martes, 28 de diciembre de 2021

BESPOKE XCIV: THE BESPOKE SHOE MAKING PROCESS

 

En marzo de 2014 hacíamos una introducción al zapato a medida. Hoy contamos en detalle todo el proceso.

El encargar un par de zapatos a medida suele deberse a unas inquietudes sartoriales análogas a aquellas que pueden llevar a vestir de sastre. A pesar de implicar cuestiones muy similares que vestir a medida, como el gusto por lo artesanal y una sensibilidad hacia las cosas bellas, poco tiene que ver el zapato con el traje a medida.

Mientras que tanto sastre como zapatero se adaptarán a nuestra fisonomía y postura para tener el mejor aspecto posible, el zapatero, llegado el caso, puede tener que incluso corregir defectos en nuestra pisada, implicando cuestiones estructurales que no se dan en sastrería. Conseguir un ajuste perfecto desde el principio es además clave, ya que un zapato a medida a diferencia de un traje no puede modificarse. Un zapato que ajuste mal tiene que volver a fabricarse desde cero

El proceso de un zapato bespoke comienza con la toma de medidas y se termina con el producto final. Es el cómo está hecho, quién lo ha manufacturado y los procesos internos de cada casa lo que determina el resultado final. Durante la toma de medidas no se recogen únicamente unos números relativos al tamaño del pie, sino que se tienen en cuenta otros elementos. No es lo mismo un pie graso y poco sensible que uno huesudo. El primero fácilmente puede introducirse en un zapato relativamente prieto sin complicaciones, mientras que un zapato en un pie huesudo resultará doloroso debido a la mayor exposición de partes sensibles. 

También hay elementos dolorosos, pies planos o tobillos colapsados entre una plétora de cuestiones que el artesano ha de tener en cuenta. Esto ha de procesarse y adaptarse además a los gustos del cliente tratando de conseguir un equilibrio entre lo que el cliente quiere y lo que se puede conseguir; cosas a menudo enfrentadas. Es habitual quien quiere un zapato de envidiable esbeltez pero que tiene un pie que en ningún caso permitirá semejante proporción. 

Para ser zapatero hay que ser también escultor. Un buen zapatero es quien toma las medidas y quien también esculpe en madera la horma - el bloque de madera que representa no solo el pie del cliente sino sus gustos en forma de silueta - para asegurarse de que el ajuste sea perfecto. Esto equivale a ser medido por quien va a cortar el traje. No son solo números, sino que se conoce al cliente, qué le gusta y cómo le gusta, siendo esto de elevadísima importancia. Un ordenador o un escáner 3D puede tener absoluta precisión, pero no entienden de huesos, gustos, ni tienen concepto de esbeltez en la proporción. Esto hace que la mejor forma de esculpir una horma para un zapato a medida sea usando las manos, un cuchillo y mucha paciencia.

Una vez se ha esculpido la horma, se hace un zapato de prueba. Este zapato de prueba está hecho en cuero desechado de la fabricación habitual y lleva suela de corcho. Al ser exactamente el mismo cuero, aunque con defectos superficiales, se obtiene una idea perfecta de cómo va a comportarse el zapato final en el pie del cliente, teniendo en cuenta cuestiones como puntos de tensión en las costuras o partes del animal empleadas. El zapato de prueba permite, lógicamente, comprobar el ajuste de la horma y cómo de cerca se está en relación con lo que busca el cliente. Se suele cortar para poder observar como calza el pie en el interior y así refinar la horma, añadiendo o reduciendo cuanto sea necesario. En las mejores casas se harán tantos zapatos de prueba como hagan falta hasta que el cliente esté totalmente satisfecho, repitiendo este paso un número indefinido de veces.

Una vez está la horma finalizada, se fabrica un zapato completo también con cuero desechado. Pero esta vez, en vez de una suela de corcho, se utiliza una de goma. El cliente utilizará este zapato varios días o semanas para poder tener una idea exacta del calce del zapato, pero, sobre todo, la evolución de este, ya que, siendo el cuero un material flexible, evoluciona cuanto más se utiliza. De ser esta última prueba satisfactoria, se procederá a hacer el zapato final. 

Desde la toma de medidas hasta que este zapato está terminado, se puede llegar a tardar hasta de dos años debido a que nada se externaliza, siendo este otro elemento importante de la casa. Todo el zapato está hecho por un equipo de al menos cuatro artesanos supervisados por quien ha tomado las medidas y hecho la horma siempre atendiendo a los más altos estándares y refinamiento. De esa manera hay total seguridad de que el cliente está recibiendo exactamente lo que pidió.

Una vez el zapato se ha terminado, se envía al cliente para que pueda “domarlo”, y tras unas semanas de uso se enviará de vuelta a la casa para fabricar los pernitos, también enteramente artesanales. La razón de esto se debe a que el zapato, una vez utilizado, no tendrá nunca la forma de la horma original, y de estar hecho el pernito a partir de la horma no estirará el zapato adecuadamente. Al fabricarse enteramente a medida y a mano, los pernitos pueden también personalizarse a gusto del cliente, pudiendo tintarlos de numerosos colores, hacerlos en tres piezas, con bisagra o numerados para que siempre estén en el zapato adecuado.

El tiempo desde que se encarga el zapato hasta que uno puede disfrutarlo en los pies es elevado, reflejando las 60 horas de trabajo que llevan un buen par de zapatos bespoke, numerosas pruebas y años de experiencia. Los procesos hasta llegar aquí se hacen, a excepción del cosido de las piezas de cuero que conforman el exterior del zapato, enteramente a mano, utilizándose solo herramientas básicas y pericia, sin que haya ninguna máquina implicada en ningún momento. 

Lo que uno obtiene a cambio de mucha paciencia, y un importante desembolso, no es otra cosa que un zapato en el que se han cuidado absolutamente todos los detalles, en el que el tacón seguirá a la perfección la línea marcada por el talón en todos sus planos, formado por finos estratos lijados hasta alcanzar una completa horizontalidad, unidos entre sí por una mezcla de pegamento, clavos de madera, y clavos metálicos. El cuero tendrá puntadas de refuerzo en las que el hilo ha sido trenzado a mano, las hebillas del zapato de hebilla se habrán buscado expresamente según el gusto del cliente e incluso es posible que se hayan añadido alzas interiores para dar unos centímetros de más al portador, o para corregir una diferencia en la longitud de las piernas.

Los materiales utilizados serán exactamente los que el cliente pida: No hay cuero imposible ni forro que se niegue. Aquello que se quiera se consigue, sea piel de antílope africano, de jabalí, etc. Habrá forros de chinchilla, pelo de conejo o colores tintados a mano para conseguir ese ansiado zapato negro que muestre reflejos burdeos o morados cuando le dé el sol con intensidad.

