapas encontramos un ojal, en la otra puede ser posible descubrir un botón. Su finalidad no era otra que en caso de temporal desdoblar dichas solapas, sobreponerlas entre sí y abotonado el botón tener el torso protegido frente al aire y el frío. 
Si en sus inicios con la finalidad de enfrentarse al frio la chaqueta inglesa contaba con tres botones en su frontal, con el tiempo terminó estilizándose. Para ello, o bien mantenía estos mismos tres botones abotonándose únicamente el de en medio (3 para dos) o directamente aparecían dos abotonándose solo el superior. Los botones, tanto estos como los de las mangas eran, y son, de algún material natural. 

Si antes el cuerno era el material más extendido sin tener que ser todos ellos de idénticas medidas, hoy al botón se le da la clásica forma redondeada y se le decora. También hoy el corzo es frecuente verlo en la chaqueta inglesa. 
El interior siempre cuenta con forro y variados y amplios bolsillos para guardar en ellos todo aquello que impida unas manos libres para trabajar o disfrutar del campo. A esta chaqueta de sport - fue utilizada tanto en carreras de coches como en partidos de tenis - se le fueron incorporando detalles como una protección de piel para apoyar la escopeta o un flojo en la espalda para hacer el movimiento de disparar más cómodo. No obstante, estas son ya todas variaciones de la primera chaqueta inglesa. 

El Aristócrata

lunes, 14 de septiembre de 2020

UN RELOJ PARA CADA CONJUNTO



Antes de nada comunicaros que ya tengo los libros en mi poder y esta semana empezaré a enviarlos. Ruego un poco de paciencia pues han sido muchos los pedidos y tendré que enviarlos poco a poco. ¡Ha quedado fenomenal, y la calidad de las fotos increíble!. 

Los zapatos, la corbata y el reloj son los complementos que más hablan de un hombre. Prestando atención a estos tres será fácil hacerse una idea de su gusto e incluso sencillo será adivinar ciertas facetas de su personalidad. Fíjense en alguien con un reloj de grandes dimensiones y con un bisel lleno de diamantes y verán que esta afirmación no resulta tan alocada. 
Aunque el amante de los relojes seguro que dispone de modelos muy diferentes, lo cierto es que dependiendo de cada conjunto hay relojes que combinan mejor que otros. Empecemos por los atuendos formales, esto es, frac y esmoquin. 
En ambos casos solo los relojes de bolsillo deberían tener cabida. Tanto los modelos abiertos como los tipo hunter resultan buenas opciones, siendo, no obstante, el hunter más especial al requerir abrir su tapa protectora para visualizar la hora. 
La leontina debería ser del mismo año que el reloj, mejor no llamativa para guardar una correcta armonía con el corte clásico de ambos conjuntos. Todavía mejor poder adornarlos con un reloj de bolsillo de época – no asustarse si el oro del reloj es de 14 quilates pues era el oro empleado entonces para conseguir mayor resistencia -. 
El esmoquin agradece acompañarse también de un reloj de bolsillo. No obstante, como hemos contado ya aquí, en los comienzos del esmoquin estaba mal visto el uso de todo tipo de reloj al vestirse en ocasiones puramente lúdicas y festivas. Se entendía una falta de educación hacia el anfitrión el consultar la hora cuando él había hecho todo lo posible para que la hora no tuviera importancia y la fiesta se alargara toda la noche. 
Con los trajes de tres piezas los relojes de bolsillo añadirán un toque no solo elegante sino también muy interesante. Las opciones aquí son mucho más amplias y dependerá del tipo de corte de traje. A más clásico, un reloj más austero. Si nuestro tres piezas es de corte menos serio o con un aire dandi los, por ejemplo, relojes autómatas eróticos, muy populares al comienzo del S.XX, reforzarán el mensaje transgresor de nuestro traje. 
Hoy con los trajes de chaqueta lo más frecuente resulta ver todo tipo de relojes. No obstante, los relojes de colores, con brazaletes de caucho e incluso de acero encuentran en otros atuendos mejores lugares para marcar la hora. Con el traje siguen siendo los brazaletes de piel los más adecuados. Parecería lógico pensar que si tenemos la suerte de vestir un traje artesanal nuestro reloj esté a su altura. 
Por ello, olvidémonos de los relojes de pila y sucumbamos al enorme encanto de un reloj mecánico, y a ser posible manufactura; pero ojo manufactura de verdad: Breguet, Patek Philippe, Jaeger-LeCoultre, Lange & Sohne, Vacheron Constantin…y no muchas más. Medidas contenidas que no excedan de los 38mm son adecuadas con estos trajes. 
Con ropa de sport las opciones son innumerables y solo dependerá la elección de uno u otro del gusto y estado de ánimo. Con el sport es el momento de los relojes deportivos de brazalete de acero, aunque por tamaño, diseño del bisel y complicaciones también muchos otros tienen cabida. 
Muchos hitos deportivos importantes están unidos a marcas de relojes. Y es que el deporte ha sido el lugar donde muchas marcas han dado a conocer sus mecanismos y relojes, además de servir de un perfecto escaparate de marketing para su política de ventas. Desde el polo, el buceo, los deportes de motor, la vela y muchos otros encuentran en los materiales más revolucionarios, desde el sencillo caucho hasta el titanio o carbono, los materiales adecuados para aligerar peso o conseguir cajas tan resistentes como para aguantar cualquier situación extrema producida durante su práctica. 
Por su lado los deportes que requieren de medidores de frecuencia cardiaca, contadores de intervalos, distancias y velocidades encuentran en los relojes especializados los relojes más precisos. 

