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martes, 14 de septiembre de 2021

EL FRAC


Aunque este conjunto esté en desuso es parte de la historia de la vestimenta reciente y conocer su correcto uso y las prendas que lo componen resulta importante para cualquier seguidor del buen vestir.

Los orígenes del protocolo de la vestimenta del hombre datan de finales del final el Siglo XVIII cuando la alta sociedad empezó a dejar de lado la vestimenta ostentosa de la época (puñetas, bombachos, excesivo color, piedras preciosas por botones etc.). Los colores oscuros y cierta discreción toman su lugar apoyados por el estilo minimalista del dandi de Periodo de Regencia: Beau Brummell. Solo unos años después, el negro y el blanco eran ya los colores obligados de la clase alta inglesa. 

El frac fue desde prácticamente sus orígenes, 1820, y hasta pasada la I Guerra Mundial el atuendo formal por excelencia y necesario de vestir en cualquier acontecimiento celebrado después de las seis de la tarde. Su larga levita, así como la del chaqué, hablaba de la formalidad de la prenda. Sin embargo, al contrario de este, el frac estaba reservado para vestirse en ausencia de luz solar. Como se explico largo y tendido en el “Manual del Perfecto Caballero”, a partir de los años 20 el frac va dejando su espacio progresivamente a vestimentas más relajadas y el hasta entonces considerado informal esmoquin empieza a tomar su sitio en las celebraciones nocturnas. El chaqué por su lado también pierde el sitio privilegiado del que gozó por las mañanas y empieza a quedar reservados a ocasiones altamente formales o, como ocurre hoy en día, a vestir al novio en el día de su boda.

Aunque la vestimenta del frac sea ya testimonial todavía (como dato histórico apuntar que el último presidente en vestir el día de su “puesta de largo” chaqué por la mañana y durante la cena el hasta entonces obligado frac fue John F. Kennedy en 1961) hay ocasiones donde su vestimenta es muy bien recibida. No obstante, sea por la ignorancia que existe sobre las prendas de etiqueta o por el poco uso, la realidad es que muchos de los fracs que hoy vemos se alejan bastante del concepto más purista de esta bella prenda. De tener la suerte de ser invitados a una celebración en que se recomiende su uso se debe tener en cuenta los siguientes puntos relativos a las prendas que lo forman:

* La levita. Del mismo color negro que el pantalón se permite desde los años 20 optar por el conocido como “azul medianoche”. Aunque la chaqueta da la sensación de ser del tipo cruzada, la realidad es que es imposible de abotonar y siempre permanece abierta, de ahí que un corte acorde con el físico de quien la vista sea de extremada importancia para evitar que se mueva. Seis botones, tres a cada lado, se apreciarán en su frontal y las solapas terminarán en punta. Estas última serán de seda satinada o en grosgrain. La levita permitirá que se vea mínimamente el puño de la camisa y habrá que asegurarse de que su cuello oculta la banda de la corbata de lazo, pero dejando ver la parte más superior trasera del cuello de la camisa. Tampoco el botón encargado de unir el cuello diplomático a la camisa debería apreciarse. Por su parte trasera llegará hasta las rodillas y contará solo con una abertura trasera. Un ojal en la solapa izquierda, así como una pequeña lazadera en el interior de para mantener el rabillo de la flor en su sitio es obligatorio. La lana sigue siendo el tejido estrella. Carece de bolsillos y los botones, tanto los frontales como lo de las mangas, cuatro, aparecen forrados. Dicho forrado debería hacerse con la misma seda que las vistas de las solapas. De ver un frac con botones negros de cuerno es probable que se trate de un frac anterior a 1950.  

* El pantalón. Del mismo color y tejido que la levita se diferencian del pantalón de esmoquin por sus dos costuras laterales de seda o grosgain – se elegirá conforme sea la seda de las solapas. Dicho esto, también es frecuente encontrar una sola costura aunque más ancha que la del esmoquin. La clave del pantalón radica en la altura del talle, el cual se antoja alto para asegurarse que su cintura queda oculta tras el chaleco. No llevarán pasador para el cinturón y su lugar lo tomarán los obligados tirantes, tirantes que se unirán al pantalón por los botones interiores cosidos con dicha finalidad. Para acentuar su carácter formal no llevarán vuelta. Aunque hasta los años 20 el pantalón del frac no llevaba raya, hoy son muy comunes. 

* La camisa. Fácilmente reconocible por su cuello diplomático. En su pechera se aprecia la típica terminación en piqué. No obstante, también puede ser de lino o algodón sin piqué. Lo que si es importante es que su frontal sea de un peso considerable y de terminación algo “acartonada” para evitar que se doble y así mantener el aspecto más esbelto de su dueño. Aunque algunas camisas de frac llevan puño doble, lo más correcto es que sea del tipo sencillo valiéndose de gemelos para abotonarse. Sólo el color blanco es el permitido. Sus puños serán de lino o algodón tanto lisos como en la misma terminación piqué del frontal de la camisa. Una lazadera en la parte trasera del cuello para pasar la corbata de lazo se antoja necesario. Las mejores camisas llevan al menos una lazadera en su parte baja para unirla al pantalón y evitar que se pueda terminar saliendo del pantalón. 

* El chaleco. De corte más corto que el de cualquier otro chaleco, debe tapar la cintura del pantalón. Con solapas, en su estampado se aprecia el mismo piqué que en la camisa. Quizás el punto más importante en el que fijarse es en su longitud. Nunca debería sobresalir por debajo de los frontales de la levita, algo tristemente hoy muy frecuente. De hilera sencilla o cruzada, se aprecia su frontal tiene forma “V” lo suficientemente abierta como para apreciar gran parte de la camisa. El de hilera sencilla suele llevar tres botones, mientras que el cruzado lleva cuatro. Dichos botones pueden estar forrados en la misma tela que el propio chaleco o ser de madre perla. Aunque el blanco sigue siendo el color más frecuente, el crema y el marfil también son opciones válidas. La espalda se deja libre cerrándose con dos botones. Una lazadera elástica servirá para unir chaleco con pantalón. 

