lunes, 28 de septiembre de 2015

El pisa corbatas

tie bars

El otro día tuve una cita con un cliente para ir de compras. Una vez recorrido el centro comercial y terminado con nuestras prioridades, intente hacer el último esfuerzo para convencerlo sobre la importancia de los accesorios. Su respuesta fue “me siento gay”. No tiene nada en contra de ellos, simplemente es un tema de perder virilidad. Estaba en un error.
Así como sabemos que los zapatos dicen más que mil palabras, también debemos de saber que el accesorio hace la diferencia.
Claro que todo va a depender de tu objetivo, pero algo si les tiene que quedar muy claro. Si quieren pasar desapercibidos en México, usen traje, jeans o polo. Me queda claro que en Europa están mucho más avanzados en la creatividad. Mis lectores españoles no me van a dejar mentir. Han roto con los típicos estereotipos y la virilidad empieza a variar. Ahora se considera fashion utilizar una flor en la solapa y se sienten más viriles unos lentes de colores. Hoy si no te atreve a utilizar un accesorio, con un traje, por más fino que sea, vas a ser uno más del montón.
¿Qué pasa cuando estamos en una ciudad, donde nos da miedo aplicar un accesorio? Es raro ver a un ejecutivo usando una flor en la solapa. Eso va a suceder hasta que todos lo tengan aceptado, como fue con los fun socks. En su época con los tirantes y hoy poco a poco con el pisa corbatas.
Pero vamos a hablar de un accesorio que creo yo, hoy ya esta más de moda y que ya está más aceptado. El pisa corbatas. Por excelencia, aquel que estiliza y distingue la corbata, la pieza más importante en la percha de un hombre.
Esta pequeña pieza, que la hay en todos los precios, sabores y colores, es el punto focal. Es decir, cuando te acercas a platicar con un hombre con pisa corbatas, lo primero que vas a ver es la corbata seguida del accesorio y finalmente pondrás atención en lo que dice esa persona. Entonces, un pisa corbatas te va a distinguir dentro de un grupo o evento. Sobresalir, es parte importante de la imagen.
tie clip
Les dejo fotos sobre este accesorio que créanme es mucho más viril de lo que ustedes creen. Depende de tu objetivo, pero si buscas hacerte notar, aprende a utilizar este accesorio que te puede poner en la mira de tu jefe o por que no, de tu futura novia.

lunes, 21 de septiembre de 2015

LAS CLAVES DE UNA BUENA CHAQUETA



A las puertas de empezar un, creemos, merecido descanso estamos ultimando los dos artículos con los que daremos por concluido el “año académico”. Uno será el dos piezas ya terminado de Gonzalo Larrainzar y el otro la chaqueta vaquera de Joaquín Fernández– la cual nos deparará alguna sorpresa. Como ambos artículos tendrán a una chaqueta por protagonista creo que es importante recordar las notas básicas en las que fijarnos a la hora de adquirir una chaqueta, sea a medida o de confección.

Como ya hemos apuntado en esta página en diferentes ocasiones, de poco vale contar con una gran marca en el interior de nuestro traje si este hace arrugas, no nos sienta bien o sencillamente su estilo nos deja indiferente. Si hace dos semanas hablábamos de cómo debería quedar el pantalón de traje, en esta ocasión queremos estudiar los puntos principales en los que fijarnos para asegurarnos haber dado con la chaqueta adecuada.
La proporción. Como norma general indicar que la longitud de la chaqueta debería medir exactamente la mitad de la distancia comprendida entre el comienzo de nuestro cuello hasta el tacón del zapato. Otra fórmula para calcular el correcto largo de la chaqueta es dejar caer el brazo e intentar que dicho largo quede a la altura de los nudillos.

El cuello. El cuello no se deberá desbocar, y tanto cuando estemos sentados como cuando estemos de pie tiene que estar en continuo contacto con la camisa. Igualmente, debería tapar ligeramente los picos del cuello de la camisa. Por la parte trasera de la chaqueta debería asomar el cuello de la camisa al menos un dedo.
Las mangas. Una costumbre bastante extendida en todo tipo de latitudes es llevar las mangas de la chaqueta largas y las de la camisa cortas. Lo correcto, sin embargo, es que las mangas de la chaqueta se extiendan hasta el extremo del cúbito, y que desde ahí al comienzo de los huesos carpianos se vea el puño de la camisa.

Los hombros. Con el objetivo de conseguir una línea lo más estética posible es aconsejable apostar por hombros naturales, y para ello es importante cerciorarnos de que el hombro de la chaqueta no se extienda más allá del límite del nuestro.
Las hombreras. Estas deberán también terminar donde termine nuestro hombro, ya que de no hacerlo se producirán arrugas, sobre todo al doblar el brazo, en el hueco que se forma entre donde termina la hombrera y nuestro brazo.

