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lunes, 6 de enero de 2020

LAS CLAVES DE UN BUEN CHAQUETA



Sea porque estemos en plena temporada de bodas o porque es de este conjunto del que más recibo últimamente consultas, puede ser un buen momento esta semana repasar de manera rápida las claves de un buen chaqué: 

1. Atuendo padrino y testigos. El novio es el protagonista. Por ello, si este decide casarse con un traje estándar ni padrino ni testigos deberán vestir de chaqué. Igualmente, si el novio escogiera chaqué estos deberían acompañarle también con él, pero con un chaleco de diferente color. 

2. Cuidado si es alquilado. Si solo se va a vestir ese día resulta comprensible alquilarlo. No obstante, de ser este el caso es aconsejable cambiar el chaleco negro que suele venir en el “pack” de alquiler por uno de color. Cómprese en versión cruzada y con los botones madre perla y el conjunto adquirirá un aire especial disimulando además la procedencia del resto de las piezas. El ser el chaqué un conjunto de tres piezas se permite dejar la levita desbotonada cobrando el chaleco gran protagonismo.
3. Color. Aunque las modas lleven a escaparates chaqués en color azul marino o en estampados diplomáticos, el chaqué más elegante, y correcto, sigue siendo el clásico de levita negro y pantalón a rayas negras y grises. De celebrarse por la mañana, se admite el chaqué gris. En este caso todo el conjunto, levita, chaleco y pantalón, deben ser exactamente del mismo tejido y color.

4. Los zapatos. Solo las botas balmoral y los Oxford lisos son adecuados con este conjunto. El negro, color para los eventos más formales, resulta la mejor opción más apropiada. De escoger los Oxford se podría incorporar una pequeña costura en la puntera. Los modelos semi y full brogue mejor reservarlos para actos menos serios. Los zapatos con hebillas tampoco aciertan con la seriedad del evento.
5. Chistera y guantes. Si no se está familiarizado con su vestimenta mejor dejarlos en casa o esperar al próximo Ascot. Son muy pocas las celebraciones donde se ve una acertada utilización de ambos complementos. 

6. Tirantes. Los conjuntos formales o semi-formales – frac, chaqué y esmoquin – se visten con tirantes, de ahí que lo normal sea no encontrar en el pantalón pasadores para el cinturón. Su color es relativamente importante pues quedarán ocultos tras el chaleco y la levita. El azul marino es un tono seguro. Las lanzaderas de piel consiguen mejor efecto estético que las clásicas pinzas metálicas. 
7. Pañuelo de bolsillo. Es importante evitar que el pañuelo sea idéntico en color y/o dibujo que la corbata; daría como resultado un conjunto demasiado recargado y buscado. El color blanco es la mejor opción pues combina muy bien con el negro de la levita. Mostrarlo de manera paralelo a la costura del bolsillo suele ser lo más seguro. Si los extremos del pañuelo han sido cosidos a mano muéstrense sobrepuestos. No obstante, si se prefiere, se puede introducir el pañuelo de manera desalineada consiguiendo un resultado menos forzado que de experimentar con formas demasiado estudiadas. 

8. Camisa. Aunque la camisa blanca es siempre correcta, mejor probar con una camisa de rayas azules y blancas. Si se quiere imprimir un toque especial se puede optar por una camisa con cuello blanco. En este caso los puños deberán ser del mismo estampado que el cuerpo de la camisa. Gemelos mejor que puño sencillo. 

9. Corbata. De corte clásico y color no estridente. Los tonos azul marino con algún pequeño dibujo son elección segura. El nudo sencillo combina mejor con el aire del chaqué que el conocido como Windsor. 

10. Flor en el ojal. Menos, es más. Dicho esto, si se quiere lucir una flor hágase correctamente. El rabillo debe introducirse por el ojal quedando solo a la vista la flor. El rabillo, por su parte, descansará en la parte interior de la solapa en el pasador cosido para tal efecto.

