lunes, 31 de agosto de 2015

EL PORQUÉ DE LOS OJALES PRACTICABLES



Hace un par de semanas escribí para el magazine de El Mundo, Fuera de Serie, un artículo que ha despertado tanto alabanzas como también muchas criticas. Por ello, me gustaría compartirlo con vosotros para que me digáis si estáis con los primeros o con los segundos o incluso en un punto intermedio.

Seguramente muchos de nosotros nos habremos fijado cómo en ciertas chaquetas aparece un botón de las mangas desabotonado dando la sensación de haberse podido caer. Sin embargo, la realidad es que ese botón está oculto tras el ojal y se ha desabotonado intencionadamente.
Antes de la llegada de la calefacción lo más normal era permanecer con la chaqueta puesta tanto en casa como en el trabajo. Aquellas chaquetas, al no existir todavía la confección industrial, estaban realizadas de manera artesanal dejando los sastres al menos uno de los ojales de las mangas practicables para que estas se pudieran remangar a la hora de tenerse que lavar las manos. Igualmente, profesiones como la de cirujano exigían al médico la misma práctica para poder realizar su trabajo de manera más cómoda.

Con la llegada de la confección industrial la sastrería a medida pasa a un segundo plano ocupando su espacio las marcas y las tallas generalistas. Sin embargo, curiosamente, en los últimos años hemos visto un claro resurgir de las prendas y de los productos artesanales lo que ha traído consigo que muchos de los clientes que antes buscaban diferenciarse buscando la exclusividad en las marcas más elitistas hoy vuelvan la cabeza hacia la más distinguida sastrería a medida. Y es en esa búsqueda de diferenciarse a través de las mejores creaciones de los sastres del momento cuando dejarse un botón desabotonado se ha convertido en una práctica -demasiado- extendida.
Desde los inicios de esta columna hemos defendido que la elegancia es sencillez, clase y saber estar; y no nos parece que el presumir vestir de sastre, y consecuentemente de llevar un traje caro, coincida con ello. Resulta cuanto menos desconcertante cómo, en el afán de mostrar un estatus económico, hoy presenciamos que muchos hombres, no conformes con dejar un ojal desabotonado, lo hacen con dos e incluso con tres. De la misma manera también encontramos a quien extiende esta práctica a los abrigos olvidando que esto carece de todo sentido al no existir ocasión en la que verse obligado a remangar sus mangas.

Las marcas industriales no han sido ajenas al resurgir de la sastrería y más concretamente a esta práctica. Para poder dar respuesta a este fenómeno, algunas de ellas -las más reputadas- han incluido dentro de su oferta la confección de prendas a medida mientras muchas otras han apostado por fabricar chaquetas con ojales practicables.
Sin embargo, los clientes de estas últimas desconocen que un ojal artesano no solo debe poderse desabotonar sino que además debe estar cosido a mano. Y si de dudosa clase es desabotonarse un ojal cosido a mano más dudoso todavía resulta hacerlo cuando ese ojal ha sido cosido a máquina. 
Un traje de sastre, como un abrigo o un chaqué artesanal, se distingue por una infinidad de detalles que hacen innecesario este gesto. Su aire, su hechura, su terminación, sus cantos, los picados a mano, la terminación de sus solapas, sus hombros, sus botones, la forma de los ojales, el remate de los bolsillos y un largo etcétera son detalles que el ojo educado detectará rápidamente y que hacen que el desabotonarse los botones de la manga carezca por partida doble de sentido. ¡Además flaco favor haríamos a nuestro sastre si para tener que demostrar que el traje lo ha realizado a mano necesitamos enseñar este detalle!.
Se puede entender que un sastre deje sus ojales abiertos como guiño a la profesión a la que ha dedicado toda su vida y esfuerzo, pero difícil de comprender es el que se haga solo para mostrar la gran inversión que se ha realizado en la prenda. ¿Alguien se imagina al Príncipe Carlos, quien viste casi siempre a medida, dejándose un botón sin abotonar? Seguramente no y no por ello hay duda alguna del gran trabajo y las muchas horas de trabajo artesanal que esos trajes cruzados llevan detrás.