El Aristócrata

lunes, 17 de agosto de 2020

DEL PORQUÉ DEL TÉRMINO FORMAL O POR QUÉ NO SE DEBE VESTIR ESMOQUIN EN LAS BODAS



En vista de la polémica levantada en torno a la ropa más correcta de vestir en las bodas y del porqué el esmoquin no debería tener cabida en ellas, quizás convenga repasar algunos conceptos básicos pero fundamentales. 

Todos los conjuntos de hombre quedan englobados bajo alguno de estos dos encabezados. ¿Cuántas veces hemos escuchado o leído en una invitación eso de “vestimenta formal”, “casual” o “informal”? Aunque en español asociemos el término “formal” con prácticamente toda combinación donde la corbata esté presente, e informal a aquellos donde ésta, o incluso la chaqueta, podría estar ausente, esto no es del todo exacto. 
Estando ya muchos lectores de vacaciones, y con algo más de tiempo para profundizar en los principios básicos de la vestimenta del hombre, cabe mencionar que los términos “formal” e “informal” provienen directamente del inglés y si bien se escriben igual su significado dista mucho en unas latitudes y otras. En el Reino Unido ambos términos, formal e informal, hacen referencia a combinaciones donde la corbata, estándar o de lazo, está siempre presente. En España, en cambio, por “informal” se llega a entender desde una chaqueta con unos chinos hasta un vaquero con un polo. Dicho esto, ambos términos han evolucionado con el tiempo llegando, incluso, a incorporar uno nuevo: el “semi-formal”. 

Así pues, el código de vestimenta más purista británico establece que el chaqué y el frac son atuendos formales, el esmoquin y el stroller semi-formales y el traje de chaqueta una prenda puramente informal. Para el protocolo inglés la diferencia entre ambos términos radica en la longitud de la chaqueta. Mientras que el atuendo formal se caracteriza por contar con una chaqueta con longitud por su parte trasera hasta la rodilla, en el atuendo semi-formal e informal la chaqueta es visiblemente más corta. 
Atrás quedó la época Victoriana y Eduardina donde los hombres vestían chaqué o frac por el mero hecho de que una mujer estuviera presente – el chaqué con luz solar y el frac sin ella.  Solo cuando estas no estaban, y siempre de noche, se permitían vestir sus esmóquines. Y es precisamente por el carácter formal de la boda y el lúdico del esmoquin por el que nunca se debería vestir este en aquellas, algo que sigue hoy tan presente como entonces. 

Desde entonces algunos conceptos han evolucionado. Concretamente si antes de la I Guerra Mundial y en el periodo de entre guerras el frac era considerado como el conjunto a vestirse después de las seis de la tarde, terminada esta el frac se reserva ya a actos de gran solemnidad. Igualmente, el esmoquin empieza a vestirse a la noche en momentos lúdicos convirtiéndose en los años treinta en el atuendo semi-formal más popular. 
Terminada la II Guerra Mundial, el traje de chaqueta reemplaza al chaqué por la mañana y se empieza a vestir incluso por la tarde, momento en que la vestimenta del frac pasa a ser puramente testimonial. 