El Aristócrata

martes, 17 de diciembre de 2019

10 MODELOS ICÓNICOS DE MOCASINES



Al contrario que la mujer, al hombre le toca en verano vestir en el ambiente laboral el mismo zapato que en invierno. Sin embargo, con la corbata descansando en el armario el mocasín viste los conjuntos de sport siempre más que la informal alpargata convirtiéndose en el modelo estrella del tiempo libre. Algunos sin calcetines y otros con unos disimulados pinkis hay diez modelos cuya larga historia bien merece tenerlos a mano. 

1- Gommino de Tods. El más veraniego de la lista. Creado en los años cincuenta e imitado hasta la saciedad cuenta con 133 puntos de goma en su suela que lo hacen inconfundible. Aunque existen modelos de la misma marca y línea, es el de tacos de goma el más mítico de todos. En ante o piel, es de los pocos zapatos de verano que pueden vestirse hasta con americana. Precio aproximado: 350 euros
2- Andy Warhol de Berluti. Fabricado por primera vez por Olga Berluti en 1962 para el artista americano, es fácilmente reconocible por su horma y su exquisita patina realizada sobre colores poco estándar. No apto para personalidades tímidas, su calidad de terminación es excepcional. Precio aproximado: 1.600 euros
3- El mocasín George Cleverley. Con una de las líneas más conservadoras, destaca por su puntera algo cuadrada, su costura goodyear y por estar confeccionado en su totalidad en piel, suela e interior incluido. Precio aproximado: 800 euros
4- Sydney de Crockett & Jones. Muy popular en España hasta con traje, se diferencia por su puntera redondeada. Aunque se ofrece en diferentes colores es el marrón claro su color más popular. El modelo 341 confiere un aspecto más informal que el resto de la gama combinado con conjuntos de sport. Precio aproximado: 470 euros
5- Forest de Carmina. Parecido al C&J pero con una horma algo más estilizada está fabricado sobre una de las hormas más antiguas de la casa mallorquina, la Forest. El modelo 734 es considerado como uno de los más icónicos de la gama y se reconoce por sus borlas. Su puntera no excesivamente afilada hace de él un zapato muy cómodo para el verano. Su relación calidad-precio no tiene rival. Precio aproximado: 370 euros
6- Horsebit 1953 de Gucci. Aunque reinventado en diferentes terminaciones es el modelo aparecido en 1953 el modelo más emblemático de la marca. Sin logo ni marca visible su fino su adorno metálico en el empeine lo hace fácil de identificar. De línea ancha, la calidad de materiales y construcción ha descendido respecto a los primeros modelos. Precio aproximado: 650 euros.  
7- Lopez de John Lobb. Aparecido en 1950 conserva la línea de los zapatos de Northampton de aquella fecha. De enorme popularidad en el mercado americano. Precio aproximado: 1.100 euros
8- Lazlo Vass 5044. El mocasín gozó tras la I Guerra Mundial de una gran popularidad en Estados Unidos. Los soldados americanos desplazados a Noruega volvieron a casa con zapatos de cuero similares a los vestidos por los campesinos noruegos. La casa húngara Vass es una de las que mejor domina la fabricación manual de estos zapatos y sigue utilizando su denominación original. Precio aproximado: 540 euros
9- Weejuns de G.H. Bass. Creados en 1936 por quien es considerado el creador del actual mocasín - fue él quien añadió al empeine la distintiva tira de piel – disfrutaron de gran fama en Estados Unidos hasta entrados los años cincuenta. Este modelo fue la estrella del Palm Beach de los años treinta y lo vistieron desde estudiantes – estos guardaban un penique en su interior que pensaban les daba buena suerte en los exámenes -, representantes del Ivy look, roqueros y los más rebeldes del séptimo arte. Precio aproximado: 100 euros
10- Duke de Edward Green. Sin ser tan versátil como el modelo Piccadilly, su ligera construcción lo convierten en uno de los modelos más cómodos. El Duque de Windsor, por un tiempo dueño de esta mítica casa zapatera, es a quien debe su nombre. Precio aproximado: 1.120€
Aunque no todos son de mi total agrado y alguno hay cuya calidad deja mucho que desear, lo cierto es que todos los mocasines de la lista bien por su larga historia, bien por su belleza o bien por lo que han influido en otros modelos se merecen un puesto.

