lunes, 25 de noviembre de 2019

UN ESMOQUIN DE SASTRE PARA MUJER



Curiosamente el 28% de lectores de este blog son mujeres. Unas me imagino porque les gusta lo que aquí se habla y otras sencillamente porque en él encuentran inspiración para ayudar a vestir a sus parejas.

Las mujeres son mucho mas permeables a la moda de lo que todavía es el hombre. Su concepto de belleza no tiene porqué obedecer a la de la hechura perfecta. Buscan vestidos, trajes, colores, cortes que les benefician y les hace sentirse más guapas y atractivas. Su uniforme dista mucho del nuestro y disfrutan enormemente vistiendo, yendo de compras y enredando en su armario. Son sencillamente conceptos diferentes que aunque en algunos puntos pueden coincidir en la mayoría son diferentes
Aunque son muy pocas las mujeres que alguna vez han acudido al sastre, prefieren como es lógico los talleres de diseñadores, todavía las hay que a la hora de hacerse su vestuario de caza, un traje de chaqueta o, como es el caso, un esmoquin acuden a este en busca de un corte más artesanal. En este tipo de prendas clásicas donde la hechura que se busca puede asemejarse a la del hombre, las tijeras de un buen sastre dan sorprendentes resultados. 
Aprovechando la invitación  de la marca alemana Glashütte Original, casa de la que soy cliente y gran admirador, a la Berlinale, festival de cine de Berlín, José María Reillo hizo un esmoquin a una de sus clientas, clienta con la cuál compartí además de estrenos tiempo en Berlín y me permitió conocer de primera mano este traje. Y no porque estuviera cosido todo a mano, ni por las horas de artesanía que tenía detrás, sino por lo bien que le quedaba y lo mucho que resaltaba su delgada figura entendí porqué todavía el esmoquin a medida para mujer sigue teniendo un hueco reservado en el trabajo de muchas sastrerías.  
La chaqueta era de un terciopelo azul marino de la casa Holland & Sherry y el pantalón negro azul noche de la misma casa escocesa. Me comentaba Goiuri que prefirió que la chaqueta fuera de terciopelo pues la mujer que viste de esmoquin no lo hace por protocolo, como el hombre, o por asistir a un acto muy formal de noche, sino que lo hace en actos arreglados pero donde su contraparte no tiene porqué ir también con esmoquin. Y el terciopelo siendo menos formal que las típicas lanas de mohair aporta ese toque elegante y chic que puede buscar una mujer a la hora de salir con él a una cena elegante o a un estreno de cine. 
El pantalón es el clásico de esmoquin, pero obviamente buscando resaltar mucho más la anatomía de la mujer. Es más estrecho tanto en el trasero como a lo largo de toda la pierna. Y mucho más corto para que no arrastre cuando se lleve tacón. La chaqueta es bastante parecida a la de hombre pero es sensiblemente más corta buscando la finalidad nombrada de buscar una silueta más sexy. Las vistas se dejaron en seda azul media noche. Como particularidad nombrar que Don José María no hace costuras laterales en las chaquetas de terciopelo pues como comenta con el uso de la plancha puede marcarse mucho la costura. La ausencia de esa costura y de aberturas laterales da mucha fluidez al conjunto y estiliza más la figura. La chaqueta abotonada se encaja más en la cintura, aunque obviamente esto variará se trate de una mujer delgada o corpulenta. 
En el caso de la mujer, también en el de muchos hombres, se busca la terminación de las solapas en pico pues alarga la figura. La anchura de estas si es importante pues jugando con ellas se puede anchar o estrechar el torso, algo clave en la imagen de la mujer. Otra diferencia importante con el esmoquin de hombre es la ausencia de tirantes o pletinas en el pantalón. En el esmoquin de la mujer el pantalón debe caer en la cadera, no en la cintura, y estar bien ajustado. Deberá ser la anchura de la propia cadera la que impida que el pantalón pueda caerse; de ahí que un buen ajuste sea clave. 
Tampoco se hace acompañar ni de fajín ni de chaleco. En el esmoquin de hombre ambas piezas además de conseguir un precioso efecto estético llegan a disimular algún posible kilo de más. Sin embargo, la mujer busca enseñar su figura y es lógico que prescinda de él. Una camisa blanca de seda o incluso una de pechera de mujer son ambas opciones muy elegantes. Goiuri, sin embargo, prefirió acompañar su esmoquin de un corset de Agent Provocateur. 
Obviamente, el uso de corbata de lazo es muy poco recomendable y un cuello abierto acompañado de un bonito collar conseguirá mejores beneficios estéticos. La confección de la prenda es idéntica a la del esmoquin de hombre: toma de medidas, patrón, corte, confección y las correspondientes pruebas. Y por supuesto todo cosido a mano. 
Indudablemente, no creo que muchos nos fijemos al mirar a una mujer en si su vestido o traje está confeccionado a mano. Pero qué duda cabe que si además de quedarle bien, resaltar su figura y hacerla atractiva está realizado artesanalmente cobrará un toque especial además de contarnos muchas cosas de quien decidió acudir a un sastre para hacerse con su esmoquin. 

El Aristócrata

lunes, 4 de noviembre de 2019

LA SASTRERÍA NAPOLITANA

A lo largo de los años habéis sido muchos los que de manera abierta o a través de peticiones privadas reclamabais que se escribiera un artículo sobre la sastrería italiana y más concretamente sobre la sastrería Napolitana.

Antes de entrar en profundidad a hablar de este tipo de sastrería es importante tener en cuenta que la sastrería Napolitana ya no es exclusiva de los sastres Napolitanos y que hoy al ser este estilo muy demandado sastres de otras ciudades, e incluso de otros países, practican también la técnica utilizada por los sastres napolitanos.