* La corbata de lazo. Blanca, de algodón y también en la misma terminación piqué del chaleco debe anudarse manualmente. “Only the self-tied bow tie is acceptable as pre-tied bow ties are considered tacky and insulting to the formal nature of white tie”. - Esquire 1937. El nudo es del tipo murcielago o semi-mariposa. Importante que la corbata de lazo quede por fuera de los picos del cuello de la camisa. 

* El calzado. Nada como las conocidas como “opera pumps” en terminación charol para estar a la altura de tan magnificente conjunto. Un oxford liso también en terminación charol también es una opción aceptada. Calcetines de seda negros 100% son el mejor acompañamiento para este conjunto. 

* Los complementos:

o Gemelos y botones. Los gemelos más extendidos son los fabricados en madre perla. Este material debería ser el mismo que el utilizado en la botonadura de la camisa y el chaleco, coincidiendo también en color con los de la camisa.  Plata, oro blanco o platino son los materiales preciosos que mejor combinan con el mensaje de este atuendo tan formal. El oro amarillo debería mantenerse lejos de este conjunto.

o Tirantes.  Aunque nunca se vean, serán de seda blanca, tanto el cuerpo principal como las lazaderas con las que sujetar el pantalón. 

o Sombrero. De tipo copa, forrado en seda natural negra o en su defecto de castor. Al igual que ocurre con el chaqué se debería estar muy familiarizado con su uso para no ensombrecer un buen frac. 

o Pañuelo de bolsillo. Su elección no es obligatoria, aunque un pañuelo blanco de lino siempre aportará un plus a la elegancia del conjunto. No obstante, en los fracs del S. XIX la norma era que el frac no llevara ningún bolsillo, ni tan siquiera el de pecho, de ahí que muchos amantes, y entendidos, de este conjunto dejen ese bolsillo huérfano de pañuelo introduciéndolo en un bolsillo interior junto a sus guantes. De escoger un clavel o una gardenia ambas deberían ser también blancas. 

o Reloj. Al igual que con el esmoquin, mejor dejarlo en casa. Si el esmoquin se viste en ocasiones tan alegres que carece de sentido mirar el reloj, el frac se escoge en ocasiones tan formales en las que chequear la hora tampoco tiene mucho sentido. No obstante, de querer llevar reloj este debe ser del tipo bolsillo y de plata, platino u oro blanco. 

o Guantes. Pudieran recargar el conjunto, pero de vestirse que sean blancos y de fina piel o de ante. Lo mismo ocurre con la bufanda, mejor sin ella. Rara será la ocasión que de tener que asistir a un acto en el que se requiera frac se acuda a pie. No obstante, de necesitarse se usará la misma que con el esmoquin: blanca o marfil de seda o cachemira y con flecos en los extremos. 

o Abrigo. Nada como un buen Cherterfield o una capa española. 

Ni que decir que hacerse con un buen frac pasa no solo por acudir al sastre, sino por acudir a uno muy experimentado en la elaboración de esta pieza.

El Aristócrata

lunes, 25 de noviembre de 2019

UN ESMOQUIN DE SASTRE PARA MUJER



Curiosamente el 28% de lectores de este blog son mujeres. Unas me imagino porque les gusta lo que aquí se habla y otras sencillamente porque en él encuentran inspiración para ayudar a vestir a sus parejas.