Muy populares son los diseños hechos con clavos de latón de diverso grosor en la cintura, permitiendo llevar iniciales, fechas o dibujos completos. También lo son los diseños a medida del brogueado, perforaciones con las iniciales de los hijos, las propias, o un diseño personalizado propio del cliente. La elección de todos y cada uno de los elementos que conforman el zapato, tanto estéticos como estructurales será aquello que el cliente pida. Obviamente, quedará siempre la posibilidad de encomendarse al artesano. 

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El Aristócrata

martes, 21 de diciembre de 2021

FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO NUEVO


Este será el último artículo del año. Por ello, además de felicitaros el Nuevo por adelantado, quiero aprovechar para contaros los planes tan interesantes que tenemos para el 2022.

Como recordareis, a principios de año os preguntaba cómo veríais el incorporar nuevas temáticas en el blog. Pensaba que dar entrada a nuevas pestañas, concretamente a artículos de Relojería, Motor, Gastronomía – vinos y combinados incluidos – y viajes especiales completaría acertadamente nuestra principal línea editorial. La gran mayoría de vosotros lo visteis con buenos ojos. Por ello, me puse manos a la obra y contacté con personas especialistas en cada una de estas nuevas temáticas para saber su interés en escribir sobre ello. Igualmente, lo hice con marcas y casas que se identificaban con nuestra particular filosofía de exclusividad. Desgraciadamente, con el parón del Covid no se pudo concretar lo avanzado en las primeras semanas del año. Pero nuevamente en verano volvimos sobre ello y hoy está todo ya muy adelantado. De hecho, las firmas especializadas ya están localizadas, así como los medios económicos para contar con ellas. Un nuevo formato de web más visual con un acceso sencillo y rápido también está en marcha.

Si nuestro próximo artículo será la ya clásica carta a los Reyes Magos, en el siguiente ya empezaremos con estas nuevas temáticas y os contaré mi experiencia por varios restaurantes portugueses, tanto estrellas Michelin como de concepción más clásica. Aunque la mayoría conoceréis el resort Penha Longa os diré lo que me ha gustado y lo que no. Y os lo diré imparcialmente porque por todo ello he pagado y, al contrario de lo que hoy parece ser habitual, nada se ha aceptado como pago total o parcial por aparecer en esta página. Ni hay necesidad ni ese ha sido, ni nunca será, el motivo de la existencia de esta página. Y todo ello lo escribí a bordo de uno de esos deportivos que en pocos años me temo estarán prohibidos.  

Pero hasta entonces, quería daros las gracias por hacer este blog un poco más especial cada día y por haberme acompañado en esta andadura tantos años. Desearos que el próximo año sea mejor que este no parece desear un imposible. Aunque en este punto me gustaría hacer un inciso. En estos días que tantos mensajes se reciben en el móvil deseando la muerte al 2021, creo que no estamos siendo del todo justos con él. Para empezar si estamos leyendo estas líneas es porque el 2021 no ha sido tan malo con nosotros, al menos no todo lo malo que pudiera haberlo sido. 

Pocos años habremos vivido que hayan enseñado tanto como este. Tampoco habrá habido muchos en los que hayamos pasado más tiempo en familia. Nos hemos conocido más, nos hemos acercado más, nos hemos buscado más, nos hemos reído más y hemos dado más importancia a las cosas que verdaderamente las tenían. Además, de hablar con nuestros abuelos llegaríamos a la conclusión de que este Covid es un chiste comparado con lo que muchos de ellos tuvieron que pasar. Al fin y al cabo, nosotros hemos estado en casa disfrutando de la calefacción, de un frigorífico lleno y de la seguridad de que nadie rompería en ella a llevarse para nunca más ver a un padre, a un hermano o a un hijo.

Siempre que a alguien veo triste, incluido a mi mismo, aún cuando tenga razón para estarlo le pido que mire a su alrededor y que vuelva a preguntarse si de verdad tiene motivo para tanta tristeza. La frase: “lloré porque no tenía zapatos…hasta que vi un niño que no tenía pies” debería siempre acompañarnos y tenerla más presente de lo que aquí en occidente hacemos. 

Disfrutemos de estar vivos, de poder oler, correr, respirar, ver, sentir…de tener a gente a nuestro lado a la que importamos, de poder pasear cerca del mar, de caminar por el monte, de hacer un poco más felices a los que queremos, de reírnos, del placer de la lectura, del frio y la nieve del invierno, de la música y de tantos y tantos placeres que se nos dan gratis por el mero hecho de estar vivos. 

Y con este sentimiento de alegría y agradecimiento os deseo a todos Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo. 

El Aristócrata

martes, 7 de diciembre de 2021

10 CLAVES PARA COMBINAR CAMISAS Y CORBATAS


De locos parece seguir escribiendo de la corbata, pero de escaso gusto de vestir un traje sin ella. Por ello, esta semana queremos dar 10 consejos prácticos para seguir disfrutando del placer de anudarse una corbata. 

Una de las ventajas que tiene el hombre frente a la mujer es que cambiando de camisa y corbata puede aparentar vestir un conjunto diferente aun cuando haya escogido el mismo traje que el día anterior. Vestir tanto traje azul marino y gris obliga a agudizar el ingenio en la elección de camisa y corbata para evitar aparentar vestir siempre igual. Y en esa elección se aplican unas pautas básicas:

1. Primero elige el traje, luego la camisa, después la corbata y finalmente el pañuelo de bolsillo. El traje marcará el color y diseño de la camisa, está la de la corbata, y todos en su conjunto el del pañuelo de bolsillo.

2. Busca cierto contraste en los colores. Para ello prescíndase de repetir los colores de la camisa en la corbata o, de hacerlo, intentar que el color predominante en la camisa no sea el protagonista en la corbata. Es decir, si la camisa tiene franjas granates, escójase una corbata con algún motivo en este tono, pero asegurándose siempre de que el color principal de la corbata sea diferente, y además sea más oscuro.

3. Evítense las camisas a rayas con corbatas a rayas. Solo es recomendable si las líneas de ambas prendas son de un tamaño y diseño diferente daremos con un interesante efecto óptico.

4. Elíjase un diseño para la camisa y otro para la corbata. Asegurarse de que el diseño de cada prenda es de una escala similar ayuda a no equivocarse en la elección. Por ejemplo, si se quiere combinar una camisa de fuertes rayas hágase con una corbata de marcados lunares.

5. Cuidado con los estampados marcados. Los estampados en la camisa con demasiada personalidad, como las rayas anchas y marcadas, pueden traducirse en conjuntos demasiado recargados. Para ellos siempre más seguro las corbatas lisas. Y con una corbata con grandes y coloridos diseños tipo paisley mejor una camisa lisa y sin diseño alguno.

6. Lo más seguro: la camisa y corbata lisa. Aunque es algo aburrido puede ser una alternativa difícil de batir.

7. Los tonos de las prendas van de dentro a fuera de más claro a más oscuro. Por ejemplo, la combinación de una camisa azul pálida, una corbata verde botella y un traje azul marino da como resultado un conjunto más armónico que el formado por una camisa azul oscura combinada con una corbata amarilla pálida y un traje gris marengo.