Por ello, aunque todos podamos tener en mente una serie de diferencias básicas entre, por ejemplo, el estilo inglés e italiano es importante recordar que no siempre ciertas características son exclusivas de uno u otro corte. Es más, lo que hoy mucha gente denomina de forma genérica corte italiano no siempre coincide con el tipo de corte de ciudades como Milán o Roma.

Igualmente, es importante no olvidar que en Nápoles e incluso en Roma hay tantos estilos como sastres existen y generalizar como hoy se hace sobre el corte napolitano, milanés o romano es dejar de lado muchas consideraciones.

Y para terminar estas notas introductorias también hay que tener en cuenta que el trabajo del sastre evoluciona en el tiempo y que una chaqueta cosida hace quince años por, por ejemplo, Rubicciani diferirá bastante de la última chaqueta que abandonó su sastrería.
La sastrería alemana y francesa

Dicho todo esto, también es importante recordar a los más fervientes seguidores de la sastrería napolitana que al igual que en todos los países hay caballeros que cuidan con gran esmero su vestimenta también hay buenos sastres en prácticamente la totalidad de los países de la vieja Europa.

Y quien no esté de acuerdo con esta afirmación le recomiendo que profundice en los requisitos y los años de experiencia que se exigen en Alemania para poder poner en la puerta de una sastrería las palabras Maestro Sastre.

Mención aparte requiere Francia. No deja de ser curioso observar como en Francia, país que todavía ocupa la cúspide de la alta costura femenina, cada día resulta más difícil encontrar caballeros que vistan elegantemente de traje. Y eso que no hay que olvidar que en Paris en un tiempo atrás se establecieron muchos de los sastres y camiseros ingleses e italianos más reputados.

Los mismos Henry Poole, Caraceni y Cifonelli y Hilditch & Key, abrieron todos en Paris aunque hoy excepto la casa italiana Cifonelli y el inigualable también italiano Camps De Luca ya nadie queda en Paris y los italianos, y la mayoría también de los ingleses, que fueron un día a Francia volvieron a su país sencillamente porque los caballeros franceses no demandaban ya sus servicios.
Y todo ello sin olvidar que en Francia los caballeros llegaron a vestir francamente bien como atestigua la elegancia de actores de la talla Noiret, Belmondo o Gabin.

Dicho todo esto, es de justicia admitir que hoy son el Reino Unido e Italia los dos países referentes a la hora de vestir.

El denominado British Style tiene toda una historia detrás mientras que el denominado Stile Italiano es algo reciente. Con total confianza podemos afirmar que Nápoles sin Savile Row no hubiera alcanzado las cotas de calidad y perfección con las que hoy cuentan sus principales sastrerías.

Como ya dijimos en aquel artículo donde comparábamos el British Style con el Stile Italiano es de justicia admitir que si hoy hay una forma de vestir que traspasa fronteras esa es la italiana. Sin embargo, tampoco nadie debería dejar de admitir que si el estilo italiano y concretamente la sastrería napolitana ha alcanzado tales niveles de perfección es porque tenía donde fijarse y a partir de ahí crear ese estilo tan particular.
El por qué de Nápoles y Londres

Puede parecer lógico que la mayoría de los hombres mejor vestidos del Reino Unido se concentren en Londres. El poder económico de la capital inglesa así como el aglutinar muchos bancos tanto nacionales como extranjeros, despachos de abogados, sedes de multinacionales, auditoras, consultoras y otros lugares donde se cuida con especial esmero la forma de vestir ha hecho que desde hace dos siglos los más reputadas sastrerías y camiserías abrieran allí sus puertas.

Sin embargo, algo que llama poderosamente la atención es el hecho de que independientemente de que ciudades como Milán o Turín hayan sido el centro financiero de Italia, sea precisamente una ciudad de poco más de un millón de habitantes la que mejor haya sabido guardar la tradición. Nápoles es hoy el referente del buen vestir y la Meca a la que acuden los caballeros más elegantes del mundo en busca de ese corte tan característico.

Quizás el principal motivo de todo esto sea el hecho de que en Nápoles la tradición tenga, en todos los aspectos de su sociedad, mucha importancia. Solo como ejemplo apuntar que la gran mayoría de los caballeros napolitanos no entendería acudir a cenar a uno de esos lugares fashion que tanto abundan en las ciudades europeas y prefieran acudir a las Trattorias de toda la vida.
No deja de ser igualmente curioso el que en Nápoles la camisería a medida esté más extendida que en cualquier otro sitio en el mundo y sus propios habitantes elijan acudir a la camisería a medida y no al RTW a la hora de comprar sus camisas. La camisería a medida está tan extendida en Nápoles que sus precios son francamente competitivos de compararse con los de las principales ciudades europeas.

Es tal el poder de la tradición en Nápoles que es de los pocos sitios de Europa donde los caballeros todavía siguen yendo a las barberías y no a las peluquerías tal y como se conocen aquí.

De la misma forma, a nadie le debería sorprender encontrar señores de 70 años que solo tengan en su armario trajes a medida. Y esto no es porque sean presumidos; es sencillamente porque así han sido siempre las cosas allí y para sus habitantes resulta inconcebible que fuera de otra forma.
El comienzo de la sastrería Napolitana

Durante los años dorados del vestir masculino, los años 30, la elegancia de Cary Grant (quien por cierto era también cliente de la sastrería romana Caraceni), de Fred Astaire o de David Niven se apodera de la gran pantalla y su manera de vestir es imitada, o al menos se intenta, por los caballeros de la época.

Y es precisamente a partir de los años 30 donde el conocido hoy como estilo napolitano empieza a florecer.

Es concretamente con la unión de los míticos sastres Attolini y Rubinacci cuando nace en los años 30 la archiconocida London House. Es concretamente la London House y otro sastre italiano hoy ya elevado a mito por los estudiosos de la aguja, Angelo Blasi, quienes empiezan a desestructurar las armadas chaquetas inglesas imprimiendo ese toque único que desde hace unos diez años atrás ha ganando la partida a los sastres de la Row.