Es a partir de los años sesenta y setenta, con la llegada de la conocida Peacock Revolution, cuando una juventud deseosa de romper reglas destierra para siempre la forma de vestir de sus padres. Si bien todavía por aquel entonces los sectores más tradicionales seguían prestando atención a la clasificación de atuendos formal e informal, la gran mayoría ya aceptan como “formal” la mera vestimenta de un sencillo traje. 
Y algo similar ocurrió con la evolución del término “informal”. Si el hombre de los años 20 entendía por acto informal vestir traje o esmoquin, el de los 40 asociaba ese término ya únicamente con el de traje. A partir de los 60 los conceptos “casual” o “informal” se asocian con conjuntos donde podría estar presente una chaqueta, pero no ya la corbata. 

La clasificación original de “formal” e “informal” es la que se debería tener en cuenta cuando surgiera la duda o no se tenga claro qué busca el anfitrión en su invitación. Mejor que se equivoque él con el término utilizado que nosotros intentando interpretar sus pensamientos. 
Dicho esto, el relajamiento reciente en el vestir obliga a repensar el significado de ambos términos según el ambiente y el perfil de la persona que invita. Y si invitamos nosotros, no corramos riesgos. Escribamos: “frac”, “chaqué”, “esmoquin”, “traje” o “chaqueta” y omitamos términos ingleses que solo conducen a confusión.  

El Aristócrata

lunes, 20 de julio de 2020

¿DEBEN SER SIEMPRE LOS ZAPATOS NEGROS O MARRONES?



Cierto es que el color negro es adecuado con prácticamente cualquier conjunto, sobre todo con los trajes serios y a la caída del sol. 

Cierto también que el marrón, particularmente los tonos más oscuros, goza de una polivalencia imposible de conseguir con cualquier otro color. Sin embargo, hay otros tonos que no solo no completan a estos dos, sino que añaden un toque especial tanto a los conjuntos de corbata como a los de sport. 
Empecemos por los primeros. El abusar como hoy se hace de los trajes azules y grises exige incorporar complementos de color para no convertir el conjunto en algo aburrido o repetitivo. Y esto se consigue con la camisa, la corbata y cómo no, con los zapatos. 

Hay tres colores para nuestros zapatos que de escoger bien el modelo y el corte del traje pueden representar una buena elección. Por ejemplo, el azul. Esta tonalidad, mejor oscura y próxima al marino, es una magnífica opción para acompañara a los trajes grises. De hecho, un zapato semi o full brogue que utilice dos tipos de pieles, por ejemplo, vacuno y ante, y de azules, el principal más oscuro que el segundo, conseguirá una imagen similar a la del traje gris con zapato marrón pero mucho más especial y menos extendida. 
Otra posibilidad es el zapato gris. El gris oscuro sin ser sustituto del negro es una buena alternativa. Vístase con un traje azul marino de boca estrecha y que toque muy levemente el zapato y el conjunto rezumará estilo y personalidad. Nuevamente será el modelo Oxford con algún tipo de adorno en la puntera el más adecuado al transmitir ese aire desenfado que buscan los zapatos algo diferentes. El burdeos siempre ha estado presente en los mejores armarios. Sin embargo, cada día resulta más difícil verlo por las calles. 

Dejando de lado la extendida pero poco estética imagen del mocasín burdeos con traje azul marino, tanto el derby como el Oxford burdeos son ambos modelos agradecidos para vestir con trajes grises y azules. Hay otro color, más atrevido que los hasta ahora nombrados, que de escogerse tono y modelo de zapato bien merece incorporarlo al zapatero. Este no es otro que el verde. ¿Alguien no se pondría esta primavera con un buen traje a medida azul marino de lino y cruzado el zapato verde que abre este artículo?
Y si con el traje encontramos todas estas opciones, en el sport estas se multiplican. Podríamos enumerar un sinfín de ellas, pero elegir unas u otras solo dependerán de lo atrevido que seamos. En su elección debemos tener en cuenta que no todo vale y de ser demasiado arriesgados existe la posibilidad de traspasar la línea que separa lo vulgar de lo elegante. 