El Aristócrata

lunes, 24 de agosto de 2015

LOS SECRETOS DE LA CORBATA



La corbata es la prenda del atuendo masculino que su tamaño guarda menos proporción con su importancia y sin embargo si hay un complemento de la vestimenta masculina formal que está expuesto en todo momento a la vista de todos, ese es la corbata. Quizás por ello ya en el siglo pasado, Lucilla Mara de Vescovi, fundadora de Countess Mara, dijo de ella. "dile a un hombre que te gusta su corbata y verás su personalidad abrirse como una flor".

1) Qué tipos de corbata existen y cuál puede ser la más apropiada

A pesar de que hoy de utilice el término pajarita, la denominación correcta para este complemento sería el de corbata de lazo ya que al igual que la corbata la mal denominada pajarita se laza alrededor del cuello de forma similar a la clásica corbata. 

Si bien hablaremos sobre la corbata una vez más en próximos meses sí queremos hacer una mención especial a la hoy muy popular corbata de lana. Estas corbatas sólo deberían vestirse durante la época de invierno y siempre fuera de la ciudad. Además de decantarnos por ellas deberíamos intentar escoger – con la finalidad de guardar cierta homogeneidad - pañuelos de bolsillo de cachemira y no de seda.  A la invitación de no escoger corbatas de lana en la ciudad deberíamos sumar la sugerencia de evitar que la corbata se convierta en la protagonista de la imagen final o que atraiga la atención exageradamente. 
Uno de los puntos básicos a considerar a la hora de comprar una corbata es asegurarse de que se elige el ancho de la pala según sea la fisionomía de cada uno de nosotros. Las corbatas más actuales tienen unas medidas que van desde los 8,5cm a los 9,5cm en su parte más ancha. No hay un ancho más elegante que otro y será el físico de cada uno de nosotros el que establezca el ancho correcto de su corbata. Así pues, un hombre de físico grueso necesita de una corbata ancha ya que de escoger una estrecha se acentuaría su fuerte corpulencia. 

2) Las 10 reglas de oro de la corbata

Hay 10 reglas básicas que desde la mítica casa napolitana Marinella han llegado al resto del mundo y que son el decálogo al que prestar atención cuando toca vestir de corbata.

1. El ancho: de suma importancia. El adecuado está entre 8,5 y 9,5cm en su parte más ancha.

2. El nudo: es importante aprender a hacerlo sin apretar demasiado para evitar el efecto "ahorcado". Deshacerlo siempre por la noche y dejar la corbata estirada.

3. Debe tener el tejido adecuado: seda jaquard para las de regimientos, seda más ligera- tipo fular- para las estampadas, lana y estampados escoceses para atuendos sport en invierno.
4. Una corbata para cada ocasión: por la mañana son preferibles los colores claros y estampadas, y para la noche opta por colores oscuros.

5. No te dejes aconsejar y no dejes la elección de la corbata a nadie. La única regla es seguir tu propio instinto. Elegir una corbata debe ser un acto irracional.

6. El instinto también debe seguir una cierta lógica. Evita estampados demasiados grandes y llamativos pero también aquellas corbatas con un único dibujo central o demasiado pálidas o anodinas. Recuerda que la corbata refleja tu personalidad.

7. Preferibles: corbatas de colores definidos con dibujos pequeños (motas, rombos, cuadros o cachemir) y las de rayas transversales de dos o tres colores, como mucho.
8. Los colores: la corbata debe sobresalir o destacar sobre el traje y la camisa pero sin impactar. Debe ser de un color más oscuro que el de la camisa y más intenso que el de la chaqueta. Se trata a menudo de la única nota de color en un traje serio pero no debe atraer la atención exageradamente. Evitar el verde pistacho, el amarillo canario así como el rojo fuego y el rosa chicle.

9. La combinación con la camisa es un campo minado donde sólo puede conducirte el buen gusto. Evitar corbatas gruesas con una camisa de cuadritos o la combinación de "rayas", corbata de rayas de regimiento con camisa de rayas y chaqueta estampada.

10. Nunca intentar la armonización de la corbata con el pañuelo de bolsillo. Se trata de un hábito inútil y snob anacrónico. Siempre evita un look demasiado afectado o cuidado y opta por una elegancia relajada. 
3) Cómo combinar corbatas y camisas 

A la hora de escoger la camisa y corbata que mejor combinan entre sí hay dos pautas fundamentales a tener en cuenta. Por un lado, se debes prestar atención al color de ambas prendas buscando siempre algo de contraste y, por otro, se deberá vigilar la correcta combinación entre ambas prendas de sus diseños lisos, a rayas, a cuadros, etc.