Las mujeres son mucho mas permeables a la moda de lo que todavía es el hombre. Su concepto de belleza no tiene porqué obedecer a la de la hechura perfecta. Buscan vestidos, trajes, colores, cortes que les benefician y les hace sentirse más guapas y atractivas. Su uniforme dista mucho del nuestro y disfrutan enormemente vistiendo, yendo de compras y enredando en su armario. Son sencillamente conceptos diferentes que aunque en algunos puntos pueden coincidir en la mayoría son diferentes
Aunque son muy pocas las mujeres que alguna vez han acudido al sastre, prefieren como es lógico los talleres de diseñadores, todavía las hay que a la hora de hacerse su vestuario de caza, un traje de chaqueta o, como es el caso, un esmoquin acuden a este en busca de un corte más artesanal. En este tipo de prendas clásicas donde la hechura que se busca puede asemejarse a la del hombre, las tijeras de un buen sastre dan sorprendentes resultados. 
Aprovechando la invitación  de la marca alemana Glashütte Original, casa de la que soy cliente y gran admirador, a la Berlinale, festival de cine de Berlín, José María Reillo hizo un esmoquin a una de sus clientas, clienta con la cuál compartí además de estrenos tiempo en Berlín y me permitió conocer de primera mano este traje. Y no porque estuviera cosido todo a mano, ni por las horas de artesanía que tenía detrás, sino por lo bien que le quedaba y lo mucho que resaltaba su delgada figura entendí porqué todavía el esmoquin a medida para mujer sigue teniendo un hueco reservado en el trabajo de muchas sastrerías.  
La chaqueta era de un terciopelo azul marino de la casa Holland & Sherry y el pantalón negro azul noche de la misma casa escocesa. Me comentaba Goiuri que prefirió que la chaqueta fuera de terciopelo pues la mujer que viste de esmoquin no lo hace por protocolo, como el hombre, o por asistir a un acto muy formal de noche, sino que lo hace en actos arreglados pero donde su contraparte no tiene porqué ir también con esmoquin. Y el terciopelo siendo menos formal que las típicas lanas de mohair aporta ese toque elegante y chic que puede buscar una mujer a la hora de salir con él a una cena elegante o a un estreno de cine. 
El pantalón es el clásico de esmoquin, pero obviamente buscando resaltar mucho más la anatomía de la mujer. Es más estrecho tanto en el trasero como a lo largo de toda la pierna. Y mucho más corto para que no arrastre cuando se lleve tacón. La chaqueta es bastante parecida a la de hombre pero es sensiblemente más corta buscando la finalidad nombrada de buscar una silueta más sexy. Las vistas se dejaron en seda azul media noche. Como particularidad nombrar que Don José María no hace costuras laterales en las chaquetas de terciopelo pues como comenta con el uso de la plancha puede marcarse mucho la costura. La ausencia de esa costura y de aberturas laterales da mucha fluidez al conjunto y estiliza más la figura. La chaqueta abotonada se encaja más en la cintura, aunque obviamente esto variará se trate de una mujer delgada o corpulenta. 
En el caso de la mujer, también en el de muchos hombres, se busca la terminación de las solapas en pico pues alarga la figura. La anchura de estas si es importante pues jugando con ellas se puede anchar o estrechar el torso, algo clave en la imagen de la mujer. Otra diferencia importante con el esmoquin de hombre es la ausencia de tirantes o pletinas en el pantalón. En el esmoquin de la mujer el pantalón debe caer en la cadera, no en la cintura, y estar bien ajustado. Deberá ser la anchura de la propia cadera la que impida que el pantalón pueda caerse; de ahí que un buen ajuste sea clave. 
Tampoco se hace acompañar ni de fajín ni de chaleco. En el esmoquin de hombre ambas piezas además de conseguir un precioso efecto estético llegan a disimular algún posible kilo de más. Sin embargo, la mujer busca enseñar su figura y es lógico que prescinda de él. Una camisa blanca de seda o incluso una de pechera de mujer son ambas opciones muy elegantes. Goiuri, sin embargo, prefirió acompañar su esmoquin de un corset de Agent Provocateur. 
Obviamente, el uso de corbata de lazo es muy poco recomendable y un cuello abierto acompañado de un bonito collar conseguirá mejores beneficios estéticos. La confección de la prenda es idéntica a la del esmoquin de hombre: toma de medidas, patrón, corte, confección y las correspondientes pruebas. Y por supuesto todo cosido a mano. 
Indudablemente, no creo que muchos nos fijemos al mirar a una mujer en si su vestido o traje está confeccionado a mano. Pero qué duda cabe que si además de quedarle bien, resaltar su figura y hacerla atractiva está realizado artesanalmente cobrará un toque especial además de contarnos muchas cosas de quien decidió acudir a un sastre para hacerse con su esmoquin. 

El Aristócrata

lunes, 4 de noviembre de 2019

LA SASTRERÍA NAPOLITANA

A lo largo de los años habéis sido muchos los que de manera abierta o a través de peticiones privadas reclamabais que se escribiera un artículo sobre la sastrería italiana y más concretamente sobre la sastrería Napolitana.

Antes de entrar en profundidad a hablar de este tipo de sastrería es importante tener en cuenta que la sastrería Napolitana ya no es exclusiva de los sastres Napolitanos y que hoy al ser este estilo muy demandado sastres de otras ciudades, e incluso de otros países, practican también la técnica utilizada por los sastres napolitanos.

Por ello, aunque todos podamos tener en mente una serie de diferencias básicas entre, por ejemplo, el estilo inglés e italiano es importante recordar que no siempre ciertas características son exclusivas de uno u otro corte. Es más, lo que hoy mucha gente denomina de forma genérica corte italiano no siempre coincide con el tipo de corte de ciudades como Milán o Roma.

Igualmente, es importante no olvidar que en Nápoles e incluso en Roma hay tantos estilos como sastres existen y generalizar como hoy se hace sobre el corte napolitano, milanés o romano es dejar de lado muchas consideraciones.

Y para terminar estas notas introductorias también hay que tener en cuenta que el trabajo del sastre evoluciona en el tiempo y que una chaqueta cosida hace quince años por, por ejemplo, Rubicciani diferirá bastante de la última chaqueta que abandonó su sastrería.
La sastrería alemana y francesa

Dicho todo esto, también es importante recordar a los más fervientes seguidores de la sastrería napolitana que al igual que en todos los países hay caballeros que cuidan con gran esmero su vestimenta también hay buenos sastres en prácticamente la totalidad de los países de la vieja Europa.

Y quien no esté de acuerdo con esta afirmación le recomiendo que profundice en los requisitos y los años de experiencia que se exigen en Alemania para poder poner en la puerta de una sastrería las palabras Maestro Sastre.

Mención aparte requiere Francia. No deja de ser curioso observar como en Francia, país que todavía ocupa la cúspide de la alta costura femenina, cada día resulta más difícil encontrar caballeros que vistan elegantemente de traje. Y eso que no hay que olvidar que en Paris en un tiempo atrás se establecieron muchos de los sastres y camiseros ingleses e italianos más reputados.

Los mismos Henry Poole, Caraceni y Cifonelli y Hilditch & Key, abrieron todos en Paris aunque hoy excepto la casa italiana Cifonelli y el inigualable también italiano Camps De Luca ya nadie queda en Paris y los italianos, y la mayoría también de los ingleses, que fueron un día a Francia volvieron a su país sencillamente porque los caballeros franceses no demandaban ya sus servicios.
Y todo ello sin olvidar que en Francia los caballeros llegaron a vestir francamente bien como atestigua la elegancia de actores de la talla Noiret, Belmondo o Gabin.

Dicho todo esto, es de justicia admitir que hoy son el Reino Unido e Italia los dos países referentes a la hora de vestir.

El denominado British Style tiene toda una historia detrás mientras que el denominado Stile Italiano es algo reciente. Con total confianza podemos afirmar que Nápoles sin Savile Row no hubiera alcanzado las cotas de calidad y perfección con las que hoy cuentan sus principales sastrerías.