8. Las camisas de cuadros son para el campo. Lo mismo aplica a las corbatas de lana.

9. El nudo de la corbata debe cubrir el espacio que dejan los picos de la camisa. 

10. Si bien todas estas claves ayudan a la hora de escoger la mejor combinación de camisa y corbata, el gusto de quien las elige y ese primer flechazo al ver la corbata superpuesta sobre la camisa suele ser la mejor consejera.

El Aristócrata

martes, 30 de noviembre de 2021

SASTRERÍA FRANCESA vs SASTRERÍA ESPAÑOLA

 

Si de la sastrería inglesa e italiana hemos hablado largo y tendido en este blog, no así tanto como la española y, si cabe, menos todavía de la francesa, hoy más reconocida que nunca. 

La sastrería francesa, a medio camino entre Inglaterra e Italia, en los últimos años, ha conseguido proyectar hacia fuera rasgos de su tradición sastrera, en particular a través de la labor de sastres de gran nombre como Cifonelli o Camps de Luca. Concretamente estas dos casas han sabido, como pocas, utilizar las redes sociales para darse a conocer mundialmente, algo a las que las españolas se sumaron más tarde y sin consenso previo. 

Hasta bien recuperados Reino Unido e Inglaterra de la II Guerra Mundial, Francia fue el país que marcó los derroteros, no solo de la moda de alta costura, sino también de la costura de hombre. Las mejores sastrerías y camiserías internacionales tuvieron un local abierto en la ciudad del Sena. Pasaron los años y con Reino Unido e Italia recuperados solo la costura de mujer permaneció en París, volviendo la “alta costura de hombre” a sus países de origen. Quizás por ello podemos afirmar que Francia no es hoy un país de referencia de buen vestir, al menos en lo referente al vestir masculino. 

El hombre francés viste bien, pero en términos de estilo masculino resulta difícil identificar unas figuras claras o rasgos globales típicos como los que se suelen atribuir a la sastrería italiana o a inglesa. Como pasa con la sastrería española, la francesa cuenta con profesionales excelentes y de gran prestigio, pero al no haber creado históricamente un estilo propio ha tenido que crecer entre los dos grandes países de referencia, vivir a su sombra e inventarse un estilo con el que definir su sastrería. 

Este estilo está influenciado en cada sastrería por uno más británico o italiano. Lo que sí ha conseguido la sastrería francesa es que, sin un estilo claramente propio, ha sabido inventar detalles que ha incorporado a sus trajes y que ha vendido al exterior como propios. Por ejemplo, el hombro diseñado por la célebre sastrería Cifonelli, con su sisa muy alta, orientada hacia dentro, dejando más espacio en la espalda para la comodidad de los hombros y la libertad de movimientos de los brazos, es asimilado hoy ya a toda la sastrería francesa.  

Otro detalle que hoy se considera propiedad de la sastrería francesa es el cran de solapa que los sastres parisinos han ido desarrollando a partir del diseño de Joseph Camps. Español originario de Vic, provincia de Barcelona, Joseph Camps se estableció en Francia después del final de la segunda guerra mundial, siendo desde entonces uno de los sastres más influyentes del país. En 1969, se asocia con Mario de Luca, sastre de origen italiano, para crear Camps de Luca que, hoy en día, sigue siendo una de las mejores sastrerías de París y, seguramente, de todo el mundo. 

Este cran diseñado Joseph Camps, y al cual se suele llamar “cran parisien”, es un cran sport para chaquetas rectas, pero con una forma basada en un cran de chaqueta cruzada. Es decir, la línea de separación entre la parte del cuello y la parte de la solapa no es recta como ocurre en el cran sport clásico, sino que parte de un punto más arriba en el cuello. Popularizado por Camps, casi todos los sastres parisinos crearon entonces su propia versión usando esta base, jugando con el largo de cada lado del cran, el ángulo de apertura y/o la profundidad del cran. Así fue el caso de sastres como Henri Urban, Gabriel Gonzalez, Claude Rousseau o Francesco Smalto, que salieron del taller de Camps de Luca para establecer sus propias sastrerías. 

También las famosas Maisons Lanvin o Arnys - hoy Berluti -, Max Evzeline, André Guilson (que dedicó muchos esfuerzos en desarrollar la escuela de formación de sastres en Paris) o Jo Kergoat siguieron la tendencia. La nueva generación de sastres artesanos, Maison Sirven, Maison Brano, Kenjiro Suzuki, Maison Pen o Ardentes Clipei, apostaron por mantener estos detalles y seguir expandiendo por medio mundo la idea de la existencia de una sastrería francesa. La idea de algo propio sigue siendo incluso hoy imposible de pensar en la sastrería española, empeñada en defender las características de cada sastrería, pero no como nota común de todas ellas, impidiendo esto que la sastrería española vuele más allá de nuestras fronteras.  

Es tal la idea, o necesidad, de la sastrería francesa de crear un estilo que permita compararse con la sastrería napolitana o inglesa, que incluso en la sastrería industrial es frecuente ver todos estos detalles. Este cran se aprecia en los trajes de muchas personalidades francesas, políticos, actores o altos directivos de la industria francesa, como también de personalidades de países africanos que han guardado la costumbre de seguir yendo a París a encargar sus trajes.

Son estas características, visibles, que no llamativas, las que permiten hablar de un cierto estilo francés. Este se puede definirse como una búsqueda del corte perfecto, afinando la figura sin perder confort y marcando su estilo en unos pocos puntos concretos claramente apreciables. El resto difiere del sastre que se haya escogido, aunque por lo general es frecuente ver una clara influencia de guiños tanto ingleses como italianos, de hecho, por ejemplo, algo tan particular como suele ser el ojal de la solapa en la francesa se apuesta casi siempre por el tipo "milanese".

Y España, mientras tanto, qué. Hablar de sastrería española es, si cabe, más difícil que hacerlo de la propia sastrería francesa. Al contrario de lo que ha ocurrido históricamente con los sastres napolitanos o londinenses, nuestros sastres no han tenido sentimiento de pertenencia a un grupo. Cada uno de ellos ha desarrollado su propia forma de trabajar sin prestar una gran atención a un estilo español que de alguna manera identificara la procedencia de su trabajo. Igualmente, en el sastre español ha primado más la elegancia atemporal que el estilo de sus creaciones. 

Cierto que cada sastre tiene su manera de trabajar e incluyen detalles en sus prendas que pueden, en un momento dado, diferenciar su trabajo de el de sus compañeros internacionales. Sin embargo, difícil sería de ver un traje artesanal español fuera de nuestras fronteras afirmar con seguridad que es español como si se podría hacer de ver uno napolitano o incluso inglés. 