Como norma general, indicar que siempre resulta más fácil acertar con la combinación adecuada si se escoge primero la camisa y sólo después se piensa en la corbata que mejor combina con ella. Se deberá evitar elegir dos prendas con demasiada personalidad. Si la corbata y la camisa tienen de forma independiente ya demasiada presencia, se deberá eludir vestirlas conjuntamente. 
Lo más sencillo resulta siempre combinar camisas y corbatas lisas; sin dibujo alguno. Una camisa azul clara, por ejemplo, es perfectamente combinable con corbatas de infinidad de colores. 

Como pauta general, sin embargo, señalar que es recomendable que si se va a combinar una camisa y una corbata lisa, esta última habrá que intentar que sea de una tonalidad más oscura que la camisa. La misma camisa azul clara combinará perfectamente, por ejemplo, con una corbata lisa burdeos o de un verde oscuro.  Por el contrario, si se elige una camisa de un azul más oscuro tipo cielo, no se debería dar entrada una corbata de un amarillo pálido ya que la corbata “desaparecerá” entre el color más fuerte y predominante de su camisa. 

Las camisas lisas tienen la enorme ventaja de combinar perfectamente con corbatas a rayas o con aquellas con cualquier otro adorno, independientemente del tamaño de su dibujo. Esa corbata que por su peculiar dibujo resulte difícil de combinar, siempre quedará mejor con una camisa lisa que con cualquiera con otro diseño. 
Una de las combinaciones más frecuentes de encontrar es en la que está presente una camisa a rayas. En este caso se evitará, en principio, combinar una camisa a rayas con una corbata que también las contenga. Cualquier camisa a rayas admitirá de buen grado una corbata lisa siempre y cuando el color de esta última sea algo más oscuro que el de nuestra camisa. 

Este consejo de evitar combinar una camisa a rayas con una corbata también a rayas deberá dejar de ser considerado como tal cuando el que escoge dicha combinación conoce que las líneas de ambas prendas pueden ser perfectamente combinadas entre sí si son de un tamaño diferente. 

Si se escoge una camisa tipo mil-rayas se debería optar por una corbata de rayas anchas. Una elegante y estilosa posibilidad de combinar rayas es escoger una corbata con ellas en horizontal y enfrentarla así a las rayas verticales de la camisa. 
De la misma forma, una camisa a rayas podrá ser acompañada de una corbata con motivos diversos si dichos dibujos son de una escala similar a la de las rayas de la camisa. Una de las combinaciones que hoy ya apenas se ve, seguramente por pensar que nos es adecuada, es la que combina una camisa de rayas marcadas con una corbata con lunares. Esta combinación es perfectamente válida y es particularmente bienvenida con un traje liso, al funcionar el traje como marco de la foto donde los protagonistas son sólo la camisa y la corbata.  

Las camisas a cuadros son siempre más difíciles de combinar y, si no se quiere correr riesgos, se deberá huir de ellas. Además, no se puede olvidar que los cuadros sólo deberían ser vestidos en el campo o en ocasiones donde se vista de sport no siendo aptas en situaciones formales. 

Si a pesar de ello es nuestro deseo vestir una camisa de cuadros en la ciudad, se deberá prestar una especial atención al dibujo de la corbata. Si el cuadro de la camisa es muy marcado y grande habrá que evitar introducir una corbata con demasiada personalidad. 
Dibujos discretos en la corbata o, en su defecto, alguno de similar proporción a los cuadros de la camisa aportarán la armonía que este conjunto necesita. Si por el contrario, los cuadros de la camisa son pequeños se deberá buscar corbatas con diseños más agolpados entre sí. Aunque es posible, además de elegante, mezclar camisas a cuadros con corbatas de rayas de no estar muy convencidos de la elección siempre resulta más seguro optar por otras opciones.

Respecto a la combinación de colores de la camisa y la corbata indicar que se eludirá repetir los colores de la camisa en la corbata. Si a pesar de este consejo, queremos llevar dicha combinación a cabo deberá intentar que el color predominante en la corbata no sea el de la camisa. Si, por ejemplo, la camisa es de color púrpura, se podrá escoger una corbata con algún motivo en dicho color pero donde el resto de color de la corbata sea de otro tono totalmente diferente y algo más oscuro al de la camisa, como podría ser un azul marino. 