El Aristócrata

lunes, 4 de noviembre de 2019

LA SASTRERÍA NAPOLITANA

A lo largo de los años habéis sido muchos los que de manera abierta o a través de peticiones privadas reclamabais que se escribiera un artículo sobre la sastrería italiana y más concretamente sobre la sastrería Napolitana.

Antes de entrar en profundidad a hablar de este tipo de sastrería es importante tener en cuenta que la sastrería Napolitana ya no es exclusiva de los sastres Napolitanos y que hoy al ser este estilo muy demandado sastres de otras ciudades, e incluso de otros países, practican también la técnica utilizada por los sastres napolitanos.

Por ello, aunque todos podamos tener en mente una serie de diferencias básicas entre, por ejemplo, el estilo inglés e italiano es importante recordar que no siempre ciertas características son exclusivas de uno u otro corte. Es más, lo que hoy mucha gente denomina de forma genérica corte italiano no siempre coincide con el tipo de corte de ciudades como Milán o Roma.

Igualmente, es importante no olvidar que en Nápoles e incluso en Roma hay tantos estilos como sastres existen y generalizar como hoy se hace sobre el corte napolitano, milanés o romano es dejar de lado muchas consideraciones.

Y para terminar estas notas introductorias también hay que tener en cuenta que el trabajo del sastre evoluciona en el tiempo y que una chaqueta cosida hace quince años por, por ejemplo, Rubicciani diferirá bastante de la última chaqueta que abandonó su sastrería.
La sastrería alemana y francesa

Dicho todo esto, también es importante recordar a los más fervientes seguidores de la sastrería napolitana que al igual que en todos los países hay caballeros que cuidan con gran esmero su vestimenta también hay buenos sastres en prácticamente la totalidad de los países de la vieja Europa.

Y quien no esté de acuerdo con esta afirmación le recomiendo que profundice en los requisitos y los años de experiencia que se exigen en Alemania para poder poner en la puerta de una sastrería las palabras Maestro Sastre.

Mención aparte requiere Francia. No deja de ser curioso observar como en Francia, país que todavía ocupa la cúspide de la alta costura femenina, cada día resulta más difícil encontrar caballeros que vistan elegantemente de traje. Y eso que no hay que olvidar que en Paris en un tiempo atrás se establecieron muchos de los sastres y camiseros ingleses e italianos más reputados.

Los mismos Henry Poole, Caraceni y Cifonelli y Hilditch & Key, abrieron todos en Paris aunque hoy excepto la casa italiana Cifonelli y el inigualable también italiano Camps De Luca ya nadie queda en Paris y los italianos, y la mayoría también de los ingleses, que fueron un día a Francia volvieron a su país sencillamente porque los caballeros franceses no demandaban ya sus servicios.
Y todo ello sin olvidar que en Francia los caballeros llegaron a vestir francamente bien como atestigua la elegancia de actores de la talla Noiret, Belmondo o Gabin.

Dicho todo esto, es de justicia admitir que hoy son el Reino Unido e Italia los dos países referentes a la hora de vestir.

El denominado British Style tiene toda una historia detrás mientras que el denominado Stile Italiano es algo reciente. Con total confianza podemos afirmar que Nápoles sin Savile Row no hubiera alcanzado las cotas de calidad y perfección con las que hoy cuentan sus principales sastrerías.

Como ya dijimos en aquel artículo donde comparábamos el British Style con el Stile Italiano es de justicia admitir que si hoy hay una forma de vestir que traspasa fronteras esa es la italiana. Sin embargo, tampoco nadie debería dejar de admitir que si el estilo italiano y concretamente la sastrería napolitana ha alcanzado tales niveles de perfección es porque tenía donde fijarse y a partir de ahí crear ese estilo tan particular.
El por qué de Nápoles y Londres

Puede parecer lógico que la mayoría de los hombres mejor vestidos del Reino Unido se concentren en Londres. El poder económico de la capital inglesa así como el aglutinar muchos bancos tanto nacionales como extranjeros, despachos de abogados, sedes de multinacionales, auditoras, consultoras y otros lugares donde se cuida con especial esmero la forma de vestir ha hecho que desde hace dos siglos los más reputadas sastrerías y camiserías abrieran allí sus puertas.