Aunque siempre con excepciones, el sastre español busca más la perfección de líneas o el corte correcto frente al estilo de sus creaciones. Su concepto de estilo va muy unido a lo elegante que queda su cliente con su traje o abrigo. Su gusto evoluciona conforme lo hace el de este, quien es en último lugar quien anima al sastre a probar cortes o detalles nuevos. Nuestro sastre prefiere centrarse en su trabajo que salir a buscar inspiración fuera de su sastrería en ferias, publicaciones o en la propia internet. Aunque las cosas están cambiando, la sastrería española, a pesar de que pocos sastres lo reconozcan, sigue más cerca de la británica que de la más desenfadada italiana. Son trajes de correctas proporciones, de tejidos todavía algo pesados, relativamente armados y donde prima el que la prenda no haga arrugas a que transmita emoción en movimiento. Son trajes que se cosen para la foto, pero no trajes, en la mayoría de los casos, con duende. Obviamente, esto esta motivado en gran parte por el tipo de cliente, un cliente, el español, que raramente arriesga en estampados, tejidos, colores o tipo de corte. En definitiva, un cliente bastante más clásico que el de las sastrerías punteras italianas. 

La sastrería española experimenta hoy una evolución similar a la inglesa. Si bien la sastrería napolitana prácticamente desde sus comienzos ha mantenido la misma idea de lo que debería transmitir un traje, la española e inglesa están en pleno proceso de adaptación a los nuevos tiempos. Si cogiéramos prendas de sastres recientes, pero ya jubilados o desaparecidos como los hermanos Mogrovejo, Antonio Collado, Pedro Muñoz, Hilario Casado, etc. nos deleitaríamos con modelos de prendas que hoy ya no se ven, pero también comprobaríamos el poco uso que hoy se les podría dar. Prendas increíbles pero pesadas - tejidos de peso superior a los 340 gramos -, armadas, con prominentes hombreras, entretelas gruesas, excesivamente cosido y agarrotado, etc. Todo en pos de un traje prácticamente indestructible pero cercano al traje regimental británico. Hoy, por el contrario, mirándose en la sastrería italiana y más concretamente en la napolitana, la sastrería española busca prendas más frescas, más sueltas, con un toque “chic” y, sobre todo, acordes a la nueva climatología y a lo que la juventud reclama. Estúdiese una chaqueta de verano de un sastre de prestigio español y observaremos una terminación muy similar a la de una chaqueta a medida napolitana. 

Dejando de lado al ojo profesional y el más entendido, difícil es adivinar el sastre español que está detrás de ese traje o abrigo que puede llamar la atención en la calle. No hay notas tan características como sí lo hay en ciertas sastrerías napolitanas, londinenses o parisinas para intuir fácilmente quién lo ha cosido. Solapas con forma arqueada y redondeadas, mangas con reborde, cantos abiertos, cosido suelto y ojales con forma de lágrima son algunos de esos detalles que podrían ayudarnos a identificar la procedencia de la prenda. 

Dicho todo esto, si bien todavía es difícil hablar de un estilo claramente español, no lo es hacerlo de algo que diferencia a los mejores sastres españoles: su cuidada mano de obra. Esta es de una gran calidad, en algunos casos tan buena como la que más internacional, y muchos detalles que en sastrerías conocidas inglesas se rematan a máquina en España se hacen a mano. Basta coger una prenda de fuera de nuestras fronteras y ver su rematado, tanto de fuera como de dentro, para apreciar y dar valor a nuestra mejor sastrería nacional. Igualmente, de desmontar la prenda se observaría que las partes que quedan ocultas han sido tratadas de manera más cuidada que en muchas sastrerías admiradas a nivel mundial.  

Una lástima que nuestros sastres no hayan visto la importancia de internet y de las redes sociales para dar a conocer su trabajo. Para ejemplo, lo complicadísimo que resulta encontrar en internet fotos de prendas elaboradas por ellos. Pensemos también por un segundo en Reventún, Alonso o Calvo de Mora, claramente tres de los mejores sastres de España y me atrevería a decir de Europa. ¿Por qué mereciéndoselo no están en la lista de visita de los clientes de sastrería internacional? Sencillamente, porque aún habiendo hecho méritos de sobra con su aguja no son suficientemente conocidos. Y esto en cambio los sastres franceses lo vieron enseguida y para evitar quedarse rezagados de sus compañeros británicos e italianos decidieron hacer una apuesta clara por darse a conocer internacionalmente.

Si tener una de las celebres chaquetas safari de Cifonelli debería ser algo casi obligatorio para el amante de las cosas únicas, el disfrutar de un esmoquin de Manuel Calvo de Mora, más si se es español, debería estar en los primeros puestos de la lista de deseos. 

El Aristócrata

martes, 9 de noviembre de 2021

LO MEJOR DE WATCHES & WONDERS

 

Como los amantes de los relojes saben, del 7 al 13 de este mes se celebró digitalmente el gran evento del año. Con Baselworld tocada de muerte tras la salida de varias marcas, Watches and Wonders, antes SIHH, se ha posicionado como la feria de referencia del sector. 

38 marcas utilizaron estos días para presentar sus principales novedades. Junto a las marcas de la casa Richemont, las casas independientes de Carré des Horlogers, y las principales del grupo LVMH (Hublot, Bulgari, TAG Heuer, Zenith y Louis Vuitton), también estuvieron otras que abandonaron Baselworld como Rolex, Patek Philippe, Chopard, Chanel o Tudor. No estuvieron, por el contrario, las del grupo Swatch ni otras tan representativas y queridas como Audemars Piguet o Richard Mille. 

En total treinta ocho marcas  - Lange & Söhne, Arnold & Son, Baume & Mercier, Bvlgari, Carl f. Bucherer, Cartier, Chanel, Chopard, Chronoswiss, Corum, Ferdinand Berthoud, Greubel Forsey, H. Moser & Cie., Hermès, Hublot, Iwc Schaffhausen, Jaeger-LeCoultre, Louis Moinet, Louis Vuitton, Maurice Lacroix, Montblanc, Nomos Glashütte, Oris, Panerai, Patek Philippe, Piaget, Purnell, Rebellion Timepieces, Ressence, Roger Dubuis, Rolex, Speake-Marin, TAG Heuer, Trilobe, Tudor, Ulysse Nardin, Vacheron Constantin y Zenith – que posicionan Watches & Wonders como el encuentro más importante relojero del año.

Y entre todas ellas, he escogido cinco relojes o, mejor dicho, cinco movimientos, que a mi parecer fueron verdaderamente notables:

1- Reverso Hybris Mechanica Calibre 185 de Jaeger-LeCoultre


Rara es la ocasión en que el aparecer en esta página en primer lugar supone ser mejor que el segundo. Sin embargo, en esta ocasión hay que reconocer que JlC se lo merece, claramente se ha salido. Nada de lo presentado puede aproximarse, ni de lejos, a este lanzamiento. 