Si bien todas estas claves ayudarán al hombre a acertar con una acertada combinación de camisa y corbata no son pocas las veces donde sólo el gusto de éste y ese primer flechazo al ver una corbata superpuesta sobre la camisa confirmarán el acierto o no de la elección.
4) El alfiler de corbata y otras curiosidades

El alfiler de corbata es uno de esos complementos que de ser prácticamente obligatorio pasó al mayor de los olvidos para años después convertirse en todo un imprescindible entre los marcadores de tendencias. Aunque a mi personalmente me gustan los conjuntos pocos cargados y lo más naturales posible – por lo que no uso este complemento – no nos deberíamos extrañar si en este año lo vemos cada vez con más frecuencia. 

Aquellos a los que les guste el también conocido como pisa-corbatas recomendarles que no lo coloquen de manera demasiado perfecta sobre su corbata sino que busquen cierto desaliño en su presentación. Igualmente, resulta conveniente huir de los alfileres con motivos como banderas, escudos, clubs etc. 

El enemigo principal de las corbatas son las manchas. Con seguridad en cualquier tintorería serán capaces de quitarnos la mancha pero casi seguro la corbata ya no será la misma. Los productos químicos que se utilizan y las planchas de gran potencia harán que la textura de éstas ya no vuelva a ser la misma. De ahí que encontrar una tintorería de confianza sea vital.
Existen un par de trucos que pueden ayudar al futuro propietario a conocer la calidad de la corbata que quiera comprar. Dando un ligero pellizco a la tela de la corbata se podrá comprobar si la seda afectada por tal pellizco vuelve pronto a su posición original o, por el  contrario, tarda en hacerlo. Una vez comprobado que en sólo cuestión de segundos no hay rastro de aquel pellizco se cogerá la corbata por el extremo más delgado y se la dejará caer en toda su extensión para cerciorarse de que cae de forma limpia sin girarse ni para la derecha ni para la izquierda.

La mejor forma de conservar nuestras corbatas es guardarlas en un cajón enrolladas para que no cojan forma alguna. Si no contamos con dicho cajón, un colgador de corbatas con una bolsa incorporada para resguardarlas del polvo siempre es mejor que tenerlas de cualquier otra forma.

5) La máxima exclusividad: la corbata de siete pliegues

A la hora de hablar del tipo de tejido hay que hacerlo del que es sin lugar a dudas el más extendido en las corbatas de calidad: la seda.
Aunque en la mayoría de las corbatas se indique 100% seda esto no siempre es cierto. La mayoría de las corbatas cuentan con una entretela que no es de seda y que tiene como misión mantener la forma y dar el peso necesario para conseguir una adecuada caída. Igualmente, la indicación 100% seda no aporta gran información ya que ni todas las sedas son iguales ni todas, al igual que ocurre con la lana y otros tejidos, cuentan con el mismo nivel de calidad y acabado. 

No es por tanto lo mismo que la seda de la corbata sea del tipo twill, entretejida o conchal. Sea de un tipo u otro de lo que hay que estar seguro es de que cuenta con el peso adecuado como para tener una elegante caída. Las corbatas realizadas con sedas demasiado pesadas carecerán de una caída natural y serán demasiado rígidas. Por el contrario, las sedas demasiado ligeras darán como resultado corbatas propensas a arrugarse. 

Hay una creencia extendida errónea que convierte al tejido de la corbata en el responsable de dar mayor o menor volumen al nudo. En la mayoría de las ocasiones será el forro utilizado en la corbata, y no el tejido de la misma, el último responsable de aportar más o menos volumen al nudo. 
En una buena corbata el dibujo no estará simplemente grabado sobre ella sino que, por el contrario, formará parte del propio tejido. Igualmente, observándola por su parte trasera habrá que cerciorarse de que ni las puntadas ni el hilo utilizado para “cerrar” la corbata se aprecian y que los dos pliegues traseros son de idéntica anchura.

Si hay un tipo de corbatas que cuidan con esmero todos estos factores éstas son las corbatas seven-fold o corbatas de siete pliegues. Estas corbatas carecen de entretela alguna y se confeccionan doblando un trozo de seda siete veces, cuatro veces por un borde y tres por el otro.