Sin embargo, algo que llama poderosamente la atención es el hecho de que independientemente de que ciudades como Milán o Turín hayan sido el centro financiero de Italia, sea precisamente una ciudad de poco más de un millón de habitantes la que mejor haya sabido guardar la tradición. Nápoles es hoy el referente del buen vestir y la Meca a la que acuden los caballeros más elegantes del mundo en busca de ese corte tan característico.

Quizás el principal motivo de todo esto sea el hecho de que en Nápoles la tradición tenga, en todos los aspectos de su sociedad, mucha importancia. Solo como ejemplo apuntar que la gran mayoría de los caballeros napolitanos no entendería acudir a cenar a uno de esos lugares fashion que tanto abundan en las ciudades europeas y prefieran acudir a las Trattorias de toda la vida.
No deja de ser igualmente curioso el que en Nápoles la camisería a medida esté más extendida que en cualquier otro sitio en el mundo y sus propios habitantes elijan acudir a la camisería a medida y no al RTW a la hora de comprar sus camisas. La camisería a medida está tan extendida en Nápoles que sus precios son francamente competitivos de compararse con los de las principales ciudades europeas.

Es tal el poder de la tradición en Nápoles que es de los pocos sitios de Europa donde los caballeros todavía siguen yendo a las barberías y no a las peluquerías tal y como se conocen aquí.

De la misma forma, a nadie le debería sorprender encontrar señores de 70 años que solo tengan en su armario trajes a medida. Y esto no es porque sean presumidos; es sencillamente porque así han sido siempre las cosas allí y para sus habitantes resulta inconcebible que fuera de otra forma.
El comienzo de la sastrería Napolitana

Durante los años dorados del vestir masculino, los años 30, la elegancia de Cary Grant (quien por cierto era también cliente de la sastrería romana Caraceni), de Fred Astaire o de David Niven se apodera de la gran pantalla y su manera de vestir es imitada, o al menos se intenta, por los caballeros de la época.

Y es precisamente a partir de los años 30 donde el conocido hoy como estilo napolitano empieza a florecer.

Es concretamente con la unión de los míticos sastres Attolini y Rubinacci cuando nace en los años 30 la archiconocida London House. Es concretamente la London House y otro sastre italiano hoy ya elevado a mito por los estudiosos de la aguja, Angelo Blasi, quienes empiezan a desestructurar las armadas chaquetas inglesas imprimiendo ese toque único que desde hace unos diez años atrás ha ganando la partida a los sastres de la Row.

Para los amantes de este corte y reforzando la idea con la que abríamos este artículo de que no es bueno generalizar al hablar del corte napolitano apuntar que todavía hoy se dice que en Nápoles existen dos escuelas: la de Blasi y la de Attolini.

La principal diferencia es que el corte de Blasi es algo más estrecho de hombros y su chaqueta algo más armada, más tipo inglesa, mientras que la hechura de Attolini es algo más ancha. Los seguidores de Attolini mantienen que fue él quien desestructuró la chaqueta de Blasi, le quitó las hombreras y empezó a coserla entretelas muy finas dando lugar a lo que hoy la gente evoca cuando piensa en un traje napolitano.
Aunque el párrafo anterior podría hacer “correr chorros de sangre” entre los fervientes seguidores de una y otra corriente, lo que parece claro es que la sastrería italiana encontró en la alta sastrería inglesa el perfecto espejo en el que fijarse, imprimirle su propio estilo y crear un traje de una enorme comodidad.

Comodidad que consiguen olvidándose del forro, prescindiendo o utilizando finísimos paddings y escogiendo solo telas de tacto exquisito así como de una enorme ligereza y elasticidad.

Quien haya tenido la oportunidad de vestir uno de estos trajes habrá sentido la sensación de ir vestido de sport y no con traje alguno. El que apenas pesen los trajes resultantes y la facilidad de movimientos que permiten sus telas hacen que se adapte de forma totalmente natural al cuerpo. Esto hace que transmitan la sensación de ir, permitirme la expresión, como si se fuera con ropa de deporte. Y si lo que buscamos es esto hay que reconocer que como los Napolitanos ninguno.