Para los amantes de este corte y reforzando la idea con la que abríamos este artículo de que no es bueno generalizar al hablar del corte napolitano apuntar que todavía hoy se dice que en Nápoles existen dos escuelas: la de Blasi y la de Attolini.

La principal diferencia es que el corte de Blasi es algo más estrecho de hombros y su chaqueta algo más armada, más tipo inglesa, mientras que la hechura de Attolini es algo más ancha. Los seguidores de Attolini mantienen que fue él quien desestructuró la chaqueta de Blasi, le quitó las hombreras y empezó a coserla entretelas muy finas dando lugar a lo que hoy la gente evoca cuando piensa en un traje napolitano.
Aunque el párrafo anterior podría hacer “correr chorros de sangre” entre los fervientes seguidores de una y otra corriente, lo que parece claro es que la sastrería italiana encontró en la alta sastrería inglesa el perfecto espejo en el que fijarse, imprimirle su propio estilo y crear un traje de una enorme comodidad.

Comodidad que consiguen olvidándose del forro, prescindiendo o utilizando finísimos paddings y escogiendo solo telas de tacto exquisito así como de una enorme ligereza y elasticidad.

Quien haya tenido la oportunidad de vestir uno de estos trajes habrá sentido la sensación de ir vestido de sport y no con traje alguno. El que apenas pesen los trajes resultantes y la facilidad de movimientos que permiten sus telas hacen que se adapte de forma totalmente natural al cuerpo. Esto hace que transmitan la sensación de ir, permitirme la expresión, como si se fuera con ropa de deporte. Y si lo que buscamos es esto hay que reconocer que como los Napolitanos ninguno.

De Londres a NápolesSi bien es de justicia admitir que desde hace ya diez años es la sastrería italiana y más concretamente la napolitana la que domina el mundo de la alta sastrería también lo es el hecho de que Nápoles no sería lo que hoy es sin, por un lado, un buen marketing y por otro Savile Row.
Así por ejemplo, resulta apropiado recordar que el mismísimo Rubinacci envió a SR a un miembro de su familia para que aprendiera el trabajo de los sastres londinenses y lo exportara a la London House de Nápoles.

También el sastre de Roma, Tommy Caraceni, fue enviado por su padre en los años 30 a Henry Poole para que entendiese y aprendiese la forma de trabajar de la que por aquel entonces era considerada una de las mejores sastrerías del mundo.

Otro ejemplo fue Arturo Cifonelli quien aprendió la profesión de su padre Giuseppe en Roma pero en vez de quedarse en Roma también se marchó a SR. En 1911 decidió volver a Italia y en 1930 terminó abriendo su tienda en París; donde hoy todavía sigue esta sastrería.

Si de los años 30 a los años 60, SR es el centro mundial de la más alta sastrería después de esta fecha se empiezan a invertir las tornas y la más actual y natural sastrería italiana gana año tras año más popularidad y los ojos de los consumidores de este arte que es la sastrería a medida empiezan a fijarse en ella.
Sus principales características

Los italianos han adaptado el estilo clásico inglés a los nuevos tiempos estilizándolo y desestructurándolo lo que ha dado lugar a lo que hoy se conoce popularmente como el estilo Napolitano.

Este característico corte se diferencia por contar con apenas “relleno” o entretelas, no tener forro excepto en la las mangas y carecer de estructura. Si bien todas estas características se pueden encontrar en otras ciudades italianas con elevadas temperaturas seguramente sea el archi conocido hombro napolitano la nota más característica del estilo napolitano.

Tampoco podemos olvidar esos tejidos de enorme ligereza y comodidad que nadie como sus sastres saben elegir para combatir las elevadas temperaturas de Nápoles. ¡Y eso que la gran mayoría de ellas todavía proceden del Reino Unido!

Son precisamente estas características las que hacen tan atractivos y hasta objeto de culto los trajes que cortan las tijeras de los más aventajados sastres napolitanos. Sin embargo, antes de dar por bueno la idea generalizada de que la terminación de estos trajes es la más avanzada y la más exquisita es importante hacer alguna puntualización.

El cliente de la sastrería más purista napolitana debe saber que estos trajes dan la sensación de estar más próximos a un conjunto de sport que a uno de chaqueta. El aspecto ligero del traje napolitano le quita formalidad y no deberíamos sorprendernos de escuchar de alguna voz autorizada que esto no es un traje y que además su construcción tiene mucho más de mito que de realidad.
También es importante recordar que si la tela no es de una calidad excepcional y confeccionada pensando precisamente en que no será cosida con forro alguno es muy probable que termine arrugándose de forma rápida. Y por supuesto si no se acude a la cuna de esta sastrería es mejor asegurarse un buen corte de “la vieja escuela europea” que innovar este corte con uno de nuestros sastres.

Este tipo de confección consigue resultados espectaculares con los trajes cruzados. Las DBJ tan demandadas y bien vestidas en el país de la pasta envuelven con una gran naturalidad y estilo a sus afortunados propietarios.

Como acabamos de apuntar uno de los rasgos más característicos del estilo Napolitano es la forma en la que se cosen las mangas a los hombros. Apenas se forma el conocido popularmente como “chorizo” y tampoco se aprecia apenas la costura donde se unen el hombro y la manga.

La terminación de la hombrera es redondeada. Igualmente, en muchos casos se aprecian pliegues a la altura de la costura del hombro. Esto último es así debido a que la chaqueta no cuenta con apenas hombrera y en la caída natural de la tela no queda más remedio que aparezcan éstas; algo que hoy hasta se exagera para reclamar el sello de “hombro napolitano”.
A esto hay que unir que para ganar comodidad la extensión de la tela del brazo que se une con la hombrera es más larga que la del diámetro de la hombrera. Esto obliga al sastre a, con mucha pericia y siempre a mano ya que las máquinas de coser no permiten coser dos trozos de tela de diferente extensión, introducir el sobrante de la manga en el hombro. Es precisamente esto lo que hace que aparezcan en muchos casos esos pliegues de los que estamos hablando.