Con motivo del 90 aniversario del mítico Reverso, JlC ha lanzado el movimiento más complicado hasta ahora visto en su famosa caja rectangular. Si en la mayoría de los Reversos son dos caras las que albergan los movimiento, en esta ocasión han sido cuatro en las que se han alojado nada más ni nada menos que once complicaciones. Si podemos apreciar un tourbillion y un calendario perpetuo en la primera cara, en la segunda aparece una increíble sonería con notas graves para el número de horas, combinación de notas graves y agudas para los cuartos de hora y una sucesión de notas agudas para indicar el número de minutos que se sumarán a los cuartos transcurridos. En la tercera vemos tres fases lunares: el ciclo sinódico, el ciclo dracónico y el ciclo anómalo, algo que permite hasta determinar eclipses, solares y lunares, y fenómenos lunares tan poco corrientes como las superlunas. El que las fases lunares del Quadriptyque necesiten únicamente un ajuste cada 1111 años convierte a este reloj en el único jamás fabricado con semejante información sobre los fenómenos astronómicos. En la cuarta cara, la tapa trasera, se muestra una representación de las fases lunares en el hemisferio sur. 

Todo esto en una caja solo 51 mm por 31 mm por 15 mm. Cierto que su precio, 1,35 millones de euros, podría parecer una locura, pero os animo a curiosear los precios que por otros relojes, con muchas menos complicaciones, se está pagando. ¡Todo un golpe en la mesa de autoridad por parte de una de las verdaderas manufacturas que hoy siguen existiendo!

2- Vacheron Constantin Les Cabinotiers Armillary tourbillon calendario perpetuo ‘Planetaria’

Las aportaciones de Vacheron a la historia de la relojería son innumerables. No obstante, quizás por lo que más ha destacado esta casa haya sido por la interpretación del cosmos que hace a través de sus mecanismos. De hecho, el famoso dicho de que la relojería es la hija de la astronomía ha sido siempre una máxima en la casa fundada en 1755. 

Con 745 piezas, cuatro años de desarrollo, el movimiento muestra la fase lunar tanto del hemisferio norte como la del hemisferio sur, un calendario perpetuo de salto retrógrado regulado por un tourbillon de doble eje y complementado con una representación tridimensional de dichos hemisferios, hemisferios donde se puede apreciar cuando es de día y cuando de noche. Todo esto consigue unos precisos cálculos astronómicos del ciclo de los días, las estaciones, las fases de la luna y las constelaciones del cielo. Según indica la casa, algo verdaderamente a destacar es su resorte en la espiral cilíndrica y el volante. Algo inventado en 1814 por Jacques-Frédéric Houriet y que mejora el ritmo del tourbillon aportando un perfecto isocronismo con 18,000 alternancias y 65 horas de reserva de marcha. El escape de la pieza cuenta con espiral de silicio y áncora de diamante para reducir la fricción y eliminar la necesidad de lubricación.

A pesar del esfuerzo puesto en esta pieza, Vacheron afirma que no se fabricará ningún otro reloj igual. A quien lo quiera se le podrá fabricar uno parecido, pero nunca idéntico. Como única pega indicar su diámetro generoso de 46mm no es apto ni para todas las muñecas ni para todos los gustos. 

3- Lange & Söhne Zeitwerk Repetición de Minutos 

Probablemente haya habido algún otro reloj que mereciese este puesto, sin embargo, todos conocéis mi debilidad por la casa alemana y, más concretamente, por su referencia 1; una pieza que no debería faltar en ninguna buena colección. Y aunque también este año hubo nuevos modelos de dicha referencia, es, por el contario, el Zeitwerk repetición de minutos el más espectacular de todos los presentados; este ya en 2020. 

Resulta francamente curiosos como con un reloj mecánico Lange ha conseguido, utilizando un movimiento de números saltantes, un reloj con gran parecido a un reloj digital. No obstante, es la complicación de la repetición de minutos decimales haciendo sonar las horas con una señal acústica grave, los diez minutos con una doble y los minutos con una aguda, lo verdaderamente destacable. Todo ello con una perfecta sincronización entre lo que marcan los discos y lo que está sonando.

Con solo 30 ejemplares a un precio de 449.000€, difícil será poderlo disfrutar en vivo. Como pega apuntar que la energía que consume para mover los grandes discos de las horas y los minutos reduce su autonomía a un máximo de 36 horas. Otra pega es que la sonería no se activará si la autonomía del reloj es inferior a 12 horas. 

4- Patek Philippe Calendario perpetuo referencia 5236P-001

Hablar de cualquier lista de innovaciones relojeras sin que esté presente Patek la dejaría probablemente sin valor alguno. Patek, tanto ayer como hoy, sigue siendo el espejo al que debe mirarse cualquier marcar que busque hacerse un hueco en el mundo de las complicaciones. Ninguna otra marca alberga tantas patentes en su haber, y de semejante complicación, como la más mítica casa relojera fundada en 1839. 

Nada o muy poco queda a Patek por inventar. Concretamente con el lanzamiento de este reloj la manufactura ginebrina apunta tres nuevas patentes. Si bien calendarios perpetuos son ya muchas casas las que los realizan, Patek lo lleva haciendo desde 1925. Y el 5236P-001 no es otro más. Su diferencia, y complicación, radica en un movimiento de cuerda automática con un sistema de indicación de la fecha en una sola línea por medio de cuatro discos, algo que ayuda a una lectura rápida y fácil. Los que tengan o hayan visto un reloj con calendario perpetuo estarán conmigo que en la mayoría de las ocasiones se requiere de algunos segundos para adivinar en qué día, mes y año se está, además, todo sea dicho, de una vista privilegiada. Si como vimos en el Lange & Söhne Zeitwerk Repetición de Minutos, el contar con unos discos tan grandes tenía un impacto directo en la duración de la reserva de marcha, Patek ofrece los suyos, pero con un consumo mínimo de energía, llegando su reserva hasta las 48 horas. Para ello ha tenido que añadir cuatro discos y 118 componentes más que en su calendario perpetuo estándar. 

El día, la fecha y el mes son acompañados por dos ventanillas, una a las 4 h para los años bisiestos y la otra a las 8 h para la indicación día/noche. Los amantes de las fases lunares podrán disfrutar de estas en ventanilla en el centro del segundero a las 6 h. Otra de las cosas en las que siempre acierta Patek es en ocultar los pulsadores en la caja reduciendo el volumen del reloj y dándole un aspecto de mucho más limpio. Aún así su diámetro asciende a los 41mm, una medida bastante contenida para los tiempos que corren. Si se tiene en cuenta todo el conocimiento de generaciones y generaciones fabricando los mejores calendarios perpetuos del mundo, el precio de 114.000€ no parece desorbitado; menos todavía si como dice su famoso eslogan hay muchas generaciones por delante por disfrutar de él. 

5- IWC Big Pilot’s Shock Absorber XPL

Aunque IWC tiene mecanismos manufactura, como casa no se la puede calificar como tal. De hecho, uno de sus modelos más emblemáticos, el Portuguese, monta en sus modelos más corrientes el calibre Valjoux 7750; probablemente algo modificado, pero un Valjoux al fin y al cabo, el mismo calibre que llevan relojes diez veces más baratos.