De Londres a NápolesSi bien es de justicia admitir que desde hace ya diez años es la sastrería italiana y más concretamente la napolitana la que domina el mundo de la alta sastrería también lo es el hecho de que Nápoles no sería lo que hoy es sin, por un lado, un buen marketing y por otro Savile Row.
Así por ejemplo, resulta apropiado recordar que el mismísimo Rubinacci envió a SR a un miembro de su familia para que aprendiera el trabajo de los sastres londinenses y lo exportara a la London House de Nápoles.

También el sastre de Roma, Tommy Caraceni, fue enviado por su padre en los años 30 a Henry Poole para que entendiese y aprendiese la forma de trabajar de la que por aquel entonces era considerada una de las mejores sastrerías del mundo.

Otro ejemplo fue Arturo Cifonelli quien aprendió la profesión de su padre Giuseppe en Roma pero en vez de quedarse en Roma también se marchó a SR. En 1911 decidió volver a Italia y en 1930 terminó abriendo su tienda en París; donde hoy todavía sigue esta sastrería.

Si de los años 30 a los años 60, SR es el centro mundial de la más alta sastrería después de esta fecha se empiezan a invertir las tornas y la más actual y natural sastrería italiana gana año tras año más popularidad y los ojos de los consumidores de este arte que es la sastrería a medida empiezan a fijarse en ella.
Sus principales características

Los italianos han adaptado el estilo clásico inglés a los nuevos tiempos estilizándolo y desestructurándolo lo que ha dado lugar a lo que hoy se conoce popularmente como el estilo Napolitano.

Este característico corte se diferencia por contar con apenas “relleno” o entretelas, no tener forro excepto en la las mangas y carecer de estructura. Si bien todas estas características se pueden encontrar en otras ciudades italianas con elevadas temperaturas seguramente sea el archi conocido hombro napolitano la nota más característica del estilo napolitano.

Tampoco podemos olvidar esos tejidos de enorme ligereza y comodidad que nadie como sus sastres saben elegir para combatir las elevadas temperaturas de Nápoles. ¡Y eso que la gran mayoría de ellas todavía proceden del Reino Unido!

Son precisamente estas características las que hacen tan atractivos y hasta objeto de culto los trajes que cortan las tijeras de los más aventajados sastres napolitanos. Sin embargo, antes de dar por bueno la idea generalizada de que la terminación de estos trajes es la más avanzada y la más exquisita es importante hacer alguna puntualización.

El cliente de la sastrería más purista napolitana debe saber que estos trajes dan la sensación de estar más próximos a un conjunto de sport que a uno de chaqueta. El aspecto ligero del traje napolitano le quita formalidad y no deberíamos sorprendernos de escuchar de alguna voz autorizada que esto no es un traje y que además su construcción tiene mucho más de mito que de realidad.
También es importante recordar que si la tela no es de una calidad excepcional y confeccionada pensando precisamente en que no será cosida con forro alguno es muy probable que termine arrugándose de forma rápida. Y por supuesto si no se acude a la cuna de esta sastrería es mejor asegurarse un buen corte de “la vieja escuela europea” que innovar este corte con uno de nuestros sastres.

Este tipo de confección consigue resultados espectaculares con los trajes cruzados. Las DBJ tan demandadas y bien vestidas en el país de la pasta envuelven con una gran naturalidad y estilo a sus afortunados propietarios.

Como acabamos de apuntar uno de los rasgos más característicos del estilo Napolitano es la forma en la que se cosen las mangas a los hombros. Apenas se forma el conocido popularmente como “chorizo” y tampoco se aprecia apenas la costura donde se unen el hombro y la manga.

La terminación de la hombrera es redondeada. Igualmente, en muchos casos se aprecian pliegues a la altura de la costura del hombro. Esto último es así debido a que la chaqueta no cuenta con apenas hombrera y en la caída natural de la tela no queda más remedio que aparezcan éstas; algo que hoy hasta se exagera para reclamar el sello de “hombro napolitano”.
A esto hay que unir que para ganar comodidad la extensión de la tela del brazo que se une con la hombrera es más larga que la del diámetro de la hombrera. Esto obliga al sastre a, con mucha pericia y siempre a mano ya que las máquinas de coser no permiten coser dos trozos de tela de diferente extensión, introducir el sobrante de la manga en el hombro. Es precisamente esto lo que hace que aparezcan en muchos casos esos pliegues de los que estamos hablando.