Con todo esto se consigue una caída del hombro totalmente natural donde apenas se aprecia la existencia de la hombrera; entre otras cosas porque ya de por sí la propia hombrera es mucho más delgada de la que estamos aquí acostumbrados.

Otra de sus características principales es que, guardando las diferencias, se asemeja en gran medida al corte del hombro de una camisa; lo que los sastres napolitanos denominan como spalla camicia.Es importante nuevamente mencionar que si bien ciertas características, como la ausencia de padding en la hombrera, son comunes a la mayoría de los sastres napolitanos, otras como la mayor o menor limpieza de líneas dependerá de cada casa.

El no contar con forro les obliga a coser los bolsillos sobre la chaqueta en forma de parche, es decir, sobre la tela de la chaqueta y no con un bolsillo interior. Por eso es hoy tan frecuente observar como los sastres napolitanos han preferido dejar el interior de la chaqueta limpio, sin que se aprecie forro ninguno, y coser los bolsillos por fuera.

Otras casas, también napolitanas, prefieren forrar solo los costados para poder coser tanto los bolsillos laterales como el del pecho en el interior de la chaqueta.
¿Qué sastrería es mejor la italiana o la inglesa?

Sinceramente creo que quien mantenga una postura radical hacia una u otra sastrería se equivoca. Y se equivoca porque no hay una sola sastrería italiana o inglesa como tampoco hay un solo sastre en cada una de estas y porque también el trabajo de los sastres evoluciona.

Además de todo esto, no podemos olvidar que un buen sastre está capacitado para hacer el corte que le pida su cliente. Y quien no esté de acuerdo con nosotros que se pase por Anderson & Sheppard y pida que le corten un Rubinacci. Seguro que se sorprendería con el resultado.

Igualmente, a cada uno de nosotros nos puede gustar más uno u otro estilo y no por ello el otro corte es demasiado anticuado o por el contrario demasiado moderno. Si a todos nos gustara lo mismo creo, por ejemplo, que este blog no existiría.

Para mí nuevamente la clave está en el cliente. Dependerá de él y de lo exigente que sea el que consiga un traje mejor terminado. Todos nos esmeramos más en nuestras profesiones cuando sabemos que a quien tenemos enfrente conoce la diferencia entre lo bueno y lo excepcional.

Del Duque de Windsor, Fred Astaire, Cary Grant e incluso del mismísimo Príncipe Carlos han comentado sus sastres que eran clientes difíciles y que no se conformaban con cualquier cosa buscando siempre la perfección en la terminación de sus trajes.
Decía Angelo Blasi: "personalmente no me interesa el cliente a quien se puede satisfacer fácilmente, ese que está inmediatamente contento con mi trabajo. Hay poca satisfacción con un cliente así. Por el contrario dame el cliente exigente. En una palabra alguien que sea igual de perfeccionista que yo y que me obligue a sacar todo mi talento y destreza”.

Dicho esto y después de estudiar la sastrerñia napolitana creo que para calificarla de mejor o peor que la de otras ciudades es de vital importancia conocer nuestro concepto de traje y finalmente de lo que significa la palabra elegancia para nosotros.

Conclusión: Para todos esos lectores que me acusan de “no mojarme” con mi opinión en mis artículos decirles que sin quererme extender mucho yo diría que si lo que buscamos es limpieza de líneas, sobriedad, simplicidad, perfección, ausencia de arrugas y un traje que obedezca a los patrones clásicos de lo que debería ser un traje nuestra decisión debería ser la sastrería europea (inglesa, española, alemana o francesa).

Si por el contrario lo que buscamos es comodidad, estilo, la máxima calidad de mano de obra, naturalidad, diseño, tejidos de calidad excepcional y súper ligeros así como desprender un cierto grado de desenfadamiento parece claro que nuestra opción debería ser la sastrería napolitana.

O dicho de otra forma: la alta sastrería inglesa sigue siendo propietaria de la hechura más perfecta y de la atención al mínimo detalle mientras que la napolitana es única en diseño y en calidad de la mano de obra.
Y después de todo esto, lo más importante: ¿ustedes que opinan?


El Aristócrata

lunes, 17 de diciembre de 2018

A CADA COLOR DE TRAJE UNO DE ZAPATO



Antes de que el próximo sábado empecemos con una nueva serie bespoke en la que os hablaré de tres trajes confeccionados por tres sastres diferentes, esta semana me gustaría hacerlo de un tema a priori sencillo: la elección del color del zapato dependiendo de el del traje.

Efectivamente a estas alturas este tema no debería suponer ninguna dificultad pero, sin embargo, a tenor de lo que todavía se ve por ahí fuera parece que no todos lo tienen tan claro como nosotros.

1- La hora del día
Independientemente de gustos, la hora del día debería guiar nuestras elecciones. Por mucho que te guste romper normas, crear tendencias o incluso llamar la atención, hay colores que no tienen cabida con el traje y otros que sí pudieran tenerlo pero que lo pierden cuando el sol desaparece. La noche, así como las situaciones mínimamente formales, sigue exigiendo colores oscuros y el negro se presenta como opción imbatible. Sí, a pesar de que todo eso de que “brown is the new black” el “never brown after six” parece mucho más lógico si la noche ha hecho ya su aparición. 
¿El por qué?. Bueno, como expliqué en mi libro, y no es mi intención volverlo hacer por lo que lo resumo muy brevemente, hay un protocolo que data de muchos años atrás por el que los hombres al llegar a casa después del trabajo se cambiaban de ropa y se ponían las conocidas como “evening clothes”. Estas se caracterizaban por tener una mayor seriedad que las de la mañana siendo los colores blanco y negro los protagonistas. Aunque sé que esto ocurrió hace ya casi un siglo, hay ciertas normas que parecen lógicas y personalmente no veo nada malo en mantenerlas.  