La construcción de este tipo de corbatas exige mucha más cantidad de seda que la necesaria en las corbatas normales, su estructura interna se realiza exclusivamente con la misma seda que el cuerpo principal, no se aprecia costura alguna y, por supuesto, están cosidas a mano. 
Los siete pliegues se pueden ver claramente desplegando la pala de la corbata por su parte trasera. Esta forma puramente artesanal de confeccionar las corbatas, similar a la que se utilizaba con las primeras corbatas, además de aportar gran resistencia a la misma representa el máximo grado de refinamiento, exclusividad y elegancia posible. 

Hay muchas razones por las que seguir vistiendo esta elegante prenda. Hagámoslo aunque solo sea por el hecho de que es uno de los complementos en los que más se fijan las mujeres. 

El Aristócrata

lunes, 17 de agosto de 2015

40 REFLEXIONES SOBRE EL BUEN VESTIR: D. ENRIQUE CÓRDOVA ÁLVAREZ



Hace dos semanas tuve el privilegio de charlar con D. Moisés Córdova Cosín, uno de los grandes sastres de nuestro país cuyo apellido ha sido testigo del devenir de la más alta sastrería nacional a lo largo de tres generaciones. Hoy D. Moisés, octavo sastre de tan prolija saga familiar, es la cabeza visible de la sastrería que en 1896 abrió su abuelo D. Mariano Córdova López en la otrora calle sartorial por excelencia: la Gran Vía madrileña. 

Aunque próximamente tendremos la ocasión de conocer un poco más de esta legendaria sastrería, esta semana me gustaría compartir con vosotros algunas reflexiones que el primo de D. Moisés, D. Luis Enrique Córvoba Álvarez, estampó en el libro “El Buen Vestir” publicado por la editorial Futuro en el año 1992 (dato este último de gran importancia para poder analizar acertadamente dichas reflexiones). 
D. Enrique Córdova Álvarez, además de ser el autor de este libro, es socio fundador de la Hermandad de los Alfayates y regidor suyo en 1991. Así mismo fue desde 1997 miembro de la Junta de Gobierno de la Hermandad de Nª Sª Virgen de los Reyes, patrona de los sastres de Sevilla, y fue igualmente Presidente del Club de Sastres en 1998.

Las afirmaciones recogidas en este más que interesante manual no las queremos plantear aquí como dogmas absolutos sino como declaraciones sobre las que debatir y sobre las que expresar nuestro punto de vista en el apartado de comentarios creado precisamente para servir a esta finalidad. De hecho, el propio D. Enrique anima al lector en su libro a “barajar alternativas y aplicarlas a su propio estilo” saliéndose de sus sugerencias y llegando a “un acuerdo entre esta guía y sus tendencias, para vestir con personalidad”. 
Los postulados en el libro reflejados van mucho más allá de estas afirmaciones siendo, igualmente, acompañados por unos más que explicativos diseños realizados por D. José Herrera, gran sastre y dibujante, quien estuvo también detrás del mítico libro de sastrería “Exacto”. 

Espero disfrutéis de muchas de ellas:

1- En la actualidad ponen etiquetas por todas partes. Mire usted, yo pagué esta prenda; su publicidad póngala en otro lugar.

2- Un señor con la marca visible en cualquier complemento se parece a un hombre-anuncio. 

3- ¿Qué es la elegancia? Cuando un señor elegante se retira de una fiesta, todos o casi todos han captado que lo es, pero nadie recuerda muy bien cómo iba vestido.
4- La americana “se pone” pero el abrigo “se calza”. Para ello, una vez puesto, tire al mismo tiempo con la mano izquierda del bajo de la americana hacia abajo, y con la derecha del cuello del abrigo hacia arriba.

5- Siempre es mejor una americana con el cuello desbocado que metido, tapando gran parte del cuello de la camisa. 

6- Personalmente, encuentro que tienen mucha clase esas americanas que se rompen en los delanteros a la altura del botón del talle (no confundir con la americanas que están estrechas). 

7- El entallado en el vestir debe ser tan medido como la sal en los guisos.

8- En sociedad es un acto de cortesía permanecer con la americana abrochada, incluso al estar sentado.
 9- ¿Quién fue el genio al que se le ocurrió pasar el reloj de bolsillo a la muñeca?

10- Hágase coser los botones con hilo doble y embadurnado con cera de vela.