Con todo esto se consigue una caída del hombro totalmente natural donde apenas se aprecia la existencia de la hombrera; entre otras cosas porque ya de por sí la propia hombrera es mucho más delgada de la que estamos aquí acostumbrados.

Otra de sus características principales es que, guardando las diferencias, se asemeja en gran medida al corte del hombro de una camisa; lo que los sastres napolitanos denominan como spalla camicia.Es importante nuevamente mencionar que si bien ciertas características, como la ausencia de padding en la hombrera, son comunes a la mayoría de los sastres napolitanos, otras como la mayor o menor limpieza de líneas dependerá de cada casa.

El no contar con forro les obliga a coser los bolsillos sobre la chaqueta en forma de parche, es decir, sobre la tela de la chaqueta y no con un bolsillo interior. Por eso es hoy tan frecuente observar como los sastres napolitanos han preferido dejar el interior de la chaqueta limpio, sin que se aprecie forro ninguno, y coser los bolsillos por fuera.

Otras casas, también napolitanas, prefieren forrar solo los costados para poder coser tanto los bolsillos laterales como el del pecho en el interior de la chaqueta.
¿Qué sastrería es mejor la italiana o la inglesa?

Sinceramente creo que quien mantenga una postura radical hacia una u otra sastrería se equivoca. Y se equivoca porque no hay una sola sastrería italiana o inglesa como tampoco hay un solo sastre en cada una de estas y porque también el trabajo de los sastres evoluciona.

Además de todo esto, no podemos olvidar que un buen sastre está capacitado para hacer el corte que le pida su cliente. Y quien no esté de acuerdo con nosotros que se pase por Anderson & Sheppard y pida que le corten un Rubinacci. Seguro que se sorprendería con el resultado.

Igualmente, a cada uno de nosotros nos puede gustar más uno u otro estilo y no por ello el otro corte es demasiado anticuado o por el contrario demasiado moderno. Si a todos nos gustara lo mismo creo, por ejemplo, que este blog no existiría.

Para mí nuevamente la clave está en el cliente. Dependerá de él y de lo exigente que sea el que consiga un traje mejor terminado. Todos nos esmeramos más en nuestras profesiones cuando sabemos que a quien tenemos enfrente conoce la diferencia entre lo bueno y lo excepcional.

Del Duque de Windsor, Fred Astaire, Cary Grant e incluso del mismísimo Príncipe Carlos han comentado sus sastres que eran clientes difíciles y que no se conformaban con cualquier cosa buscando siempre la perfección en la terminación de sus trajes.
Decía Angelo Blasi: "personalmente no me interesa el cliente a quien se puede satisfacer fácilmente, ese que está inmediatamente contento con mi trabajo. Hay poca satisfacción con un cliente así. Por el contrario dame el cliente exigente. En una palabra alguien que sea igual de perfeccionista que yo y que me obligue a sacar todo mi talento y destreza”.

Dicho esto y después de estudiar la sastrerñia napolitana creo que para calificarla de mejor o peor que la de otras ciudades es de vital importancia conocer nuestro concepto de traje y finalmente de lo que significa la palabra elegancia para nosotros.

Conclusión: Para todos esos lectores que me acusan de “no mojarme” con mi opinión en mis artículos decirles que sin quererme extender mucho yo diría que si lo que buscamos es limpieza de líneas, sobriedad, simplicidad, perfección, ausencia de arrugas y un traje que obedezca a los patrones clásicos de lo que debería ser un traje nuestra decisión debería ser la sastrería europea (inglesa, española, alemana o francesa).

Si por el contrario lo que buscamos es comodidad, estilo, la máxima calidad de mano de obra, naturalidad, diseño, tejidos de calidad excepcional y súper ligeros así como desprender un cierto grado de desenfadamiento parece claro que nuestra opción debería ser la sastrería napolitana.