Indudablemente, los tiempos cambian y las normas de convivencia se han relajado. ¿Quizás en exceso?. Que cada uno salga a la calle y juzgue por si mismo. El relajamiento de estas normas ha traído cambios y esto también ha afectado a la ropa. De ahí que por la mañana, más en sitios con mucha luz como España o Italia, los marrones cobren cierta lógica. Aunque obviamente no cualquier marrón, y por supuesto no cualquier zapato. No obstante, parece lógico que si a la mañana escogíamos un zapato marrón, por la noche se elija uno negro. ¿Acaso el día y la noche desprenden la misma luz o tienen la misma claridad? ¿Acaso vestiríamos el traje claro de lino de la mañana por la noche? Pues entonces, tampoco podemos hacerlo con los zapatos.
2- Con los trajes azul y gris
Se sea amante de la máxima discreción o sencillamente no se quiera correr riesgo alguno, nadie se equivoca si elige para su día a día un zapato que además de tener cordones, y de ser posible costura prusiana, es de color negro. El negro si bien puede no ser el más estiloso para vestirse con estos dos trajes, siempre resultará correcto. Vistiendo unos sencillos zapatos negros, de calidad y con cordones, se estará vistiendo infinitamente mejor de lo que hoy hacen la mayoría de nuestros conciudadanos.

Si nos gusta variar y además introducir un toque relajado y de estilo, parece lógico probar también con otros tonos. 
Aunque en Italia pudieran llevarnos la contraria, con el traje azul marino encontramos varias opciones interesantes como para terminar vistiendo un zapato marrón claro. Este llamativo color “choca” demasiado con el tono oscuro del traje algo que produce un fuerte contraste. Si además seguimos la horrenda costumbre española de combinar dichos zapatos marrones claros con un cinturón del mismo tono el resultado está más próximo al espanto que a cualquier estilo posible. Sin embargo, en verano los trajes azul claro admiten de buen grado estos zapatos marrones claros. 

Entre el serio color negro y los poco vistosos marrones claros, encontramos una amplia gama intermedia de colores que de vestirlos en momento y lugar añaden al conjunto un refrescante toque de estilo. Así, por ejemplo, los trajes grises quedan muy bien con zapatos burdeos o de color próximo al vino y además tienen la seriedad suficiente como para acudir sin problemas a una reunión de trabajo o en el día a día de la oficina. De gustarnos esta opción asegurémonos de prescindir de un cinturón del mismo color – los tirantes o las pletinas laterales quedan siempre más elegantes y el look final del conjunto más limpio. Otra opción siempre segura tanto con el traje gris como con el traje azul son los zapatos de tono marrón oscuro cercano al chocolate. 
El marrón oscuro, o incluso un buen patinado del mismo, aporta, por un lado la formalidad que requiere un traje azul marino y por otro, imprime un toque de elegancia que desgraciadamente no abunda en nuestras calles. Esta combinación permite tanto acudir a la oficina como a eventos algo más formales. No obstante, de acudir a un evento claramente formal, solo los zapatos negros deberían ser los elegidos. Al igual que ocurre con los zapatos marrón oscuros, los de tonalidades próximas al coñac son idóneos para acompañar también a ambos trajes. Basta tener en cuenta que cuanto más oscura sea la tonalidad del este color más formal resultará el conjunto final. 

Dicho esto, un bonito zapato artesanal de líneas clásicas inglesas del tipo semi-brogue siempre será una opción elegante con ambos tonos de color. Además, dicho brogueado contrastará con la a priori seriedad del color negro. ¿Os habéis fijado lo bonitos que son los zapatos Oxford semi-brogue con líneas de los años setenta que ciertas casas están ahora sacando en su línea RTW?. No me extrañaría que caprichos de la moda, este color retome en próximos meses gran protagonismo.
3- Con los dos piezas o con los trajes lisos de Tweed
Ciertos derbys pero sobre todo los Oxford, sus modalidades de semi-brogue o full-brogue y de color marrón oscuro combinan francamente con esos dos trajes
4- Con los trajes de color marrón
Aunque aquí podría aplicar perfectamente el famoso “never brown in town” hay que reconocer que hay trajes de un marrón pálido que de tener “duende” y estar bien cortados amplían acertadamente el abanico de trajes posibles, tanto en invierno como en verano. ¿Alguien podría negar la belleza de un traje artesanal de lino en tono tabaco? En estos es recomendable buscar un tono también marrón para el zapato. Pero no un tono normal, si no uno que mínimamente sea un grado más oscuro que el del traje. 
5- Con los trajes verde botella 
Hay trajes de estambre, tejido que se parece al de Tweed pero menos basto y más fino, que en tono verde oscuro resultan muy elegantes. Dependiendo lo atrevidos que seamos podremos escoger desde un tono azul pálido patinado hasta un granate oscuro. De no querer correr riesgos, nuevamente el marrón oscuro es la opción más segura. 
6- Con los trajes granate
Fuera de los azules y grises no resulta frecuente encontrar trajes de colores diferentes o algo arriesgados. Lo primero a tener en cuenta es que no es lo mismo un traje verde que un traje verde hecho a medida con una tela bonita, combinado correctamente y llevado con estilo. Y lo mismo ocurre con muchos otros tonos a priori llamativos. Y este es el caso de los trajes granates. Con esto estos, los marrones suelen ser buenas opciones. El tono de marrón dependerá en gran medida del tono del granate. 
En definitiva, para conocer qué color de zapato es el que se debe vestir con cada traje bastará con prestar un poco de atención a las combinaciones aquí recomendadas y conocer con antelación en qué lugar y en qué momento del día se tiene pensado vestir esos zapatos. Y para terminar no olvidemos el papel clave que aquí juegan los calcetines. Intentemos que estos aporten sentido a la elección del color de los zapatos y del pantalón. Busquemos armonía entre las tres prendas y que cada una combine acertadamente con las otras dos de manera independiente. 