Dicho esto, también es cierto que como marca tienen el conocimiento, y desde hace años también las ganas, para remangarse y sacar al mercado cosas verdaderamente interesantes. Y hoy aquí el ejemplo. El IWC Big Pilot’s Shock Absorber XPL lleva uno de los sistemas anti choque de aceleración más sofisticados y probados del mercado; de ahí que no sorprenda el que les haya llevado ocho años su desarrollo. 

Según indican desde la marca, este reloj puede aguantar fuerzas de más de 30.000G o, dicho de otra manera, un cuerpo humano en una montaña rusa en un giro en forma de O aguanta una aceleración de 3 o 4 G. Recordemos que es muy poco probable que una  persona aguante una fuerza de 10 G más de uno o dos minutos. La caja de cerámica y titanio es una de las señas de identidad de la casa de Schaffhausen. 

Como parece ser que será lo habitual de ahora en adelante, también IWC ha anunciado que solo hará diez unidades al año de este modelo. La acertada estrategia de marketing de Rolex con su Daytona, Audemars Piguet con su Royal Oak o Patek Philippe con su Nautilus, con una producción a cuentagotas, está creando alrededor de unas determinadas referencias una demanda muy superior a la oferta, algo que eleva a la categoría de “mitos” ciertos relojes. En el caso de este IWC, con un precio contenido de 75.000€ seguro que también será uno de esos relojes que para hacerse con él tocará apuntarse a una lista de espera. 

PD En el video de la semana podéis ver el resto de los grandes lanzamientos

El Aristócrata

martes, 26 de octubre de 2021

VESTIR PARA TRABAJAR DESDE CASA


Trabajar desde casa cada día será más frecuente. Probablemente no toda la semana, pero todo parece indicar que algún día, sino con el tiempo varios, trasladarán su lugar de trabajo de la oficina a casa. La pandemia ha demostrado que no son pocos los trabajos que pueden desempeñarse prácticamente con la misma precisión desde casa que desde la oficina con el correspondiente bienestar que esto puede suponer a muchos trabajadores.

Aunque sigo pensando que la inmediatez que da el estar todos juntos físicamente en un mismo lugar es difícil de suplir por reuniones telemáticas, lo cierto es que el trabajar días desde casa es uno de los cambios que ha llegado para quedarse. Con esta realidad sobre la mesa, probablemente todos hayamos sido testigos durante el confinamiento de cómo no eran pocos los que enfrentaban las reuniones telemáticas con atuendos más propios de una tarde de sábado que de un día laboral.

Este es seguramente uno de los mayores retos a los que se enfrenta hoy, por ejemplo, la sastrería. Vistiéndose cada vez menos de traje en la oficina y prescindiéndose incluso de la chaqueta en las reuniones que se mantienen/mantendrán desde casa, la demanda de sus servicios solo puede con el tiempo disminuir. Clave será como vistan los máximos directivos de cada empresa, despacho u estudio, pues así será también como terminen vistiendo los niveles inferiores. Parece lógico pensar que si el consejero delegado de tu empresa mantiene los Zoom, Teams etc con chaqueta, los participantes en las mismas también la lleven. Obviamente, menos probable será que lo hagan si ven que las reuniones se repiten sin que su máximo representante haga uso de ella.

El problema no radica en la ausencia de la chaqueta, el verdadero problema lo encontramos en el hecho de que si no se tiene un mínimo gusto y tacto para vestir en estas nuevas reuniones cualquier cosa es posible, desde un correcto jersey hasta incluso, sobre todo en los meses de calor, una informal camiseta. Aunque en el foro que nos encontramos nos parezca lógico, resulta fundamental al levantarse asearse como si se fuera a la oficina. Ducha y el correspondiente afeitado son obligatorios; independientemente de que se vaya o no interactuar con más gente a lo largo del día. Esto es ya no solo una cuestión de higiene sino también de prepararnos mentalmente para el día de trabajo. De quedarnos en pijama o sin afeitar nuestra predisposición para el trabajo no será igual. 

Claramente hay que diferenciar la ropa que vestimos trabajando en casa de la que nos acompaña también en ella durante el resto del día; así también psicológicamente nuestra mente se preparará para afrontar un día de asueto o de trabajo. Igual de importante, es intentar pasar nuestras “horas de oficina” en un lugar que solo se utilice, en la medida de lo posible, para este propósito. De esta manera se estará estaremos concentrados al mismo traspasar la puerta de esa dependencia. Salir de esta habitación para comer parece ser algo también importante a tener en cuenta. 

Entrando ya en materia, no valen ni camisetas ni sudaderas. La camisa resulta obligatoria.  Una camisa Oxford parece una de las mejores opciones con las que afrontar ese día de teletrabajo. Su tejido, si es de calidad, es confortable y de escogerse en azul, con un pequeño cuadro vichy o de finas rayas se podrá con ella mantener muchas reuniones digitales o, de ser conveniente, poderla hacer acompañar rápidamente de una chaqueta. 

La siguiente prenda que nos preparará mentalmente para el día de teletrabajo serán los zapatos. Aunque nadie en principio los vaya a ver, vestir un zapato alejado de las zapatillas de casa o, incluso, de unas cómodas zapatillas de paseo es recomendable. Que nadie me malinterprete. No se trata de vestir los oxfords de cordones que vestiríamos con traje, pero sí un zapato que nos recuerde que estamos en casa, pero en horario laboral. Por ejemplo, unos mocasines desestructurados, además de ser elegantes son francamente cómodos y suficientemente vestidos para vestir los pies durante dicho horario. 

Aunque con los meses que tenemos por delante ya no será necesario, en invierno aún estando en casa se agradece una prenda de abrigo sobre la camisa. Sabiendo que las sudaderas son cómodas, pero no aptas para responder a una llamada no programada, los jerséis o, incluso mejor, los chalecos o los cárdigan parecen ser la alternativa más confortable con la que sentarnos delante de la mesa de trabajo. De haber escogido la camisa en un azul claro y el cárdigan en azul marino habremos conseguido además de una combinación cómoda también una acertada. Los chalecos, por su parte, tienen ese plus de añadir una enorme comodidad y libertad de movimientos, más si se trata de interactuar con un teclado o con un folio y una pluma. 

Si bien el siempre elegante Gay Talese no afronta desde su casa ninguna jornada de trabajo sin su traje y corbata, es entendible que de no tener esa elegancia innata ambos se queden en el armario hasta que toque enfrentar una reunión presencial. Si pudiera resultarnos forzado vestir de chaqueta en casa, algo comprensible, en España tenemos la enorme suerte de contar con la Teba, prenda de enorme comodidad y ligereza. Si se prefiere, siempre se puede optar por las conocidas “overshirts”, hoy, además, más de moda que nunca. Sin sustituir a la chaqueta, visten más que solo la camisa, mandando un mensaje en las video call de estar vestidos para la ocasión. Estas, al igual que la misma Teba, se pueden vestir desabotonadas con un mensaje de relajamiento o abotonada si se busca el efecto contrario. 