La espalda. La espalda debe caer de manera limpia y sin que se produzcan arrugas; independientemente de que la chaqueta esté o no abotonada. Es importante asegurarnos que en parte alta de la espalda, a la altura del cuello, no se formen tampoco arrugas.
Las solapas. Estas deben dibujar la línea del pecho y no abrirse en ningún momento.

El frontal. Si al abotonarnos la chaqueta en su frontal aparece una arruga con forma de “X”, la chaqueta queda estrecha. Sin embargo, si no la sentimos una vez abotonada seguramente sea porque esta nos esté grande.
Si esto habla de la buena hechura de una chaqueta, hay otros detalles que lo hacen también  tanto de la calidad de la prenda como del nivel de la mano de obra empleada.

Los botones. Unos botones de algún compuesto natural como corozo o asta de ciervo hablarán siempre mejor de nuestra chaqueta que lo que harían unos de plástico.

Los ojales. Los ojales, tanto el de la solapa como los de las mangas deberían, además de ser practicables, haber sido también cosidos a mano.
El interior. Aunque el interior de la chaqueta se ve poco, detalles como un faldón cosido a mano, unos bolsillos interiores rematados artesanalmente y un buen forro también hablan de la calidad de la prenda.

Otros detalles como la propia construcción de la chaqueta, incluidas entretelas y refuerzos, el picado a mano de las solapas, los vivos a mano, el doble picado etc. terminan de rematar una buena chaqueta.
Dicho todo esto, de nada servirá que nuestra chaqueta cumpla con todos estos requisitos si no nos transmite emoción alguna. Por ello, es preferible que la chaqueta tenga alguna imperfección pero desprenda estilo a que sea tan perfecta que nos deje indiferentes. Por norma general la perfección no es elegante.
El Aristócrata

lunes, 14 de septiembre de 2015

¿CÓMO LIMPIAR LOS ZAPATOS?



Como respuesta a la petición de Eneko esta semana voy a intentar explicar el proceso a seguir para limpiar un buen par de zapatos. Antes de entrar a narrar dicho proceso es importante tener presente que la forma de llegar a unos zapatos limpios puede diferir bastante de unos a otros por lo que esta es solo una forma más. Para afrontar la agradable rutina de la limpieza de unos buenos zapatos es necesario además de contar con los productos idóneos también conocer su correcto orden en su utilización.

El proceso de limpieza del calzado se acometerá con éxito de contar con los siguientes productos:

-          Un cepillo para quitar el barro y la suciedad más visible. Este puede ser de cerdas de buey o de cerdo. Las fuertes cerdas de estos cepillos permiten eliminar el barro seco y otros restos de suciedad que pueden haberse quedados pegados al zapato. Si no se cuenta con ninguno de ellos, una esponja humedecida con agua caliente también puede ser un buen remedio para eliminar el barro y otras manchas adheridas a la piel del zapato. De utilizarse dicha esponja humedecida es recomendable dejar secar el zapato antes de aplicarle el betún. 
-          Un cepillo para cada color de zapato de pelo de caballo. Este tipo de pelo es más suave que los anteriormente nombrados. Estos cepillos se utilizarán para administrar el color por lo que es importante evitar el uso de un sólo cepillo para la aplicación de las diferentes tonalidades. Hay que evitar que los restos secos de color que pueda haber en los cepillos terminen mezclándose afectando al  color del zapato a limpiar. En defecto de este cepillo se podrá aplicar, igualmente, el color con una gamuza. El uso de esta gamuza es particularmente recomendable en aquellos zapatos que tengan dos colores ya que el cepillo no permite tal precisión en la aplicación de los colores.

-          Un cepillo para abrillantar el zapato de pelo de cola de caballo. Al igual que ocurría con los cepillos utilizados para aplicar el color, también con los cepillos de abrillantar se necesitará contar con tantos como colores tengan los zapatos que se guarden en el armario. Su misión es servir de ayuda para pulir el betún que se aplicó al zapato. Igualmente, de no contar con este cepillo, un paño suave puede sustituirle. 
-          Un betún para todas y cada una de las tonalidades de zapatos con que se cuenten. Se evitarán a toda costa los betunes con aplicador ya que además de ser la gran mayoría de una calidad ínfima nunca proporcionan el acabo de las cremas líquidas. 