O dicho de otra forma: la alta sastrería inglesa sigue siendo propietaria de la hechura más perfecta y de la atención al mínimo detalle mientras que la napolitana es única en diseño y en calidad de la mano de obra.
Y después de todo esto, lo más importante: ¿ustedes que opinan?


El Aristócrata

lunes, 28 de marzo de 2016

6 OLD SCHOOL FASHION ITEMS YOU NEED TO ROCK NOW

We’ve all had to put up with our fair share of “when I was a boy” stories from a nostalgic grandfather or two. Happy to entertain pop’s relishing of days gone by, the familial raconteur does have a point when it comes to how men of hisday approached their personal style. As a generation, they set the bar high for getting dressed in the morning.
OldMan
Even the men’s fashion staples we take granted today were largely pioneered by today’s old-timers – from the flapper Twenties era to the ferocious Fifties. And for that, we ought to revisit some of the must-have – and more unlikely – fashion items, gifted to us by our style forefathers.
Some of them you may already be wearing, but others are not so obvious – until now.

#1 Corduroy

Cord
Known as velvet’s poindexter bro, corduroy has often been shoved into the stuffy-professor-box. However, cord’s vertically ridged lines are a sure point of difference in a fashion world obsessed with minimalist aesthetes, providing texture to drab black trousers or white button-up shirts. Cord’s rifts even act as a great cool weather insulator, perfect for winter.
Opt for coloured corduroy in sombre shades such as burgundy, mustard and bottle green – avoiding the traditional muddy hues – which keep it looking dated-Woody Allen. Tailored jogger pants or bomber jackets in the new season are ways to incorporate cord into the wardrobe, ensuring that the fit is modern and streamline so the old-school fabric looks contemporary – nothing saggy or like a beat poet (as cool as they were back then).

#2 Chalk Stripe Suits

Chalk-stripes
Not to be confused with the common pin stripe, chalk stripe is having a moment – and the bolder the better this season. Unlike pin stripe, chalk stripe is a series of threads weaved to form a stripe that resembles a drawn line like chalk or thin rope. The width of the stripe varies but it is much wider and more defined than pin stripe.
The chalk stripe looks dashing over a double-breast suit, lifting the style game of a black mohair or flannel grey two-piece. When going chalk, keep the rest of the outfit – shirting, tie and pocket square comparatively understated. And if you go for a striped patterned accessory make sure the print is on par with the chalk stripe, adhering to the rules of colour matching and varying the thickness of the stripes to provide clear definition between pieces. Then add some grandpa-envied leather shoes. For the type, read on.

#3 Double Strap Monks

Monk
The origins of the monk strap shoe started back with monastic converts in Europe, who switched their airy Jesus sandals for the more protective leather lace-up. And like our God-fearing friends, men in the new season should be embracing double strap monks: crafted from Italian leather with a sturdy sole and secure double buckle.
Once deemed too dressy for smart casual events and too informal for suits, the double monk went viral in Europe these past seasons. And if you want to dress like a vero Italian, team some monks with cropped cotton trousers and linen, roll-sleeved shirt for summer or with a tweed double-pleated trousers and a double-breasted flannel suit jacket for winter – leaving one buckle nonchalantly undone for a bit of sprezzatura.

#4 Neckerchief

Neckerchief
While the traditional tie has been shunned of late – no longer accompanying the clean white shirt done up to the neck under a suit jacket – the neckerchief is returning this season as a great way to add some la-di-da to your smart casual wear. Also known as a cravat, bandana or scarf, the lightweight cloth is common in silk/cotton for breathability and warmth.
Then – like most accessories – pick your style. Printed or block colour, the fanciful neckerchief (rooted in Oscar Wilde’s day) is designed to be grandiose, ensuring the remaining parts of your outfit – blazer, shirt and chino shorts  – are neutral in colour or print.
Not just for tailoring, the neckerchief sits well over a smart sweater or basic t-shirt – making sure the neckerchief is tied correctly (think effortless), even if you spent the better part of the morning perfecting it. Shhh.