Como ya dijimos en aquel artículo donde comparábamos el British Style con el Stile Italiano es de justicia admitir que si hoy hay una forma de vestir que traspasa fronteras esa es la italiana. Sin embargo, tampoco nadie debería dejar de admitir que si el estilo italiano y concretamente la sastrería napolitana ha alcanzado tales niveles de perfección es porque tenía donde fijarse y a partir de ahí crear ese estilo tan particular.
El por qué de Nápoles y Londres

Puede parecer lógico que la mayoría de los hombres mejor vestidos del Reino Unido se concentren en Londres. El poder económico de la capital inglesa así como el aglutinar muchos bancos tanto nacionales como extranjeros, despachos de abogados, sedes de multinacionales, auditoras, consultoras y otros lugares donde se cuida con especial esmero la forma de vestir ha hecho que desde hace dos siglos los más reputadas sastrerías y camiserías abrieran allí sus puertas.

Sin embargo, algo que llama poderosamente la atención es el hecho de que independientemente de que ciudades como Milán o Turín hayan sido el centro financiero de Italia, sea precisamente una ciudad de poco más de un millón de habitantes la que mejor haya sabido guardar la tradición. Nápoles es hoy el referente del buen vestir y la Meca a la que acuden los caballeros más elegantes del mundo en busca de ese corte tan característico.

Quizás el principal motivo de todo esto sea el hecho de que en Nápoles la tradición tenga, en todos los aspectos de su sociedad, mucha importancia. Solo como ejemplo apuntar que la gran mayoría de los caballeros napolitanos no entendería acudir a cenar a uno de esos lugares fashion que tanto abundan en las ciudades europeas y prefieran acudir a las Trattorias de toda la vida.
No deja de ser igualmente curioso el que en Nápoles la camisería a medida esté más extendida que en cualquier otro sitio en el mundo y sus propios habitantes elijan acudir a la camisería a medida y no al RTW a la hora de comprar sus camisas. La camisería a medida está tan extendida en Nápoles que sus precios son francamente competitivos de compararse con los de las principales ciudades europeas.

Es tal el poder de la tradición en Nápoles que es de los pocos sitios de Europa donde los caballeros todavía siguen yendo a las barberías y no a las peluquerías tal y como se conocen aquí.

De la misma forma, a nadie le debería sorprender encontrar señores de 70 años que solo tengan en su armario trajes a medida. Y esto no es porque sean presumidos; es sencillamente porque así han sido siempre las cosas allí y para sus habitantes resulta inconcebible que fuera de otra forma.
El comienzo de la sastrería Napolitana

Durante los años dorados del vestir masculino, los años 30, la elegancia de Cary Grant (quien por cierto era también cliente de la sastrería romana Caraceni), de Fred Astaire o de David Niven se apodera de la gran pantalla y su manera de vestir es imitada, o al menos se intenta, por los caballeros de la época.

Y es precisamente a partir de los años 30 donde el conocido hoy como estilo napolitano empieza a florecer.

Es concretamente con la unión de los míticos sastres Attolini y Rubinacci cuando nace en los años 30 la archiconocida London House. Es concretamente la London House y otro sastre italiano hoy ya elevado a mito por los estudiosos de la aguja, Angelo Blasi, quienes empiezan a desestructurar las armadas chaquetas inglesas imprimiendo ese toque único que desde hace unos diez años atrás ha ganando la partida a los sastres de la Row.

Para los amantes de este corte y reforzando la idea con la que abríamos este artículo de que no es bueno generalizar al hablar del corte napolitano apuntar que todavía hoy se dice que en Nápoles existen dos escuelas: la de Blasi y la de Attolini.

La principal diferencia es que el corte de Blasi es algo más estrecho de hombros y su chaqueta algo más armada, más tipo inglesa, mientras que la hechura de Attolini es algo más ancha. Los seguidores de Attolini mantienen que fue él quien desestructuró la chaqueta de Blasi, le quitó las hombreras y empezó a coserla entretelas muy finas dando lugar a lo que hoy la gente evoca cuando piensa en un traje napolitano.
Aunque el párrafo anterior podría hacer “correr chorros de sangre” entre los fervientes seguidores de una y otra corriente, lo que parece claro es que la sastrería italiana encontró en la alta sastrería inglesa el perfecto espejo en el que fijarse, imprimirle su propio estilo y crear un traje de una enorme comodidad.

Comodidad que consiguen olvidándose del forro, prescindiendo o utilizando finísimos paddings y escogiendo solo telas de tacto exquisito así como de una enorme ligereza y elasticidad.

Quien haya tenido la oportunidad de vestir uno de estos trajes habrá sentido la sensación de ir vestido de sport y no con traje alguno. El que apenas pesen los trajes resultantes y la facilidad de movimientos que permiten sus telas hacen que se adapte de forma totalmente natural al cuerpo. Esto hace que transmitan la sensación de ir, permitirme la expresión, como si se fuera con ropa de deporte. Y si lo que buscamos es esto hay que reconocer que como los Napolitanos ninguno.

De Londres a NápolesSi bien es de justicia admitir que desde hace ya diez años es la sastrería italiana y más concretamente la napolitana la que domina el mundo de la alta sastrería también lo es el hecho de que Nápoles no sería lo que hoy es sin, por un lado, un buen marketing y por otro Savile Row.
Así por ejemplo, resulta apropiado recordar que el mismísimo Rubinacci envió a SR a un miembro de su familia para que aprendiera el trabajo de los sastres londinenses y lo exportara a la London House de Nápoles.

También el sastre de Roma, Tommy Caraceni, fue enviado por su padre en los años 30 a Henry Poole para que entendiese y aprendiese la forma de trabajar de la que por aquel entonces era considerada una de las mejores sastrerías del mundo.

Otro ejemplo fue Arturo Cifonelli quien aprendió la profesión de su padre Giuseppe en Roma pero en vez de quedarse en Roma también se marchó a SR. En 1911 decidió volver a Italia y en 1930 terminó abriendo su tienda en París; donde hoy todavía sigue esta sastrería.