Conseguir un buen resultado estético dependerá básicamente de la elección del resto del conjunto y la facilidad o no de que todo este termine combinando y dando la sensación de ser un solo conjunto. El efecto de que cada prenda y complemento pertenece a un armario diferente es rápidamente apreciable. Solo el estilo de cada persona y cierto gusto puede guiar en la dirección correcta. 
Dicho esto, en primavera y verano introducir un toque de color en zapatos tan propios de estas estaciones como pueden ser los gomminos se antoja muy recomendable. Además de los clásicos marrones y azules marinos, los naranjas, rojos, verdes… son ideales para disfrutar del buen tiempo al aire libre. 

El Aristócrata

lunes, 15 de junio de 2020

SÍ, LA IMAGEN IMPORTA



Todos conocemos la célebre frase de Oscar Wilde: “No hay una segunda oportunidad para una primera impresión". Hoy, en un momento donde la imagen parece no importar lo más absoluto, esta afirmación cobra, si cabe, más relevancia.  

Obviamente, la elegancia masculina la aporta además de la ropa también nuestra forma de ser, actuar y comportarnos en sociedad. Son, de hecho, estas últimas pautas las que determinarán el verdadero grado de elegancia de cada persona. 
No obstante, si atrevido resulta ya enjuiciar la elegancia masculina exterior, temerario sería hacer lo propio con la interior. Seguramente a nadie le resulte ya una novedad lo que los expertos en comunicación llevan afirmando desde hace varios años, esto es, que los primeros diez segundos de conocer a una persona son los responsables de la percepción que sobre ella se tendrá en el futuro. 
Y esa primera imagen que permanecerá en la retina le vendrá dada en gran parte por el atuendo escogido. Según transcurran los primeros minutos de cualquier encuentro la imagen del caballero irá cambiando en aquel que con él comparta su tiempo. De ahí que siempre resulte más fácil afianzar en los demás una buena percepción de uno mismo si esa primera impresión fue positiva. 
El dicho popular de que el hábito no hace al monje y que las apariencias engañan aplica en todos los ámbitos de la vida y en el tema que nos ocupa no deja de ser menos cierto. Sin embargo, un cuidado aspecto puede decir mucho a favor de quien se ha tomado la molestia de que su presencia refinada le distinga. El vestir correctamente no debería ser considerado nunca como una muestra de esnobismo sino también como de deferencia hacia las personas con las que se vaya a compartir el tiempo. 
Conseguir una imagen cuidada no deberá resultar algo complicado. La elegancia es sinónimo de sencillez y saber estar. Evitando prescindir de la corbata con traje, ese botón del cuello de la camisa desabotonado o la fea costumbre de desprenderse de la chaqueta durante reuniones o en restaurantes se estará transmitiendo una imagen más distinguida de la que muchos hombres muestran hoy en día. 
Pensemos por un momento en el desaparecido Giovanni Agnelli. Seguramente la mayoría de los mortales nunca llegó a intercambiar ni una sola palabra con él pero la imagen que recuerdan de él es la de un hombre tremendamente exitoso en los negocios y en el amor. Si nunca habían tenido contacto alguno con él y Giovanni Agenelli no era el único empresario exitoso por aquel entonces: ¿por qué asociaban a él más que a ninguna otra persona el mayor de los éxitos?. Pues sencillamente porque lo que veían en él no era otra cosa que un personaje exitoso, con una indumentaria perfectamente cuidada, de corte exquisito, fabulosamente bien combinada, en definitiva, una imagen impoluta. 
Las diversas investigaciones llevadas a cabo hasta la fecha muestran insistentemente que los seres humanos emiten sentencias firmes sobre las personas de su entorno en solo cuestión de segundos. Así, por ejemplo, Nalini Ambady y Robert Rosenthal, psicólogos de la Universidad de Harvard, grabaron a varios profesores de esta prestigiosa Universidad impartiendo clase. Posteriormente les pasaron fragmentos sin voz de escasos segundos de dicha grabación a personas ajenas a ellos para que los puntuasen. Dichas personas incluso viendo solo dos segundos de dicha grabación emitían idéntica puntuación a aquella que habían apuntado en sus cuadernos mucho más tarde tras ver el video durante varios minutos. Esto les sirvió a Ambady y a Rosenthal para afirmar que esa primera imagen de la persona es la que se suele consolidar incluso con el paso del tiempo.