Una vez se tengan estos tres tipos de cepillos es el momento de empezar con el ritual semanal de la limpieza de los zapatos; ritual de gran sencillez que de seguir los siguientes pasos:

Lo primero que se deberá hacer será retirar los cordones para que no molesten y la limpieza pueda llegar a todos los rincones de los zapatos. Una vez apartados dichos cordones se quitará toda la suciedad visible del zapato con el cepillo de cerdas de buey. De no hacer desaparecer estas manchas antes y aplicar el betún sólo se conseguirá tapar dicha suciedad pero no eliminarla. Por ello, es importante insistir y no seguir con el limpiado hasta que no esté el zapato totalmente libre de manchas visibles.
El betún se aplicará con movimientos circulares hasta que se aprecie que todo el zapato ha sido cubierto uniformemente por él. Resulta siempre más acertado aplicar varias capas finas de betún que una gruesa ya que aplicando capas finas la piel del zapato absorbe poco a poco el betún y será más fácil saber si necesita más o por el contrario ya es suficiente. Entre capa y capa siempre es conveniente dejar pasar algunos minutos para que el betún penetre bien en la piel.

Si se trata de zapatos semi o full-brogue resulta de vital importancia asegurarse de que después de la aplicación del betún en dichas perforaciones no quede restos de éste. En el caso de que se apreciara algún sedimento habrá que cepillar los zapatos hasta que no haya resto alguno.  
Una vez el zapato cuente con el betún necesario se puede aplicar sobre el mismo unas gotas de agua, o incluso de saliva, para además de limpiarlo y pulirlo conseguir luego con el posterior cepillado y frotado un brillo natural. El proceso del frotado es fundamental y solo aquel que sea aplicado con rapidez y contundencia conseguirá el resultado más brillante.

La parte del zapato que antes pierde su aspecto inicial es la suela. Para devolver a la suela su aspecto original existen aceites que ayudan a recobrar el tinte originario. La aplicación de este aceite es recomendable sobre todo después de un día de lluvia ya que devuelve el confort y la elasticidad a la suela del zapato.  
Es de vital importancia prestar atención al aspecto tanto de la suela como del tacón y no dar lugar a que termine apareciendo un agujero en la suela o, en su caso, se deforme el tacón o la puntera. En cuanto se aprecie que la parte de la suela que más en contacto está con el suelo se empieza a desgastar o que la punta del zapato o su tacón empiezan a perder su aspecto originario es recomendable acercarlos al zapatero para que los repare o si fuera necesario cambie las partes afectadas.

Aunque no resulta fácil encontrar zapateros a los que no les importe descoser la suela dañada y coser una nueva siguiendo el mismo proceso que se siguió cuando se construyó el zapato se debería intentar que la reparación fuera siempre una reconstrucción integral y no un mero lavado de cara de la suela antigua. Las suelas que se pegan, o que en el mejor de los casos se cosen, sobre las suelas originarias sólo son un parche que ningún zapato de calidad se merece. 
Conseguir una reparación integral de la suela no es fácil de no enviarlos a la casa de donde salieron por conllevar una gran carga de trabajo. Sin embargo, la larga tradición de zapateros españoles permite que incluso hoy se puedan encontrar profesionales a los que no les importe devolver a la vida hasta a los zapatos más maltrechos.

Para terminar este artículo, mencionar, una vez más, que son esos zapatos de calidad que cuentan con muchos años en sus suelas los que terminan resultando más cómodos. Por ello no debería importar, llegado el momento, incluso hacerles un remiendo. Esto hablará además del cariñó que su propietario tiene por ese par de zapatos también de la calidad de los mismos.

El Aristócrata 

lunes, 7 de septiembre de 2015

EL PITTI Y SUS DANDIS: ELEGANCIA O EXHIBICIONISMO



Esta semana ha echado el telón la octogesima octava edición de la Feria Pitti Uomo; sin lugar a dudas el evento más importante a nivel mundial relacionado con la moda del hombre. Esta Feria que empezó como punto de encuentro para mostrar las creaciones de los diseñadores italianos hoy es el escaparate en el que quieren exponer las mejores marcas de hombre de medio mundo.

Sin embargo, cada nueva edición pone más de manifiesto la perdida de ese interés originario recayendo este hoy en unos cuantos personajes de moda que se han apoderado del verdadero motivo de la Feria. Estos personajes, muchos de los cuales de todo lo que pueden presumir es de contar “solo” con una tienda de ropa han sido elevados a la categoría de estrellas por los conocidos como “blogueros” y por los seguidores de estos. Estas nuevas “estrellas” en  vez de informarse de lo que pasa en el interior de la Feria prefieren esperar a su entrada para que se les acerque cuanta más gente mayor y les pidan fotografiarse con ellos.
Seguro que todos podríamos entender que un chaval de doce años al ver a su ídolo del balón corriera a pedirle un autógrafo. Sin embargo, parece mucho más difícil de comprender como “tíos hechos y derechos” esbocen su mejor sonrisa para posar con sus nuevos ídolos. Una vez publicadas las fotos estas las acompañadas por descripciones donde la palabra “dandi” suele estar presente. No obstante, quizás sería interesante que antes de usar dicha palabra echaran un vistazo a la hemeroteca y se fijaran y estudiaran a los originarios dandis del S. XIX.