El Aristócrata

lunes, 19 de noviembre de 2018

5 MODELOS ICÓNICOS DE ZAPATOS



Igual que hay relojes emblemáticos que los amantes de la alta relojería buscan conseguir, también hay zapatos que son considerados como modelos míticos y que los adeptos a la más exquisita zapatería saben identificar e incorporan a su armario. 

1. El modelo William de John Lobb. Este modelo, diseñado a mediados del siglo pasado por el propio William Lobb y hoy producido en serie en sus instalaciones de Northampton, es sin duda el doble hebilla mas bonito y versátil de cuantos existen. Sin ser tan formales como el modelo Oxford, los zapatos de hebilla se encuentra un escalón en seriedad por encima de los derby. Si bien no muchos años atrás en el Reino Unido no estaba bien visto vestirlos con traje, hoy el doble hebilla, más tratándose del inconfundible William, es elegido como el modelo predilecto por los amantes de este tipo de zapato.
2. El modelo 180 de JM Weston. El mocasín de la centenaria casa francesa vio la luz en 1946, convirtiéndose en los años sesenta en el zapato francés por excelencia y en todo un guiño distintivo de los jóvenes adinerados franceses. Aquellos jóvenes, entre los que se encontraban artistas, cantantes y rebeldes sin causa, vieron en el N. 180 el modelo con el que enfrentarse a los zapatos serios y de cordones de sus padres, llegándolos a vestir incluso sin calcetines, algo impensable en los ambientes más tradicionales de la época. Hoy, ya no solo inconformistas y niños de bien, sino todo amante de la historia de la zapatería reciente piensa en él cuando de hacerse con un nuevo modelo de mocasín se trata.
3. El modelo Warhol de Berluti. Fabricados en Ferrara, Italia, este mocasín es de creación más reciente que el 180, pero también muy fácil de reconocer por su línea y su patinado en colores vivos e inusuales. Berluti es probablemente la marca que ha llevado la técnica del patinado a su cumbre más alta. Bastará salirse de la norma y sucumbir a su decolorado verde, lila, burdeos, azul o marrón para comprender porqué son únicos y tan especiales. Su puntera cuadrada contrasta con las líneas afiladas del resto del zapato. Sin lugar a dudas un zapato que te atrapa o te produce un enorme rechazo, pero que, en todo caso, es un must para los dandis amantes de los zapatos más exclusivos.  
4. El modelo 6321 de Stefano Bemer. El zapato más joven de cuantos traemos a esta columna, no apto para aquellos que no les guste mezclar estilos o busquen la máxima sobriedad para sus pies. El 6321 es un modelo Oxford negro de horma clásica cuya montura está realizada en ante de color rojo, guiño perfecto para combinar clasicismo y contemporaneidad. Aunque debido a su popularidad ha sido replicado por otras marcas, su fina puntera redondeada, su preciosa línea y su exquisita terminación lo hacen fácilmente reconocible por el entendido.  
5. El modelo Arca de Maison Corthay. Cuando todo parecía inventado, solo una mente revolucionaria como la del francés Pierre Corthay lanzaba al mercado un zapato de líneas no vistas hasta entonces. Un modelo derby de horma alargada con unas mínimas cordoneras para cerrar el zapato. Es de los pocos modelos hoy existentes que independientemente del color o de la piel utilizada se identifica fácilmente. De hecho, con esto presente, el Arca se realiza en múltiples tonos - el color es la nota más diferenciadora de su creador -, y en diferentes tipos de pieles, desde ante hasta terminación charol. 

Con seguridad existen modelos de zapatos RTW igual o incluso más icónicos que los aquí mencionados, pero, por el contrario, no cuentan con la exquisita terminación artesanal y con la calidad de los materiales que estos emplean.

Terminar apuntando que antes de que lo mencionéis la lista debería ser más extensa pero si yo sólo pudiera nombrar cinco modelos icónicos estos serían los míos. Dicho esto, estoy encantando de que quitéis y añadáis el que consideres oportuno. 

El Aristócrata

lunes, 22 de octubre de 2018

¿CÓMO DEBE QUEDAR UN TRAJE?



Conseguir una buena hechura está al alcance solo de sastres experimentados e incluso contar con uno no garantiza siempre un resultado óptimo. Igualmente, dar con las proporciones de solapas, largo de la chaqueta, diámetro de boca de pantalón etc. adecuadas a cada cuerpo tampoco es tarea baladí. Y lograr, además, que cada una de las prendas del conjunto - traje, corbata y camisa - aparezcan como si cada una de ellas se hubiera cortado pensando en vestirse solamente con las otras dos es algo bastante difícil. Sin embargo, cuando esto ocurre toca disfrutarlo:

Tomemos como ejemplo la foto que encabeza el artículo y empecemos por la chaqueta. Todo su cuello está en contacto con el de la camisa, las mangas empiezan a caer donde terminan los hombros naturales del protagonista, y nunca más allá. Incluso con la chaqueta abotonada esta no muestra arruga alguna. Acaba justo a la altura de los nudillos y su extensión divide el cuerpo -de cuello a pies – en dos partes de igual longitud. Imposible adivinar camisa alguna entre la chaqueta y el pantalón, algo a lo que hoy poca gente presta atención. Las mangas caen sin producir arrugas, no son ni estrechas ni holgadas y su largo permite asomar el centímetro obligado de la camisa. Las solapas tienen la anchura necesaria para compensar el largo y afilado rostro del protagonista suavizándole ambas particularidades. Estas solapas tienen vuelo y no aparecen aplastadas por la siempre temible plancha. El protagonista utiliza guiños para acentuar su atura y cuerpo atlético. Además de, obviamente, escoger colores oscuros, oculta las solapas de los bolsillos del traje para conseguir esa limpieza de líneas responsable de alargar la figura. Prescinde prácticamente de las hombreras logrando unos hombros con una caída natural.

