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lunes, 11 de mayo de 2020

MI SANTA TRINIDAD CUANDO HABLO DE RELOJES


Como a muchos de vosotros, si no a todos, me gustan los relojes. Estos, junto los zapatos, seguramente sean los bienes relacionados con la ropa y complementos de vestir en los que más dinero gaste el hombre. Los relojes, además, no son perecederos y con un correcto mantenimiento durarán tantas vidas como vidas los cuiden. 

Para el amante de la relojería resulta francamente difícil no tener siempre una nueva pieza por la que luchar. Acumular objetos es algo absurdo. Al final terminas cansándote de la mitad de las cosas y o resultan un incordio en el armario o, sencillamente, te desprendes de ellas. Sin embargo, coleccionar, que no acumular, ciertas piezas relojeras obedece a un acto mucho más racional – su importe también es más alto – y requiere de un conocimiento que otorga el tiempo, la lectura y el escuchar a personas entendidas.
The Holy Trinity o La Santa Trinidad es una expresión que se utiliza también en este mundo, pero en este caso para referirse a las tres marcas de relojes más reputadas. No obstante, cada amante de los relojes tiene sus tres marcas preferidas que, por cierto, no suelen coincidir con la de otros coleccionistas o en nombres o en lugar en escalón del pódium.
Cuando empezaba a leer sobre relojes añoraba ciertas marcas. Con el tiempo fui depurando mi gusto y esos nombres cambiaron. Finalmente, con los años, he buscado no solo una marca sino un movimiento dentro de cada casa. Por ejemplo, siempre quise poder tener un tourbillon de Breguet (pieza mítica de la historia de la relojería) y de tenerlo sí o sí subiría a este pódium. Al margen de este modelo y de infinidad de errores que he cometido, sobre todo en mis primeros años, creo tener muchos de los relojes con los que siempre he soñado. Espero que con el tiempo alguno otro “must” se una a la lista – . Este es el problema de los relojes; es solo cuestión de tiempo el volverte a encariñar. Y cuando lo tienes dices que ya te plantas….y meses después un nuevo reloj te despierta del letargo y pasa a la lista de tus deseos. 
A lo largo de los meses os iré contando algo de cada uno de mis relojes pero para esta primera entrega me detendré en los tres que me resultan más especiales. Son mis tres preferidos, mi Holy Trinity pero el orden es aleatorio.

1. Patek Philippe Calendario Anual 5035G. De los tres el que más tiempo lleva conmigo, más de veinte. Para los estándares actuales puede parecer muy pequeño, mide “solo” 37 mm, pero como las modas nunca me han importado en exceso si por el tamaño fuera me lo volvería a comprar encantado. Además, recordemos que en el pasado uno de los retos que se imponían a los mejores relojeros era hacer los relojes lo más pequeños y finos posibles. Los relojes joyas solo puedo entenderlos en las mujeres y las cajas de oro amarillo no siempre me gustan. De ahí que los relojes con caja de oro que pueda tener son la mayoría o en oro rosa o en oro blanco. Este en concreto es de oro blanco algo que, junto con su tamaño, hace pasar totalmente desapercibido al reloj excepto, obviamente, al entendido. 
Este modelo que vio la luz en 1996 fue el primer calendario anual del mundo algo que lo convierte de entrada en todo un objeto de culto. Su complejidad radica en que solo una vez al año (en febrero) se debe ajustar la fecha. El resto de los meses el propio reloj sabrá si el mes tiene 30 o 31 días y se ajustará automáticamente. Si bien esto hoy cualquier reloj de pila lo hace sin más transcendencia, en un reloj mecánico sigue siendo una auténtica proeza. Además del día numérico del mes, la esfera te dice el nombre del mes y el día de la semana. 
No deja de ser también llamativo que solo la corona quede por fuera de la caja del reloj, no hay pulsador alguno, algo que le da un aspecto muy limpio al reloj. Cierto que este reloj ha visto reinterpretaciones del mismo casi todos los años, pero quizás la belleza y la especialidad del 5035 es que fuera el primero de todos. Sea por este motivo o por cualquier otro la realidad es que es de los pocos relojes que cada año se revalorizan. Su trasera denota el periodo en que se fabrico con no toda ella visible. No obstante, tanto su volante de oro como su punzón de Ginebra bien merecen varios minutos al día de deleite.
Ojalá los derroteros que parecen estar tomando los nuevos diseños de la más legendaria de las marcas de cuantas existen, y han existido, no sigan ahondando mucho más en la idea de hacer relojes cada día más deportivos y similares a tantos otros. ¡El día que Patek parezca otro gran reloj dentro de una amplia vitrina se habrá acabado el mito!. ¿Alguien se imagina a un Rolls sin la clase y señorío de la que siempre ha hecho gala o compartiendo forma y líneas con modelos mucho más accesibles y populares? 