11- Puede colaborar el color de sus calcetines con el de su corbata

12- Procure que los puños de las camisas tengan muy poca holgura en sus muñecas

13-  En los trajes claros puede encargar los ojales un poco más oscuros que la tela.
14- Los cuellos de las camisas, con excepción de los de brillo, serán blandos y flexibles

15- Las camisas rayadas son para el día. Para el sport use las rayas gruesas, para la mañana rayas medias y por la tarde rayas finas. Por la noche use camisas lisas, blancas o cremas.

16- Si tiene el cuello largo, le irán muy bien los cuellos de camisa con pasador o imperdible.

17- Traje azul, camisa azulada, corbata azul: un ejemplo de poca imaginación. 

18- No hay trajes aburridos: siempre hay corbatas para evitarlo. En las corbatas está la coquetería del hombre.

19- No respetar color en ninguna prenda e ir perfectamente armonizado es todo un arte. 
20- Si para el chaqué usa plastrón en lugar de corbata, utilice la camisa con cuello de pajarota.

21- La corbata de medio carré, quizá por su alto costo, está en desuso desde hace unos años. Es una pena: tenía una presencia muy especial.

22- La corbata de punto va bien con las combinaciones de sport.

23- Los argentinos llaman al gabán de la forma más lógica: sobretodo.

24- En mi opinión son más frescas las americanas con forro completo que las de medio forro (la espalda sin forro), porque aíslan mejor del calor y tienen mejor caída.

25- La gabardina debe ser amplia y larga, preferentemente con manga raglan. No olvide que es prenda de día; por la noche utilice el paraguas.
26- Si le gustan los hombros redondos, elija las mangas con las costuras abiertas.

27-  Al margen de las modas, la altura de la pretina del pantalón debe coincidir con el botón del talle de la americana.

28- El pañuelo de bolsillo de pecho realza siempre la prenda. Para el sport o con los trajes de mañana, puede usarlos en color o a juego con la corbata, Para la tarde o noche, siempre pañuelo blanco. 

29- El esmoquin no lo utilice jamás en las bodas

30- Si le gustan las flores en la solapa, use por la mañana silvestres de temporada, por la tarde clavel de color, y por la noche camelia o clavel blanco.

31- La capa debe usarse con sombrero.
32- En abrigos y americanas de sport que no se quieran recargar demasiado, puede poner picado al canto de cordoncillo con las costuras abiertas.

33- Los tirantes son un signo de elegancia y el mejor complemento de los pantalones.

34- El traje gris perla con raya diplomática es el único color claro que sirve para vestir

35- El verano es la ocasión para cambiar el colorido de trajes y complementos. 

36- Vestir a la moda puede ser una necesidad, pero no es una virtud como para presumir de ello.

37- Un buen traje a medida luce más en movimiento y a una cierta distancia, para que se pueda observar mejor su armonía.
38- No es mala cosa si tanto el cliente como el sastre se dejan aconsejar por la tradición.

39- Si le parece que un traje está fuera de actualidad, no lo tire: en unos años volverá a estar vigente.

40- Con excepción del abrigo de una fila, todas las prendas, si están bien aplomadas, no se van hacia delante ni hacia atrás al desabrocharse.

A pesar de haberse escrito estas afirmaciones hace más de veinte años creo que algunas o muchas de ellas, muchos las tendremos todavía hoy tan presentes como si se acabaran de publicar. 

PD Las prendas que aparecen en este artículo han sido escogidas de un archivo de fotos y no tienen relación alguna con la sastrería Cordova.

El Aristócrata

lunes, 10 de agosto de 2015

EL NUEVO CONCEPTO DEL LUJO: LA ARTESANÍA



Meses atrás analizábamos la más que interesante frase de Étienne Bonnotde Condillac “una cosa no tiene valor porque cuesta algo, como suele pensarse, sino que cuesta algo porque tiene un valor”. Y hoy el cliente de productos de lujo vuelve, después de una época de excesos, a tener esto muy presente buscando no ya tanto la marca sino el verdadero valor de lo que compra porque, sencillamente, su concepto del lujo ha cambiado. Si hace escasos años lo que se estilaba era presumir de vestir las marcas de lujo más conocidas, hoy son los productos con un gran componente artesanal, realizados a mano y atendiendo a procesos ancestrales, los que representan la máxima exclusividad.