Y si esto resulta cuanto menos sorprendente más lo es el hecho de que las conclusiones de estas personas ajenas a la universidad quienes solo vieron el video durante unos segundos eran muy parecidas a las que tenían los alumnos tras dar clases seis meses con ese mismo profesor!!.
Esta percepción que se llegar a tener de las personas con las que se entra en contacto por la mera apariencia física ha sido puesta en relevancia en infinidad de estudios. Así, por ejemplo, los profesores Michael Sunnafrank y Artemio Ramírez de la Universidad de Minnesota, analizaron el comportamiento de ciento sesenta y cuatro jóvenes que no se conocían entre sí y que nunca antes habían coincidido. Después de reunirlos en parejas, los dejaron conversar durante escasos minutos y a continuación les pidieron que rellenaran un cuestionario con el objetivo de conocer con qué jóvenes cada uno de ellos tenía mayor empatía. Trascurridos dos meses de relación entre las parejas, el noventa y cinco por ciento de ellas confirmaron la impresión que sobre su compañero de experimento habían asimilado en aquella corta conversación inicial. 
Ambos profesores concluyeron su investigación constatando el hecho de que una gran mayoría de jóvenes pudo determinar a primera vista quienes serían aquellas personas con las que mejor podrían interactuar en el futuro. Esto ratifica la validez de la primera impresión y la importancia de la indumentaria como instrumento de regulación de las relaciones interpersonales.
Igualmente, el profesor Frank Bernieri, jefe del Departamento de Psicología de la Universidad de Oregón y conocido estudioso del comportamiento humano, afirma en varios de sus estudios que a la hora de trasmitir un mensaje “hoy parece pesar más el cómo que el qué. Y no pueden ni imaginarse el impacto que tiene la vestimenta en la primera impresión". Bernieri asegurará que borrar esa primera impresión resulta luego muy comlicado.
Seguramente si un hombre acude al bar de moda en vaqueros, con camiseta y zapatillas no debería extrañarle si no le permiten la entrada. Sin embargo, y a pesar de que ese caballero siga siendo el mismo, de presentarse al día siguiente en el mismo bar con una blazer cruzada, una camisa a rayas y unos cuidados mocasines seguramente la respuesta que encontrará por parte de la puerta sea bien diferente. Como concusión, si a ningún caballero le gustaría que le recibieran con un: "disculpe que no le abriese, es que tenía usted pinta de sospechoso” debería cuidar con especial atención su parte más visible: el atuendo.
Si bien es importante la vestimenta también cuidar el aseo personal resulta de vital importancia. Unas uñas sucias o mal cortadas, un cabello mal peinado, una barba mal cuidada etc., destruirán el buen efecto que un elegante traje haya podido causar.  Si se encuentra en una reunión de trabajo con varias personas desconocidas podrá observar como al comienzo de la reunión, y de forma implícita, se presta más atención a aquel señor que destaca por su indumentaria sobre el resto. El motivo no parece ser otro que si esa persona viste un elegante traje y una camisa bien elegida y combinada, destacando visiblemente sobre la vestimenta del resto de los participantes, intrínsecamente se asumirá que esa es la persona con mayor estatus en la mesa de negociación. Aunque sea todo lo contrario. 
Una buena imagen exterior es la mejor tarjeta de visita. Ir elegantemente vestido y aseado lleva implícito una serie de presunciones como éxito, gusto y posición social que de utilizarlas correctamente pueden ser una gran ayuda de cara a las relaciones personales y profesionales. 
En definitiva, una correcta primera impresión de vital importancia ya que muchas veces no se tendrá una segunda oportunidad para remediar aquella mala primera impresión. Y si esa primera impresión se forma en escasos dos segundos parece obligado que los caballeros cuiden en todo momento y circunstancia su atuendo. Sorprendería observar como un look cuidado puede abrir o cerrar puertas en solo cuestión de segundos.
La tercera remesa lista para enviarse esta semana. 

El Aristócrata