Los pantalones difícilmente se verán, pero al igual que con los zapatos, debemos buscar que sean cómodos pues van a acompañarnos todo el día. Vestidos torso y pies parece natural que el pantalón combine con ambos. Los chinos, y por qué no también los vaqueros con corte chino, resultan posibilidades acertadas. Sobra decir que ni los estrechos de cintura ni los tipo pitillo parecen buenas opciones pues con el paso de las horas sobre la silla terminarán incordiando. 

Se prefiera un estilo más relajado o más formal parece conveniente que de trabajar desde casa se vistiera con cierto decoro y teniendo en cuenta que no estamos en casa con los amigos compartiendo risas y cervezas. Además, nuestros interlocutores se merecen siempre nuestro respeto; y la ropa muchas veces no es más que eso: una muestra de respeto con aquellos que compartimos nuestro tiempo. 

El Aristócrata

martes, 5 de octubre de 2021

LA MEJOR CHAQUETA PARA BAJOS O CON SOBREPESO


“Soy bajo por eso nunca visto trajes cruzados!”. “Estoy gordo, los chalecos para cuando adelgace”. “¿Una chaqueta a cuadros con este cuerpo?, sería el hazmerreír de mis amigos” y muchas más afirmaciones que se repiten constantemente sin tener base alguna. 

Empecemos por el pensamiento más extendido: “los bajos deberían mantenerse alejados de las chaquetas cruzadas”. Nada cierto ya que clave no está tanto en que sea un modelo cruzado sino en su corte y, por supuesto, en su estampado. La clave: aparentar ser más delgado para así también parecer más alto. 

Lo primero es asegurarse que la chaqueta no quede larga, ni por el faldón ni por las mangas. Con cubrir el trasero será suficiente. Las mangas deberán mostrar los puños de la camisa. Si esto es un detalle recomendable para todos, para los bajos lo es todavía más pues de esta forma no acentuarán su reducida complexión. No deberá abotonar por debajo de la cintura y si estamos delgados debemos intentar resaltar nuestra silueta entallando la chaqueta. Las hombreras son otro aliado para las personas de reducida estatura ya que ayudan a alargar la figura y son bienvenidas para sacar lo máximo de un cuerpo contenido. No obstante, se prescindirá de ellas si la cabeza es relativamente achatada. 

Abotonada la chaqueta esta empezará a abrirse desde la misma cintura y no más abajo consiguiendo así una mayor verticalidad. Conveniente optar por chaquetas con un solo botón o en su defecto por dos. No obstante, también se podrá elegir chaquetas de tres botones, pero solo aquellas donde el botón superior sea de mero adorno y no se pretenda abotonar (las denominadas 3 para dos). El corte de estas chaquetas hace que las solapas se alarguen mas y se junten más abajo que en las chaquetas de tres botones. Mejor sin aberturas traseras que con ellas. 

Hay detalles pequeños que también conviene prestar atención. Por ejemplo, el cosido del ojal de la solapa debe estar a mayor estatura de lo normal, el bolsillo del pecho mejor en una posición algo más alta de lo acostumbrado y los bolsillos laterales ligeramente más bajos. Ocualtar las solapas de los bolsillos laterales por dentro de dichos bolsillos aumenta la verticalidad de todo conjunto.

El traje entero les favorece más que una chaqueta y un pantalón suelto. Esto es así porque ambas prendas dividen el cuerpo en dos partes muy diferenciadas y comprometerían la verticalidad. Por el mismo motivo tampoco es recomendable el uso del cinturón, mejor los tirantes o en su defecto por pletinas. Al vestir chaquetas de sport no queda otra que optar por un pantalón de tela diferente. En este caso, las chaquetas mejor de no tener cuadros o estampados marcados. Las lisas representan la mejor alternativa. Algo que aplicaría también a los pantalones de sport. 

En cuanto a vestir chaquetas cruzadas es cierto que sus múltiples botones, así como las líneas horizontales que se forman al cruzar ambos lados de la chaqueta transmiten la sensación de una persona más baja o ancha. Dicho esto, de no quererse privar del placer de vestir una chaqueta cruzada, conviene que los botones estén más altos y juntos que en las chaquetas cruzadas estándar. (observar la foto de abajo). Mejor de cuatro que de seis. 

Los estampados son casi igual de importantes que el tipo de corte. Las líneas horizontales o los diseños a cuadros, como los POW, ensanchan la figura y, por lo tanto, también la reducen. Por el contrario, las líneas verticales alargan la figura consiguiendo la imagen de un cuerpo más esbelto. Los colores sólidos en los trajes con la apuesta más segura pues estilizan la figura pareciendo más altos. Los oscuro más convenientes que los claros. Y pareciendo más altos también aparentaremos estar más delgados. 

El Aristócrata

martes, 14 de septiembre de 2021

EL FRAC


Aunque este conjunto esté en desuso es parte de la historia de la vestimenta reciente y conocer su correcto uso y las prendas que lo componen resulta importante para cualquier seguidor del buen vestir.

Los orígenes del protocolo de la vestimenta del hombre datan de finales del final el Siglo XVIII cuando la alta sociedad empezó a dejar de lado la vestimenta ostentosa de la época (puñetas, bombachos, excesivo color, piedras preciosas por botones etc.). Los colores oscuros y cierta discreción toman su lugar apoyados por el estilo minimalista del dandi de Periodo de Regencia: Beau Brummell. Solo unos años después, el negro y el blanco eran ya los colores obligados de la clase alta inglesa. 

El frac fue desde prácticamente sus orígenes, 1820, y hasta pasada la I Guerra Mundial el atuendo formal por excelencia y necesario de vestir en cualquier acontecimiento celebrado después de las seis de la tarde. Su larga levita, así como la del chaqué, hablaba de la formalidad de la prenda. Sin embargo, al contrario de este, el frac estaba reservado para vestirse en ausencia de luz solar. Como se explico largo y tendido en el “Manual del Perfecto Caballero”, a partir de los años 20 el frac va dejando su espacio progresivamente a vestimentas más relajadas y el hasta entonces considerado informal esmoquin empieza a tomar su sitio en las celebraciones nocturnas. El chaqué por su lado también pierde el sitio privilegiado del que gozó por las mañanas y empieza a quedar reservados a ocasiones altamente formales o, como ocurre hoy en día, a vestir al novio en el día de su boda.