#5 Pocket Watch

PocketWatch
The original timepiece for men, pocket watches first went out of fashion after highly miniaturised wrist watches became famous at the time of World War I. A riff on the aristocratic, the antique watch face and metal chain adds some class to a dapper suit or blazer-chino combination.
But the three-piece suit – featuring the waistcoat – is what makes the pocket watch tick; worn attached to a single Albert style chain is brassy gold or silver.
For the less formal guy, a pocket watch can be attached to chinos or jeans with a leather fob – used like a pocket watch chain by attaching the buckle end of the fob to the bow of the watch. Mix it up for work and play.

#6 Chesterfield Coat

Chesterfield
The chesterfield – like the luxury leather lounge bearing the same name – is one of the most famous gentleman’s style pieces (again) today. Rumour has it the 6th Earl of Chesterfield invented this coat in the mid 19th century.
And the regal topcoat is a surefire way to make a powerful winter coat statement: single breasted or double cut, sturdy woollen fabric and in different patterns. However, the classic version is typically heavy, plain, black or charcoal fabric.
In modern times the Chesterfield matches the sophistication of a suit to work or cool evening out. But, try wearing it over tee, cropped wide-legged trousers or jogger pants and sneakers for a much cooler-than-your-granddad outfit that is smart casual and street chic.

Final Word

Dressing like a grandpa  – that is, riffing on the old school style of our forefathers – is a stylish way to mix some tradition into your outfit. Avoid pairing all of the above items together into one outfit, however – for fear of looking like you’re going to a themed Forties party.
Instead, rock the antique pieces with modernised and even sporty pieces – tailored jogger pants and satiny bombers – for a peaceful blend of the old and new world. That’s the best kind of style existence.

lunes, 9 de noviembre de 2015

¡PADRES CON ESTILO!

POR LUCAS

Todos sabemos que hoy es el Día del Padre (mires donde mires te lo recuerdan), pero bueno, aprovechando la ocasión, también quiero felicitar a todos los padres que nos leen y desearles que pasen un buen día. Después de conocer algunos perfumes infalibles para regalar en este día, vamos a hacer un repaso de los padres con más estilo cada vez que salen con sus pequeños.
Parece que los padres siempre quedan en un segundo plano, por eso hoy queremos darles el protagonismo que se merecen y hacer un repaso de los looks de los padres con más estilo. ¿Quién es vuestro favorito?

Brad Pitt

Sin duda alguna dentro de este “ranking” y en una de las primeras posiciones, no podía estar otro que Brad Pitt. Aunque estamos más acostumbrados a verle con esmoquin y pajarita sobre las alfombras rojas de diferentes eventos, a mi me gustan mucho más sus estilismos diarios, mucho más moderno y casual.

David Beckham

Y si Brad Pitt era una imprescindible dentro de los padres con más estilo, David Beckhamno iba a ser menos. El jugador de fútbol tiene el estilo en la sangre, aunque bueno, estar casado con quien está seguro que también tiene algo que ver. Al igual que Brad Pitt, me gusta mucho más su estilo informal, se le ve mucho más natural y siempre lleva estilismos muy acertados.

Tom Cruise

Aunque ahora las oportunidades de verle con la pequeña Suri son cada vez más escasas,Tom Cruise también nos ha dejado instantáneas de padre con estilo que no se pueden desperdiciar. Sus estilismos han sido de lo más variados, pero siempre poniendo la comodidad por encima de todo. No sé si le prefiero con el pelo corto o con ese flequillo largo que tanto le gustaba mover.

Jude Law

Con Jude Law he tenido mis dudas, ya que al igual que muchas veces va perfecto, con looks muy casual y que le favorecen muchísimo; otras veces hace unas combinaciones con las que dudo que se mire mucho al espejo antes de salir a la calle. Eso sí, creo que es de los que mejor combina un look sport y le incluye las prendas ideales.

Orlando Bloom

Orlando Bloom es sin duda el más desenfado, rebelde y moderno de los padres que hemos seleccionado. Apuesta mucho por looks casual y sport, pero salvo en algunas ocasiones en las que incluye unas zapatillas horribles, la verdad que acierta bastante, es muy su estilo.