Si de los años 30 a los años 60, SR es el centro mundial de la más alta sastrería después de esta fecha se empiezan a invertir las tornas y la más actual y natural sastrería italiana gana año tras año más popularidad y los ojos de los consumidores de este arte que es la sastrería a medida empiezan a fijarse en ella.
Sus principales características

Los italianos han adaptado el estilo clásico inglés a los nuevos tiempos estilizándolo y desestructurándolo lo que ha dado lugar a lo que hoy se conoce popularmente como el estilo Napolitano.

Este característico corte se diferencia por contar con apenas “relleno” o entretelas, no tener forro excepto en la las mangas y carecer de estructura. Si bien todas estas características se pueden encontrar en otras ciudades italianas con elevadas temperaturas seguramente sea el archi conocido hombro napolitano la nota más característica del estilo napolitano.

Tampoco podemos olvidar esos tejidos de enorme ligereza y comodidad que nadie como sus sastres saben elegir para combatir las elevadas temperaturas de Nápoles. ¡Y eso que la gran mayoría de ellas todavía proceden del Reino Unido!

Son precisamente estas características las que hacen tan atractivos y hasta objeto de culto los trajes que cortan las tijeras de los más aventajados sastres napolitanos. Sin embargo, antes de dar por bueno la idea generalizada de que la terminación de estos trajes es la más avanzada y la más exquisita es importante hacer alguna puntualización.

El cliente de la sastrería más purista napolitana debe saber que estos trajes dan la sensación de estar más próximos a un conjunto de sport que a uno de chaqueta. El aspecto ligero del traje napolitano le quita formalidad y no deberíamos sorprendernos de escuchar de alguna voz autorizada que esto no es un traje y que además su construcción tiene mucho más de mito que de realidad.
También es importante recordar que si la tela no es de una calidad excepcional y confeccionada pensando precisamente en que no será cosida con forro alguno es muy probable que termine arrugándose de forma rápida. Y por supuesto si no se acude a la cuna de esta sastrería es mejor asegurarse un buen corte de “la vieja escuela europea” que innovar este corte con uno de nuestros sastres.

Este tipo de confección consigue resultados espectaculares con los trajes cruzados. Las DBJ tan demandadas y bien vestidas en el país de la pasta envuelven con una gran naturalidad y estilo a sus afortunados propietarios.

Como acabamos de apuntar uno de los rasgos más característicos del estilo Napolitano es la forma en la que se cosen las mangas a los hombros. Apenas se forma el conocido popularmente como “chorizo” y tampoco se aprecia apenas la costura donde se unen el hombro y la manga.

La terminación de la hombrera es redondeada. Igualmente, en muchos casos se aprecian pliegues a la altura de la costura del hombro. Esto último es así debido a que la chaqueta no cuenta con apenas hombrera y en la caída natural de la tela no queda más remedio que aparezcan éstas; algo que hoy hasta se exagera para reclamar el sello de “hombro napolitano”.
A esto hay que unir que para ganar comodidad la extensión de la tela del brazo que se une con la hombrera es más larga que la del diámetro de la hombrera. Esto obliga al sastre a, con mucha pericia y siempre a mano ya que las máquinas de coser no permiten coser dos trozos de tela de diferente extensión, introducir el sobrante de la manga en el hombro. Es precisamente esto lo que hace que aparezcan en muchos casos esos pliegues de los que estamos hablando.

Con todo esto se consigue una caída del hombro totalmente natural donde apenas se aprecia la existencia de la hombrera; entre otras cosas porque ya de por sí la propia hombrera es mucho más delgada de la que estamos aquí acostumbrados.

Otra de sus características principales es que, guardando las diferencias, se asemeja en gran medida al corte del hombro de una camisa; lo que los sastres napolitanos denominan como spalla camicia.Es importante nuevamente mencionar que si bien ciertas características, como la ausencia de padding en la hombrera, son comunes a la mayoría de los sastres napolitanos, otras como la mayor o menor limpieza de líneas dependerá de cada casa.

El no contar con forro les obliga a coser los bolsillos sobre la chaqueta en forma de parche, es decir, sobre la tela de la chaqueta y no con un bolsillo interior. Por eso es hoy tan frecuente observar como los sastres napolitanos han preferido dejar el interior de la chaqueta limpio, sin que se aprecie forro ninguno, y coser los bolsillos por fuera.

Otras casas, también napolitanas, prefieren forrar solo los costados para poder coser tanto los bolsillos laterales como el del pecho en el interior de la chaqueta.
¿Qué sastrería es mejor la italiana o la inglesa?

Sinceramente creo que quien mantenga una postura radical hacia una u otra sastrería se equivoca. Y se equivoca porque no hay una sola sastrería italiana o inglesa como tampoco hay un solo sastre en cada una de estas y porque también el trabajo de los sastres evoluciona.

Además de todo esto, no podemos olvidar que un buen sastre está capacitado para hacer el corte que le pida su cliente. Y quien no esté de acuerdo con nosotros que se pase por Anderson & Sheppard y pida que le corten un Rubinacci. Seguro que se sorprendería con el resultado.

Igualmente, a cada uno de nosotros nos puede gustar más uno u otro estilo y no por ello el otro corte es demasiado anticuado o por el contrario demasiado moderno. Si a todos nos gustara lo mismo creo, por ejemplo, que este blog no existiría.

Para mí nuevamente la clave está en el cliente. Dependerá de él y de lo exigente que sea el que consiga un traje mejor terminado. Todos nos esmeramos más en nuestras profesiones cuando sabemos que a quien tenemos enfrente conoce la diferencia entre lo bueno y lo excepcional.