El pantalón está igual de bien terminado que la chaqueta. En un momento donde los sastres lo externalizan, terminando este siendo cosido por alguien que nunca ha visto la chaqueta, se agradecen pantalones que, como este, guardan una total armonía con el resto del conjunto. Su talle es el correcto, recordemos que el pantalón se viste en la cintura y no en la cadera. Su caída no puede ser más limpia no produciéndose ni bolsas ni arrugas a lo largo de las piernas. La raya natural del pantalón está perfectamente centrada terminando en la mitad del zapato y pasando también por justo la mitad de la rodilla. Su largo es impecable. Como hemos apuntando en alguna ocasión, el lago debe tocar ligeramente el zapato, pero nunca descansar sobre él. Además, no se visualiza arruga alguna ni siquiera en contacto con el zapato. El dobladillo, así como su anchura, aporta un toque casual a todo el conjunto que concuerda muy bien con los guiños modernos del traje. 

Lo poco que podemos ver de la camisa es suficiente para asumir que está hecha a medida. No se aprecia tampoco ninguna arruga, algo no tan fácil de conseguir de tener, como es el caso, la chaqueta cerrada y, mucho menos, de llevar tirantes. El cuello de puntas abiertas compensa la terminación afilada del rostro dando este la sensación de ser algo más ancho de lo que verdaderamente es. Los extremos del cuello quedan cubiertos ligeramente por las solapas de la chaqueta; algo esto también fundamental. 

Los complementos están perfectamente escogidos tanto en color como en tamaño. Por ejemplo, la corbata tiene una anchura contenida, que no ridícula, muy correcta para las medidas de este torso. Y si esto es importante no lo es menos el nudo de la corbata. Si su asimetría le resta formalidad, su precioso hoyuelo, el disimulado brazalete y el bonito pañuelo de bolsillo ponen el broche final a un conjunto de traje chaqueta de medidas perfectas. 

El Aristócrata

lunes, 17 de septiembre de 2018

EL FENÓMENO BESPOKE



Hace más de un año que no actualizo la pestaña de “lifestyle” contándoos cómo fueron mis conferencias. Pero lo cierto es que raro ha sido el mes donde no haya compartido con los amantes del buen vestir mi punto de vista sobre el mismo.
En los últimos doce meses además de en Sevilla, Granada, Santiago, Coruña y Barcelona he participado en varias charlas en Madrid, ciudad donde hoy por hoy hay más adeptos a lo hecho a medida. Desde encuentros con los miembros de YPO, con clientes de boutiques de lujo o con amantes del bespoke en Clubs Privados, el año ha sido de lo más interesante. El año podría haber dado mucho más de sí, pero desde hace ya varios solo acudo a aquello que de verdad me interesa. A tenor de lo que nos espera en abril, charla en el Círculo Ecuestre de Barcelona sobre el cambio de tendencias en el vestir del ejecutivo y un simposio sobre el chaqué y el frac en un conocido hotel de Madrid, parece que queda patente el gran interés que hoy despierta en nuestro país la moda que aquí siempre hemos defendido: la atemporal y hecha artesanalmente; concepto muy diferente al de “pasado de moda”. 
Hasta no hace tanto tiempo ir al sastre era más una necesidad que una opción, algo que empezó a cambiar con la llegada de la confección industrial. A partir de entonces visitar al sastre dejó de ser una obligación para convertirse en una opción relativamente inusual. Si en los años setenta sastres como Collado o los hermanos Mogrovejo vestían a lo más granado y entendido de la alta sociedad española, a partir de los noventa las marcas de moda de lujo se responsabilizan de los trajes de los personajes sociales más conocidos. Sin embargo, desde algunos años atrás esta situación ha dado un vuelco importante y las casas de ropa empiezan a dejar su lugar a nombres cuyo trabajo no se reconoce por un logo o unas iniciales sino por una hechura personalizada y por ciertos detalles de mano de obra marca de la casa. 

Hoy, míticas sastrerías como Caraceni o Rubinacci vuelven a ser las que se encuentran detrás de los trajes de quienes durante años sucumbieron a las acertadas campañas de marketing de las marcas de ropa más exclusivas; que no por ello necesariamente elegantes. Quizás esta sea una de las razones por las que empresas como Dolce & Gabbana o Gucci empezaran unos años atrás a ofrecer también a sus clientes un servicio a medida; servicio, todo sea dicho, con resultados de lo más dispares. No deja de ser sorprendente que incluso futbolistas, gremio que no se caracteriza precisamente por su buen gusto en el vestir, hayan recientemente descubierto las enormes ventajas estéticas, y de estatus, de los trajes de sastre. Difícil sería recordar la elegancia de los actores de los años 30 y 40 -  David Niven, Cary Grant, Gary Cooper y un largo etcétera – sin la ayuda que les brindaron las mejores agujas del momento, algo que también empieza a calar en algunos actores internacionales (a los nacionales, salvo honrosas excepciones, parece que todavía no les ha llegado el momento). 
Algunos sastres experimentan hoy una situación similar a la que vivieron los mejores cocineros hace quince años. Si aquellos dejaron de ser solo grandes cocineros para convertirse en estrellas que llenaban auditorios y portadas de revistas, los mejores sastres son ahora personajes populares que comparten fiestas y protagonismo con sus clientes más relevantes. Al igual que hoy los restaurantes estrellas Michelin se llenan de clientes de las más variadas y lejanas procedencias, las sastrerías más reputadas de Inglaterra, Francia o Italia ven como clientes rusos, americanos o asiáticos recorren miles de kilómetros para no fallar a la prueba de su traje. Si los cocineros más conocidos abren restaurantes con su nombre por medio mundo, los sastres viajan varias veces al año a las ciudades de sus clientes e incluso cuentan con espacios fuera de su país para facilitar el proceso de elección de tejidos y pruebas. 