Seguro que todos recordamos como no muchos años atrás logos y marcas ocupaban de manera visible las telas de las camisas, la piel y lonetas de los bolsos, los bolsillos traseros de los pantalones, etc. Fue tal la importancia de este fenómeno que media fauna animal, incluidos caballos, patos, perros, tiburones y alces tuvieron que crecer en tamaño para poder seguir luchando por un sitio en el mercado; tamaño que no siempre se correspondía con la calidad del producto final.
Hoy, para bien, las circunstancias han cambiado y observamos una clara vuelta a los verdaderos principios del lujo: exclusividad, personalización, materiales de primera calidad, artesanía y longevidad; características que todas juntas se traducen además de en un irremediablemente elevado precio, también en un alto valor del producto.

Cuando uno tiene la suerte de experimentar en primera persona la confección de un traje a medida, no tarda en preguntarse cómo puede ser posible que todavía sean muchos los que prefieran pagar un sobreprecio por un traje de confección, de medidas estándar, realizado en su mayoría a máquina y cuya justificación para su elevado precio radica, principalmente, en la marca que aparece en su interior. Por el contrario, en un traje artesanal el cliente puede escoger todos los detalles, desde la composición y color de la tela, la forma de las solapas, el número de botones, el tipo de corte del pantalón hasta las mismísimas entretelas. Además, al cliente se le cose un traje pensando únicamente en su físico y, para ello, se le toman más de veinte medidas, se le realiza un patrón y se le hacen tres pruebas. Todo ello con el objetivo de que ese traje realce sus fortalezas y oculte sus defectos.
Solo el conocimiento de la técnica, los años de experiencia, el esfuerzo y la destreza con la aguja pueden conseguir algo tan importante como disimular un hombro caído, una barriga pronunciada o unas piernas arqueadas. Basta observar a un sastre dibujando un patrón, cortándolo, montando un hombro, cosiendo un ojal o picando una solapa, para entender por qué hoy los gustos más exquisitos no dudan en apostar por el valor de lo artesanal.

Parémonos un segundo también a pensar el porqué de pagar un importante sobrecoste por un zapato a medida. ¿Verdaderamente el valor final de ese zapato es tan superior al de un buen zapato industrial?. Aunque el valor de las cosas materiales es subjetivo, y depende siempre de la percepción personal de cada uno, hay características que sencillamente colocan a uno y otro tipo de zapato en mundos diferentes. Por muy bien terminado que esté un zapato industrial, este al fin y al cabo ha salido de una cadena de montaje mientras que en un zapato artesanal han sido las manos del zapatero y sus viejas herramientas las únicas encargadas de traerlo a la vida. 
Ver a un hormero trabajar un bloque de madera, como ya se hacía en el S. XVI, hasta convertirlo en dos hormas réplicas exactas de las dimensiones y perfiles de cada uno de nuestros pies, habla del verdadero valor de lo hecho a mano. Hoy tenemos la gran suerte de contar con excepcionales zapateros al haber conservado estos las técnicas ancestrales de sus antecesores pero además perfeccionando el diseño como nunca antes se hizo. Más allá de la comodidad extra de un zapato a medida, el contar con suelas y pieles vetadas incluso a la mejor zapatería industrial y la posibilidad de disponer de un diseño totalmente exclusivo, sitúa a la zapatería artesanal en el más alto grado del refinamiento.

La artesanía ha regresado para enfrentarse a un mundo que se mueve con enorme  rapidez. Y lo ha hecho devolviendo a la vida esos pequeños talleres que parecían olvidados, esos utensilios envejecidos por las manos de varias generaciones y aquellos antiguos taburetes de madera. Para estos artesanos, liderados por los maestros de la piel, no importa ni el tiempo ni el número de maletines, baúles o bolsos que sean capaces de hacer. Para ellos, lo verdaderamente importante es la calidad de la mano de obra empleada, la atención a los más pequeños detalles y en que sea, precisamente, el nivel de terminación del producto, y no la marca, el que justifique su verdadero valor.
Si en la sastrería, la camisería, la zapatería o la marroquinería el regreso a los valores es palpable, el fenómeno de la relojería manufacturera ha cambiado totalmente el significado de la palabra lujo. Si antes muchos soñábamos con hacernos con una u otra marca, hoy el cliente de la verdadera alta relojería ya no busca las piezas de estas casas sino las complicaciones que salen de las manos de ciertos relojeros independientes. Complicaciones como la del tourbillon, la repetición de minutos, el calendario perpetuo, la ecuación del tiempo etc. requieren, ya no de fábricas o de grandes nombres, sino de mentes y manos capacitadas para hacerlas realidad. Viendo trabajar a uno de estos relojeros es cuando uno entiende el verdadero significado de la frase de Étienne Bonnotde Condillac.