Del Duque de Windsor, Fred Astaire, Cary Grant e incluso del mismísimo Príncipe Carlos han comentado sus sastres que eran clientes difíciles y que no se conformaban con cualquier cosa buscando siempre la perfección en la terminación de sus trajes.
Decía Angelo Blasi: "personalmente no me interesa el cliente a quien se puede satisfacer fácilmente, ese que está inmediatamente contento con mi trabajo. Hay poca satisfacción con un cliente así. Por el contrario dame el cliente exigente. En una palabra alguien que sea igual de perfeccionista que yo y que me obligue a sacar todo mi talento y destreza”.

Dicho esto y después de estudiar la sastrerñia napolitana creo que para calificarla de mejor o peor que la de otras ciudades es de vital importancia conocer nuestro concepto de traje y finalmente de lo que significa la palabra elegancia para nosotros.

Conclusión: Para todos esos lectores que me acusan de “no mojarme” con mi opinión en mis artículos decirles que sin quererme extender mucho yo diría que si lo que buscamos es limpieza de líneas, sobriedad, simplicidad, perfección, ausencia de arrugas y un traje que obedezca a los patrones clásicos de lo que debería ser un traje nuestra decisión debería ser la sastrería europea (inglesa, española, alemana o francesa).

Si por el contrario lo que buscamos es comodidad, estilo, la máxima calidad de mano de obra, naturalidad, diseño, tejidos de calidad excepcional y súper ligeros así como desprender un cierto grado de desenfadamiento parece claro que nuestra opción debería ser la sastrería napolitana.

O dicho de otra forma: la alta sastrería inglesa sigue siendo propietaria de la hechura más perfecta y de la atención al mínimo detalle mientras que la napolitana es única en diseño y en calidad de la mano de obra.
Y después de todo esto, lo más importante: ¿ustedes que opinan?


El Aristócrata

lunes, 16 de abril de 2018

EL ESMOQUIN EN 10 FOTOS



Si bien en julio de 2008 escribimos un extenso artículo del esmoquin, hoy vamos a repasar de manera rápida y con diez fotos las 10 claves del mismo:

A pesar de ser una de las prendas más elegantes, muchos desconocen los secretos y alternativas que brinda este conjunto. Inicialmente creado para fiestas y momentos donde la mujer no estaba presente, hoy sigue presente y de plena actualización. Estudiemos todas las opciones que ofrece y hagamos que nuestro esmoquin se diferencie de los alquilados y de los muchos aburridos que veremos estas fiestas.

1. ¿Chaqueta cruzada o de hilera sencilla? En contra de lo que ocurre con el traje estándar, en el esmoquin la chaqueta de hilera sencilla se considera más formal. Esto es así porque debe acompañarse de una tercera pieza: un fajín o chaleco. Se puede vestir abierta o cerrada y llevará solo un botón que estará forrado con la misma seda y color que el de las solapas. Únicamente el color negro o el conocido como azul media noche deberían entrar dentro de nuestra elección. 
2. ¿Fajín o chaleco? En sus comienzos solo el chaleco era admitido y todavía hoy este se debería preferir por su seriedad. La entrada del fajín fue progresiva ganando protagonismo en las fiestas más informales y cuando bajo climas tropicales se vestía el esmoquin de chaqueta blanca. Era con esta cuando incluso en el fajín se introducía una nota de color. Solo se debería optar por aquellos chalecos de hilera sencilla, bajos de altura, siempre del mismo color que el resto del esmoquin y, a ser posible, con sus cantos rematados a seda y a mano.
3. ¿Solapas terminadas en punta o redondeadas? Hasta que el Duque de Windsor no puso las solapas redondeadas de moda todas terminaban en punta. El hecho de que su hermano mayor el frac las llevara siempre rematadas en punta condicionó al esmoquin. Hoy se alternan ambas terminaciones se trate de chaqueta cruzada o sencilla. No obstante, la informalidad de las chaquetas blancas agradecen las solapas menos serias redondeadas. En ambos casos las solapas estarán rematadas en seda. En lo que no caben opciones es en lo referente a las aberturas. Ni en la cruzada ni en la de hilera sencilla tienen lugar. Recordemos que las aberturas buscan principalmente ganar comodidad al sentarse y el esmoquin se creó para vestirse en fiestas donde la mayoría del tiempo se pasaba de pie.
4. ¿La corbata de lazo negra o de color? ¿De seda o lana? ¿Simétrica o anárquica? A pesar de las nuevas tendencias, la corbata de lazo no debería de ser de color diferente al negro. Si bien con algunos conjuntos la corbata de lazo podría ser de lana, con el esmoquin debe ser de seda y siempre mejor si nos la anudamos manualmente, algo que consigue que sus dos extremos no sean exactamente iguales. Su seda debería ser la misma que la de las solapas de la chaqueta. Siempre mejor si es de una sola pieza y a medida de nuestro cuello.
5. ¿Zapatos Oxford u opera pumps?. Ambas opciones son válidas aunque las opera pumps son más especiales. Asegurémonos de que su lazo esté confeccionado con la misma seda que la corbata de lazo y que la seda de las costuras laterales del pantalón. Las opera pumps de terciopelo son válidas aunque mejor vestirlas en ambientes relajados. De preferir el modelo Oxford el Balmoral quedará muy especial en su terminación charol y con los lazo de seda. El pantalón debería tocar el zapato siendo su boca algo ancha. 
6. ¿Cuello estándar o diplomático?. Sea solo por lo poco que se ve el cuello diplomático, este resulta mucho más personal. Intentemos que la corbata de lazo quede encuadrada entre los picos del cuello no sobresaliendo de ninguno de ellos. Recordemos que el delantero de la camisa del esmoquin es del tipo marcella o piqué y el puño doble resulta obligatorio.
7. ¿Botonadura joya o de madre perla?. Si podemos permitírnoslo no lo dudemos: hagámonos con una botonadura con alguna piedra preciosa de color. Solo aquí permite el esmoquin incorporar una nota de color. Las botonaduras de ónice son una opción mucho más asequible y de elegir el mismo material y color en pechera y gemelos el resultado puede ser muy elegante. 
8. ¿Calcetines de hilo o de seda?. Aunque los de hilo pueden sacarnos de un apuro, son los de seda los más acertados. Intentemos que sean 100% de seda sin mezcla. Obligatorio que lleguen hasta la rodilla, algo que evitará tener que colocárnoslos a lo largo de la velada. 
9. ¿Qué complementos son los más acertados?. Un pañuelo de bolsillo blanco, de lino o de seda, ribeteado a mano añade siempre un toque especial. La historia del esmoquin desaconseja llevar reloj. Pero si aún así necesitamos saber la hora siempre mejor escoger uno de pulsera que de muñeca. Los más clásicos seguro que agradecen en las noches más frías un sombrero Homburg, un largo abrigo Chesterfield cruzado, unos guantes de piel grises y una bufanda blanca. 
10. ¿ La chaqueta de fumar de terciopelo un buen sustituto?. Aún existiendo chaquetas de fumar de gran belleza, el conjunto resultante es más informal no siendo apropiado en celebraciones serias o protocolarias. No obstante, estas chaquetas abren un abanico de lo más interesante en la vestimenta más dandi. 
El esmoquin es una prenda que ni pasa de moda ni ha sufrido modificaciones importes. Por ello, no dudemos en acudir al sastre y darnos un capricho estas Navidades. Permanecerá mucho tiempo en nuestro armario y pronto se nos olvidará el precio pagado por él. 