La realidad es que poco queda de aquellos dandis ingleses y franceses del S.XIX que reivindicando una nueva manera de vestir disfrutaban de una vida alejada de los anodinos quehaceres del resto de mortales. Aquellos dandis buscaban despertar la admiración de su sociedad con una revolucionaria indumentaria que reclamaba la ruptura con el pasado más formalista y recargado. No deseaban destacar en sus profesiones pero sí hacerlo por su relajada manera de vida, por ser marcadores de tendencias, vivir de su imagen y aspirar a pertenecer a grupos sociales que por cuna no les correspondían. Sentían que estaban un escalón por encima del resto de los humanos y esto les autorizaba a no tener que prestar atención a las leyes que aplicaban al resto de ciudadanos e incluso a permitirse la osadía de ser consejeros y amigos de reyes y gobernadores.
Su arrogancia y belleza alejaba al dandi de esa gran masa con la que se cruzaba y que con envidia intentaba imitar su pretenciosa pose. Su actitud rebelde le aseguraba un final convulso y temprano. Basta recordar la situación pecaminosa en la que murieron laureados dandis como Brummell, Baudelaire, d´Orsay o hasta el propio Oscar Wilde para entender lo que el implacable destino tenía guardado a esa vida contestataria e inconformista. Aunque imposible sería extrapolar el dandi del S.XIX al del S.XXI, hay ciertas características de aquel primer dandi que a pesar del tiempo transcurrido siguen hoy muy presentes. Fijémonos, por ejemplo, en esa estética de rebeldía para comprobar como hoy todavía el individualismo del dandi le aleja, y hasta le enfrenta, a lo considerado como correcto por su sociedad.

Concluida una nueva edición del Pitti Uomo a ella nuevamente han acudido los dandis de nuevo cuño con el claro objetivo de convertirse en los verdaderos protagonistas de la exposición. Aunque entre estos, al contrario de antaño, no parecen abundar poetas, escritores o artistas, al menos sí hay que reconocerles que coinciden con aquellos en su objetivo de alejarse de la estética imperante de su tiempo. Si los dandis del S. XIX se rebelaron contra la recargada vestimenta de su época , los de ahora lo hacen contra la uniformidad y el aburrimiento que impera en la calle del S.XXI.
El dandi contemporáneo sonríe despreocupado ataviado con trajes cruzados de sastre. Lejos de los estampados lisos prefiere cuadros ventana o dibujos diplomáticos. Huye del extendido azul marino y da entrada a colores vivos en sus abrigos cruzados y en sus complementos. Colores verdes botella o azules claro en sus trajes reflejan su extrovertido carácter personal. Las más exclusivas franelas y cachemiras ganan la partida a los tejidos más corrientes de lana. El dandi moderno recupera complementos ya olvidados o pertenecientes a otra época. Sombreros de fieltro, pañuelos de bolsillo alegres, guantes de piel, atrevidos dos y tres piezas, zapatos de doble hebilla de ante, pashminas o alegres calcetines son su arma con la que mostrar su total indiferencia hacia la masa uniformada que lo observa con un sentimiento entre de sorpresa y repulsa.

Este dandi es un pintor que busca ser la figura principal del cuadro que sale de sus dedos. Él y nadie más que él es la obra de arte que todos deben admirar e intentar - sin éxito – imitar. No sigue modas, sencillamente él es quien las decide y quien, con su elaborada puesta en escena, y animado por las reiteradas peticiones de fotografiarse con él, consigue la glorificación de su más alto ego. Un ego que en muchas ocasiones hace que su ropa y puesta en escena esté más cerca del más absoluto ridículo que de la más remota elegancia.
Aunque el dandi que hoy pasea por el Pitti Uomo basa prácticamente todo su protagonismo en  una estudiada imagen exterior, hubo un tiempo, ya lejano, donde los actores de aquel movimiento conocido como dandismo se ganaban la admiración y el respeto por sus ideas liberales, su arrolladora personalidad, su amor por la lectura y su preocupación por lograrse la mejor preparación académica posible. ¡Ojalá los nuevos dandis se fijen en estos y completen su llamativa puesta en escena con cierta vivencia interior cultural. Ojalá sean conocedores de que la verdadera elegancia se muestra de forma mucho más natural, sin forzar y estudiar tanto los conjuntos. Y ojalá también terminen entendiendo que pocas cosas hay tan elegantes como la sencillez y una clase no forzada y espontánea”.


El Aristócrata