El Aristócrata

lunes, 3 de agosto de 2015

Viajar con Estilo

En un mundo globalizado como el que disfrutamos hoy, viajar forma parte de nuestras vidas. Ya sean trayectos dentro de la geografía nacional o fuera de ella, la necesidad de desplazarse para cumplir con compromisos profesionales o personales, se ha convertido en algo habitual. Desconocemos si cuando Mark Twain acuñó su magnífica frase “viajar es un ejercicio con consecuencias fatales para los prejuicios, la intolerancia y la estrechez de mente” intuía ya la necesidad de contar también con una mente abierta para afrontar la a veces aterradora aventura de viajar en compañía. 

La búsqueda a toda costa de la comodidad ha traído consigo que al “vestirnos” no nos preocupemos ni del lugar al que nos dirigimos ni de con quién compartiremos tiempo y espacio. Viajar exige hoy de un gran valor que de no rozar lo temerario puede convertir una experiencia a priori maravillosa en un momento de lo más ingrato. De ahí que no debiera sorprendernos que el conjunto estrella en los medios de transporte públicos durante estas fechas sea el formado por bermudas, camiseta y chancletas de goma.
Quizás por ello intuyendo cómo vestiría el hombre del futuro, Mark Twain escribiera también su conocida frase "la ropa hace al hombre. La gente desnuda tiene poca o ninguna influencia en la sociedad”. Aunque la calle parezca no compartir nuestra opinión, hay otra forma de viajar que además de respetar a los que viajan a nuestro lado predispone alegremente el ánimo para disfrutar de las vacaciones incluso antes de salir de casa. 

Unos chinos de corte moderno y cercano al del vaquero es una opción muy interesante nos desplacemos en tren, coche o avión. Un mocasín de piel fina – sin calcetín en verano – además de ser un zapato cómodo para realizar el viaje es una opción muy elegante. Este modelo lo podremos vestir también en las mañanas más soleadas combinando con, por ejemplo, un pantalón de tejido gabardina. Una intemporal Teba o una moderna y desestructurada chaqueta safari nos acompañarán estilosamente durante el trayecto pudiéndonos echar también una mano con los fuertes aires acondicionados. Las camisas de manga larga de lino en verano o de algodón en invierno completarán muy acertadamente el look mas viajero.
Mención especial requieren las conocidas como blazers. Modelo viajero por excelencia cumple acertadamente con una doble finalidad, vestirnos correctamente durante el recorrido y permitirnos acudir a una reunión al mismo bajar del avión. Escójase sin entretelas y acompañando a una camisa blanca y a un informal pantalón caqui de corte militar – con bolsillos laterales – y además de practicidad aportará estilo y comodidad. En invierno elijámosla de cachemira con un pantalón de vestir gris no muy pesado y realizaremos el recorrido de manera correcta y listos para afrontar un largo día de compromisos.

Si hay algo que va unido al placer de viajar son las maletas. Estas pueden llegar a tener una alta carga emocional al habernos acompañado durante años por medio mundo y en las más diversas situaciones. Si bien las más tradicionales y ahora reinventadas maletas de aglomerado cubierto de piel rezuman historia y elegancia, terminan no resultando especialmente prácticas cuando hay que realizar varias paradas antes de llegar a destino.
Por su lado, un buen juego de maletas de piel –más elegantes sin un repetitivo monograma– para los viajes más largos o una bolsa de piel de mano para los desplazamientos de fin de semana mostrarán el verdadero gusto de su propietario. Las ligeras y resistentes maletas de aluminio sin poseer el encanto de ninguna de las anteriores, están pensadas para el viajero más actual siendo de todas ellas las más cómodas. Se prefieran unas u otras – dependerá mucho del tipo de viaje y destino – recordemos a la hora de embarcar que el escaso espacio disponible en cabina no solo espera la llegada de nuestras maletas sino también a las de quienes viajan a nuestro lado. 

El Aristócrata