Solo me queda felicitaros a todos las Navidades y esperando que hayáis tenido un gran 2017 desearos lo mejor para el 2018. Un abrazo muy cordial.

PD Quienes quieran profundizar más en esta prenda encontrarán en la columna de la derecha un video explicativo.
El Aristócrata

lunes, 31 de julio de 2017

EL ESMOQUIN DE CHAQUETA BLANCA



Pocas cosas evocan más el verano que el esmoquin de chaqueta blanca. Su origen se remonta a los años 30 cuando adinerados americanos pasaban sus vacaciones en lugares de clima tropical y a la noche vestían este en lujosos resorts al aire libre o en fiestas a bordo de elegantes cruceros. 

Este tipo de esmoquin recibe en inglés el nombre de Classic Warm-Weather Black Tie por deberse vestir, según protocolo americano, únicamente entre el último lunes de mayo y el 1 de septiembre. En el Reino Unido, por el contrario, este conjunto está considerado como demasiado informal y su uso está mal visto en cualquier época del año. 
La informalidad achacada a esta prenda por los británicos quedó muy bien estampada por la entonces revista de referencia Esquire cuando afirmó que nunca se debería vestir un esmoquin blanco en ciudad “al menos que se tuviera una servilleta en el antebrazo o un saxofón entre los labios”. De ahí que si poco correcto resulta casarse con un esmoquin negro totalmente incorrecto resulte hacerlo con uno de chaqueta blanca. 

De estar en el lugar y momento adecuado, la chaqueta blanca – nada recomendable en las personas de reducida estatura - puede introducir un toque de originalidad y personalidad al esmoquin. Pocas pero importantes diferencias existen entre el esmoquin de chaqueta negra y el de chaqueta blanca. Si en la chaqueta negra, las solapas de pico resultan más formales, en la blanca las redondeadas son más acordes con su aspecto informal. Esta última chaqueta sigue necesitando del obligado pantalón de esmoquin negro y de los zapatos conocidos como “opera pumps”. 
De decantarnos por una chaqueta de hilera sencilla, el fajín es obligatorio. El fajín negro resulta siempre una opción segura, aunque los más dandis encontrarán en la informalidad de la chaqueta blanca el fajín de color o estampado el perfecto compañero con el que incorporar un toque de color en el conjunto. De hecho, en los años 40 era frecuente ver esmóquines blancos con un fajín granate combinando con una corbata de lazo del mismo tono. De querer optar por un chaleco blanco, opción muy popular entre los años 30 y 70, resulta entonces aconsejable decantarse por la chaqueta de solapas de pico y camisa de cuello diplomático; a ser posible de seda. 

En la chaqueta cruzada, sin embargo, se debe prescindir de todo tipo de fajín. A pesar de hablar de chaqueta blanca los tonos hueso o crema son a la larga una mejor opción al no volverse amarillentos. Igualmente, no debería sorprendernos si el sastre nos recomienda un tejido de lino, gabardina o algodón en lugar de la popular lana. Prefiramos uno u otro tejido, huyamos siempre de tejidos sintéticos ya que, entre otras cosas, no transpiran igual. 
Al contrario que en la chaqueta negra, en la blanca las solapas no aparecen cubiertas de seda sino que están rematadas en la misma tela que el resto de la chaqueta. Siguiendo con el mensaje sport de este conjunto, la camisa de cuello estándar resulta más coherente que la de cuello diplomático. No obstante, hoy como siempre, la corbata de lazo negra, a ser posible del mismo tejido que el fajín, sigue siendo la opción más elegante; y por supuesto nunca debería aparecer pre-anudada. 
Tirantes blancos, pañuelo blanco de seda o, en su lugar, uno de color que combine con la botonadura tipo joya son complementos que siempre agradecerá este informal conjunto. De vestir este verano muchas noches de esmoquin, el de chaqueta de blanca se presenta como una alternativa francamente interesante. Aún así recordemos que este debería ser solo una alternativa al siempre más elegante, correcto y formal esmoquin de chaqueta negra. 

El Aristócrata

jueves, 29 de enero de 2015

REGLAS DE ESTILO: COMO IMPACTAR CON UN ESMOQUIN


Es seguro decir que un hombre nunca puede ir más elegante que cuando él está llevando un esmoquin. El esmoquin es elegancia. Es halagador. Es atemporal. Es la quintaesencia, masculina clásica. Si no es el traje que ha llevado en toda su maldita vida, es que está haciendo algo mal.