Y en mucho de esto tiene la culpa internet. Hoy internet, y más concretamente ciertos blogs, han llevado el nombre de legendarias sastrerías al conocimiento de medio mundo. Como bien apunta Lorenzo Cifonelli en el video que podéis visualizar en el margen derecho (a partir del minuto 7.20), lo bloggers han internacionalizado su sastrería y a ellos debe el enorme repunte de su sastrería y el que tenga hoy viaje por medio mundo atendiendo a sus clientes.
Rara es la sastrería de prestigio que en fechas como Navidad no organice una fiesta donde acuden desde celebridades hasta sus clientes más fieles. Es un buen momento para identificarse y sentirse perteneciente a un grupo reducido y muy escogido. De hecho, algunos de estos sastres han ido más allá y han creado un Club alrededor del cual se celebran charlas de los temas más diversos, actividades deportivas y acciones sociales que sirven para acercarles la marca. A otros, como es el caso de Rubinacci, no le importa organizar la logística de tu desplazamiento a la ciudad de Nápoles, hospedarte en la mansión familiar y poner a tu disposición desde entradas para la ópera hasta reservados en los restaurantes más conocidos de la ciudad. Si la guía Michelin convirtió a cocineros en chefs, internet y las redes sociales han transformado a los mejores sastres en empresarios.

En el próximo capítulo hablaremos de cinco sastres, todos ellos internacionales, a cuyas tijeras se entregan hoy los paladares más exigentes y los bolsillos más pudientes; cinco sastres que bien podrían albergar las estrellas Michelin de la más exquisita elegancia atemporal. 

El Aristócrata

lunes, 20 de agosto de 2018

¿CÓMO VESTIR PARA JUGAR AL GOLF?



Ya de vuelta de una semana de descanso reconozco que enfrentando los últimos metros antes de llegar a casa y viendo cómo el pulsómetro se acerca a la FC max considerar deporte al juego que practican a pocos metros de mi resulta complicado. Sin embargo, lo que no puedo negar es que la ropa para de golf es, o al menos fue, mucho más elegante que el culote o las mallas con las que esos jugadores me ven pasar a su lado. 

Para entender el código de vestimenta del golf toca remitirse a los orígenes de este deporte. Volemos a la Escocia de comienzos del S. XX y observemos como el conjunto formado por chaqueta, corbata, gorra y pantalones knickers, todo en tweed, es el atuendo preferido por los jugadores de entonces. 
En ningún otro deporte el carácter formal de su indumentaria y la rigidez de sus normas ha marcado la propia evolución del mismo. De hecho, siempre se ha dicho que el swing de golf evolucionó en sus albores muy condicionado por la estrechez y rigidez de las prendas utilizadas. Aunque hoy la ropa técnica ha ganado la batalla a la elegancia de entonces, la etiqueta que subsiste en algunos clubs de las islas británicas y de la Europa continental, sigue imponiendo el uso de corbata en todas sus instalaciones, salvo vestuarios y recorrido de juego. 

El cambio empieza a observarse con la marcha de jugadores británicos a Estados Unidos a comienzos del S. XX. Fue entonces cuando llegaron los famosísimos Harry Vardon, James Braid, Ted Ray etc. quienes se encontraron con un clima asfixiante en las costas de Florida y California y aun así intentaron mantener sus cánones de vestimenta, chaqueta y corbata siempre presente, pero utilizando telas más ligeras. Sin embargo, es con la llegada de los jugadores norteamericanos a las islas británicas cuando se produce el gran cambio ya que, si bien la corbata se mantiene, estos prefieren el cárdigan de cachemir frente a la chaqueta. Fue concretamente Walter Hagen, el Eduardo VIII del golf, quien con esta prenda y la incorporación de colores firma la defunción de la indumentaria de golf más clásica. 
Los años 30 ven como los circuitos profesionales empiezan a abandonar el uso de la corbata aun cuando a los jugadores aficionados se les concede relativa libertad para vestir como deseen. Pantalón largo, camisa con cuello de manga corta, jersey, zapatos de clavos blancos o bicolor forman el kit del nuevo jugador. La gorra abandona también dichos circuitos, su último referente fue Ben Hogan, sustituyéndose por la “baseball cap”. Si los tonos pastel de Walter Hagen marcaron una época, no menos lo hicieron los colores brillantes de Doug Sanders, jugador de los años 70 quien se hizo famoso, además de por fallar un putt de 40 centímetros y perder el abierto británico, por tener trescientos pares de zapatos con la combinación de colores más variada y llamativa. 

Si la evolución en colores y patrones ha sido muy destacada en el último siglo, más lo ha sido si cabe la composición de las prendas. Atrás quedó la lana, siendo hoy las fibras sintéticas las que se han ganado el aplauso de los golfistas. El concepto que ahora prima es el conocido como “multilayer”, es decir, una combinación de prendas muy ligeras superpuestas que permiten la modulación de las mismas en función de la evolución de la temperatura ambiente. Por su parte, los zapatos han evolucionado desde los primeros modelos de cuero rígidos y con clavos hasta un formato mucho más cómodo que propicia una tracción igual de eficiente pero mucho más ligera. 
Sin lugar a dudas una evolución que agradecerán los más profesionales pero que los amantes de la estética y de la tradición seguramente no vean con los mismos ojos. 

El Aristócrata