Aunque la vestimenta del frac sea ya testimonial todavía (como dato histórico apuntar que el último presidente en vestir el día de su “puesta de largo” chaqué por la mañana y durante la cena el hasta entonces obligado frac fue John F. Kennedy en 1961) hay ocasiones donde su vestimenta es muy bien recibida. No obstante, sea por la ignorancia que existe sobre las prendas de etiqueta o por el poco uso, la realidad es que muchos de los fracs que hoy vemos se alejan bastante del concepto más purista de esta bella prenda. De tener la suerte de ser invitados a una celebración en que se recomiende su uso se debe tener en cuenta los siguientes puntos relativos a las prendas que lo forman:

* La levitaDel mismo color negro que el pantalón se permite desde los años 20 optar por el conocido como “azul medianoche”. Aunque la chaqueta da la sensación de ser del tipo cruzada, la realidad es que es imposible de abotonar y siempre permanece abierta, de ahí que un corte acorde con el físico de quien la vista sea de extremada importancia para evitar que se mueva. Seis botones, tres a cada lado, se apreciarán en su frontal y las solapas terminarán en punta. Estas última serán de seda satinada o en grosgrain. La levita permitirá que se vea mínimamente el puño de la camisa y habrá que asegurarse de que su cuello oculta la banda de la corbata de lazo, pero dejando ver la parte más superior trasera del cuello de la camisa. Tampoco el botón encargado de unir el cuello diplomático a la camisa debería apreciarse. Por su parte trasera llegará hasta las rodillas y contará solo con una abertura trasera. Un ojal en la solapa izquierda, así como una pequeña lazadera en el interior de para mantener el rabillo de la flor en su sitio es obligatorio. La lana sigue siendo el tejido estrella. Carece de bolsillos y los botones, tanto los frontales como lo de las mangas, cuatro, aparecen forrados. Dicho forrado debería hacerse con la misma seda que las vistas de las solapas. De ver un frac con botones negros de cuerno es probable que se trate de un frac anterior a 1950.  

* El pantalón. Del mismo color y tejido que la levita se diferencian del pantalón de esmoquin por sus dos costuras laterales de seda o grosgain – se elegirá conforme sea la seda de las solapas. Dicho esto, también es frecuente encontrar una sola costura aunque más ancha que la del esmoquin. La clave del pantalón radica en la altura del talle, el cual se antoja alto para asegurarse que su cintura queda oculta tras el chaleco. No llevarán pasador para el cinturón y su lugar lo tomarán los obligados tirantes, tirantes que se unirán al pantalón por los botones interiores cosidos con dicha finalidad. Para acentuar su carácter formal no llevarán vuelta. Aunque hasta los años 20 el pantalón del frac no llevaba raya, hoy son muy comunes. 

* La camisa. Fácilmente reconocible por su cuello diplomático. En su pechera se aprecia la típica terminación en piqué. No obstante, también puede ser de lino o algodón sin piqué. Lo que si es importante es que su frontal sea de un peso considerable y de terminación algo “acartonada” para evitar que se doble y así mantener el aspecto más esbelto de su dueño. Aunque algunas camisas de frac llevan puño doble, lo más correcto es que sea del tipo sencillo valiéndose de gemelos para abotonarse. Sólo el color blanco es el permitido. Sus puños serán de lino o algodón tanto lisos como en la misma terminación piqué del frontal de la camisa. Una lazadera en la parte trasera del cuello para pasar la corbata de lazo se antoja necesario. Las mejores camisas llevan al menos una lazadera en su parte baja para unirla al pantalón y evitar que se pueda terminar saliendo del pantalón. 

* El chaleco. De corte más corto que el de cualquier otro chaleco, debe tapar la cintura del pantalón. Con solapas, en su estampado se aprecia el mismo piqué que en la camisa. Quizás el punto más importante en el que fijarse es en su longitud. Nunca debería sobresalir por debajo de los frontales de la levita, algo tristemente hoy muy frecuente. De hilera sencilla o cruzada, se aprecia su frontal tiene forma “V” lo suficientemente abierta como para apreciar gran parte de la camisa. El de hilera sencilla suele llevar tres botones, mientras que el cruzado lleva cuatro. Dichos botones pueden estar forrados en la misma tela que el propio chaleco o ser de madre perla. Aunque el blanco sigue siendo el color más frecuente, el crema y el marfil también son opciones válidas. La espalda se deja libre cerrándose con dos botones. Una lazadera elástica servirá para unir chaleco con pantalón. 

* La corbata de lazo. Blanca, de algodón y también en la misma terminación piqué del chaleco debe anudarse manualmente. “Only the self-tied bow tie is acceptable as pre-tied bow ties are considered tacky and insulting to the formal nature of white tie”. - Esquire 1937. El nudo es del tipo murcielago o semi-mariposa. Importante que la corbata de lazo quede por fuera de los picos del cuello de la camisa. 

* El calzado. Nada como las conocidas como “opera pumps” en terminación charol para estar a la altura de tan magnificente conjunto. Un oxford liso también en terminación charol también es una opción aceptada. Calcetines de seda negros 100% son el mejor acompañamiento para este conjunto. 

* Los complementos:

o Gemelos y botones. Los gemelos más extendidos son los fabricados en madre perla. Este material debería ser el mismo que el utilizado en la botonadura de la camisa y el chaleco, coincidiendo también en color con los de la camisa.  Plata, oro blanco o platino son los materiales preciosos que mejor combinan con el mensaje de este atuendo tan formal. El oro amarillo debería mantenerse lejos de este conjunto.

o Tirantes.  Aunque nunca se vean, serán de seda blanca, tanto el cuerpo principal como las lazaderas con las que sujetar el pantalón. 

o Sombrero. De tipo copa, forrado en seda natural negra o en su defecto de castor. Al igual que ocurre con el chaqué se debería estar muy familiarizado con su uso para no ensombrecer un buen frac. 

o Pañuelo de bolsillo. Su elección no es obligatoria, aunque un pañuelo blanco de lino siempre aportará un plus a la elegancia del conjunto. No obstante, en los fracs del S. XIX la norma era que el frac no llevara ningún bolsillo, ni tan siquiera el de pecho, de ahí que muchos amantes, y entendidos, de este conjunto dejen ese bolsillo huérfano de pañuelo introduciéndolo en un bolsillo interior junto a sus guantes. De escoger un clavel o una gardenia ambas deberían ser también blancas. 

o Reloj. Al igual que con el esmoquin, mejor dejarlo en casa. Si el esmoquin se viste en ocasiones tan alegres que carece de sentido mirar el reloj, el frac se escoge en ocasiones tan formales en las que chequear la hora tampoco tiene mucho sentido. No obstante, de querer llevar reloj este debe ser del tipo bolsillo y de plata, platino u oro blanco. 

o Guantes. Pudieran recargar el conjunto, pero de vestirse que sean blancos y de fina piel o de ante. Lo mismo ocurre con la bufanda, mejor sin ella. Rara será la ocasión que de tener que asistir a un acto en el que se requiera frac se acuda a pie. No obstante, de necesitarse se usará la misma que con el esmoquin: blanca o marfil de seda o cachemira y con flecos en los extremos. 

o Abrigo. Nada como un buen Cherterfield o una capa española. 

Ni que decir que hacerse con un buen frac pasa no solo por acudir al sastre, sino por acudir a uno muy experimentado en la elaboración de esta pieza.

El Aristócrata