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No hay límite hacia mi respeto por clásico traje de etiqueta, pero a veces se está de humor para algo más imaginativo. Los puristas, mirar hacia otro lado. Esto no es para ustedes. Dandis, rebeldes y otros tomadores de riesgos sartoriales, tenemos buenas noticias: el negro no es su única opción cuando se trata de ir de etiqueta. Hay un montón de preguntas que deben hacerse cuando se trata de color,  tela y de la manera de ser utilizado.


Tal vez la forma más fácil de mezclar las cosas es jugar con los materiales. Tradicionalmente, un esmoquin está hecha de pura lana. Satén o raso, paramentos que se encuentran en las solapas y botones de la chaqueta, y una raya a juego que recorre el largo del lateral de los pantalones. Es una estilismo que le servirá para cualquier evento, pero no va a ser la opción seria que estamos buscando hoy. 

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Para ello, tendrá que aventurarse en texturas y patrones más valientes. La forma más fácil de esas opciones más aventureros es de terciopelo, un favorito táctil que nunca estuvo fuera de moda durante mucho tiempo. Un blazer de terciopelo puede ser el toque dandi extravagante, al más puro estilo rock 'n roll, dependiendo de cómo se apoye en los accesorios. 

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Si terciopelo es demasiado sutil para su gusto, pruebe los cuadros o una chaqueta de jacquard. Usted está garantizado el éxito gracias a destacar, a menos que el mantel de la mesa donde cene tenga el mismo patrón. 


Cuando hablamos de hacer una declaración, nos referimos a un tipo muy específico: la clase. Así que, aunque no lo recomendaría un esmoquin de neón que parece que fue diseñado para una rave extrañamente formal, estamos definitivamente a favor de ampliar sus horizontes más allá del negro básico. 

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Si no se siente en absoluto nervioso acerca de tomar una zambullida en las aguas más coloridas, se debe empezar de forma sencilla. Optar por un esmoquin azul noche, que en realidad se ve mejor y tiene más profundidad bajo más iluminación que la alternativa negro. Una vez que eres lo suficientemente valiente como para ir más allá de azul. Un gran número de las mejores marcas y de famosos han adoptado el azul media noche como un giro en la tendencia de los últimos tiempos. 

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Para aquellos que están verdaderamente dispuestos a ampliar sus horizontes de color, hay opciones más atrevidas. Tire a la precaución al viento y aprovechar esa vieja magia de Hollywood y vincular una chaqueta blanca con pantalón negro. 


El mundo de la moda masculina el esmoquin es la ostra. No hay ninguna regla que diga que la pajarita tiene que ser negro, excepto cuando se le exija, en cuyo caso cumpla como el caballero que es. En otros casos, condimentar el estilo en la forma que estime conveniente. Como siempre que se mantenga el fit ajustado, los detalles clásicos y los accesorios mínimos, usted puede conseguir presentarse con casi cualquier cosa. Pruebe una camisa de vestir de cambray, una chaqueta cruzada, un patrón de cuadros, o solapas de pico anchas. Como siempre, la clave es la confianza. Si está claro que si a usted  le gusta cómo le queda, a otras personas también les encantará. 

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¿Por qué no separar su ropa formal en sus piezas componentes? O incluso optar por una chaqueta de cena totalmente diferente? Si nos atenemos a los pantalones clásicos negros en la parte inferior, y una simple camisa blanca en la parte superior, la chaqueta tiene rienda suelta para acaparar los flashes. Y acaparar que su chaqueta sin duda lo hará, si se toma el ejemplo de los más audazmente vestidos y jugar con el color, el patrón y la textura. Si el código de vestimenta se inclina más hacia el final elegante e informal del espectro, incluso se puede considerar el acoplamiento de una chaqueta formal con denim oscuro para un alto-bajo combo llamativo. 

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Antes de ir pensando que buscar la locura en chaquetas que buscan nuestra locura interna son sus únicas armas para elevar la modernidad de un esmoquin, debemos hablar acerca de sus piernas. Más específicamente, lo que les está poniendo en. Sus pantalones no tienen que ser de color negro. Ellos ni siquiera tienen que ser pantalones... kilts. Demasiado a menudo descuidamos nuestras mitades inferiores a favor de nuestras americanas, pero no más a los pantalones de ser los de abajo del mundo esmoquin.


Es más difícil jugar con telas aquí, como opciones más aventureros pueden arruinar fácilmente la sensación de corte limpio de su ropa formal, pero los patrones están maduros para la experimentación.

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Desde Lander Urquijo nos ofrecen su opinión sobre la prenda más elegante del vestuario. 
En nuestro caso el desarrollo del esmoquin va aparejado a la propia evolución natural del hombre actual. Con la elección correcta de los tejidos de un esmoquin podemos enfatizar los diferentes aspectos de la prenda. Por esta razón en ocasiones hemos descontextualizado distintos tejidos como el camuflaje para usarlos en una chaqueta de esmoquin. En otras ocasiones como esta temporada hemos diseñado el esmoquin enteramente en un tejido de cuadros. 


Por otra parte, hemos evolucionado algunos elementos del esmoquin como el clásico fajín hasta convertirse en una parte mas del pantalón, cambiando las proporciones de la cinturilla y otorgando a la parte inferior del esmoquin unas dimensiones mas favorecedoras y elegantes acordes a todo el conjunto. Además, el "juego" entre los diferentes tejidos que se produce en las solapas de la chaqueta se reproduce en el pantalón, extendiendo ese diálogo de tejidos al galón o incluso a ese nuevo fajín. 


En definitiva, conservando prácticamente las dimensiones clásicas del esmoquin, intentamos adaptarlo a un hombre que esta en constante evolución, exprimiendo el carácter tanto lúdico como elegante que el conjunto debe tener.