2. F.P. Journe Chronomètre Souverain. Los lectores más fieles recordarán aquella entrevista que desde esta página hicimos en el año 2012 a François-Paul Journe, para mi el relojero genio de los genios en vida. Allí la encontrarán quienes deseen repasarla o saber algo más de su vida y de la historia de la marca que creo en 1999. 
Muchas de las marcas que hoy más se valoran y se reconocen son como mínimo centenarias. Y muy pocas son las que han podido rivalizar con ellas con una historia mucho más reciente. Tras las “burbujas” de Frank Muller, solo fue un golpe de gas, Richard Mille y FP Journe han sido los dos relojeros que con más soltura y desparpajo han podido jugar de tú a tú con las casas relojeras más exclusivas. Hay otras casas, también en esta página nombradas, cuya calidad de mecanismos es digna de mención pero que no han alcanzado la repercusión de estas dos. 
Si bien siempre renuncié a hacerme con un Calatrava hasta poder conseguir el calendario anual que un par de años atrás había visto la luz, con FP Journe, fuera por capricho o, sencillamente, limitación económica disfruté enormemente consiguiendo el que es uno de los modelos de entrada de gama: el Souverain. Este modelo es bastante más grande que el Patek, concretamente 3 milímetros más. Aunque 40mm es para muchos de los nuevos amantes de los relojes la medida mínima a la que prestar atención, la realidad es que es solo una preferencia personal y dependerá también del tamaño de cada muñeca. En mi caso, más de 40 milímetros empieza a ser un reloj demasiado grande y llamativo. El fino grosor de la caja lo convierte en un reloj tan austero como majestuoso.
Recuerdo una encuesta que se hizo a los poseedores de al menos tres Patek en la que contestaron que su segunda marca era FP Journe. Y es que la complejidad de sus mecanismos y la belleza de sus relojes, tanto en esfera como en trasera no tiene igual. Algo tan difícil de innovar como pueden ser las manecillas de la hora, Journe consiguió las que para mi son, junto con las agujas Breguet, las  más especiales de todo el mercado. En este modelo en concreto las agujas azules se han conseguido con el uso del fuego que es quien proporciona ese color. La corona, de tamaño diminuto y sin marca o logo alguno, no entorpece nada la visión de la caja. La esfera no puede ser más limpia y el guilloche realizado a mano se aprecia muy fácilmente.
Este reloj, al contrario que el Patek cuya carga es automática, tiene una reserva de marcha que necesita volverse a cargar pasadas 56 horas. Obviamente, al verdadero amante de la alta relojería no le importará darle carga cuando este lo necesite. Esta reserva, al contrario de lo que es habitual, aparece cargada cuando su aguja apunta para abajo. Verlo por su trasera, con muchas de sus piezas en oro rosa, es todo un placer. Y como suelen ser todos mis relojes, el reloj en su conjunto pasa desapercibido y muy poca gente, solo quienes interesan, se paran a observarlo. 

3. Grand Lange 1. A. Lange & Söhne es una marca que aunque nació en 1845 vio como su fábrica era destruida en 1945 y renacía de sus cenizas en 1994. A pesar de su nueva corta vida, Lange es indiscutiblemente una de las marcas más prestigiosas de la alta relojería. Al contrario que la mayoría de las casas centenarias suizas, Lange conserva su ADN germano y sigue con su manufactura en la localidad de Glashütte, localidad donde se asientan varias casas relojeras, la más conocida Glashütte Originale. 
Al contrario que esta, Lange no realiza relojes en acero, lo que obviamente significa que sus precios son ostensiblemente superiores. Si Lange es una marca obligada en toda colección, su número 1 es una pieza por la que bien merece la pena esperar hasta poderla vestir en la muñeca. Lange tiene varios modelos de una complejidad pasmosa pero ningún otro modelo tan legendario e histórico como su número 1. Fue este modelo con el que volvió a nacer la marca y el que más reconocimiento a lo largo de los años le ha dado. 

El 1 es el más fácil de identificar por el ojo entendido. Su particular forma de diseñar la esfera lo hace reconocible muy rápidamente. Dentro de dicha esfera la hora se coloca en solo una mitad del reloj, dejando la otra mitad al marcador de la reserva de marcha, el segundero y la fecha. De todas estas funciones es la fecha grande su nota más distintiva. A través de una doble ventana y con ruletas independientes los días del mes se suceden. La caja, de casi 41mm, es de oro blanco y al ser el bisel muy fino y, en mi caso de oro blanco, el protagonismo recae prácticamente en su totalidad en la esfera. 
Al igual que los dos relojes anteriores tampoco en este se ven grandes pulsadores para ajustar la fecha o la hora. Mi obsesión por la limpieza de líneas es sobradamente cumplida. Solo una corona y un pulsador para ajustar el día que sobresale muy disimuladamente en el otro extremo es lo que el ojo humano puede observar. Un cierre de hebilla, como también en los anteriores, al ser, desde mi punto de vista, los más elegantes, cierra el brazalete de piel de cocodrilo; brazalete de coco que también tienen los dos anteriores.  

El modelo Grand 1 aparece en 2013 como complementario, que no sustituto, del modelo de 37mm. Si bien es más grande también es más estrecho lo que lo sigue haciendo muy elegante. Debo reconocer que el modelo de 37 es súper especial y no resulta fácil decantarse por uno u otro. El mecanismo es el mismo pero al contrario de lo que ocurre con muchas casas relojeras que al agrandar un modelo existente introducen en él el mecanismo del pequeño, en este Grand 1 el mecanismo se ha hecho en ex profeso para él, no quedando ningún espacio dentro de la caja por rellenar. 
La trasera es menos impactante visualmente que en los dos anteriores relojes pero basta con entender la filosofía alemana de la alta relojería y recorrer su manufactura para entender el porqué. Al igual que el Sovereing se necesita darle cuerda para mantener su corazón latiendo pero su reserva de marcha, en este caso dibujada de arriba abajo, avisa con tiempo. Aquellos que cuenten con relojes automáticos les animo a probar uno de cuerda para ver lo especial que es. Siendo algo más tosco que el FP Journe y con apenas decoración, su ADN alemán está patente, es claramente uno de los relojes más especiales y con mayor personalidad de la alta relojería.
Esperando conocer vuestra opinión sobre estos tres relojes en un próximo capítulo hablaremos de otras de mis tres marcas preferidas: Jaeger LeCoultre, Glashütte Original y Zenith. 

El Aristócrata

lunes, 9 de diciembre de 2019

BREGUET Y SUS SEÑAS DE IDENTIDAD



“La elegancia no consiste en ser notado sino en ser recordado” – Giorgio Armani

Hace dos años en nuestra carta a los Reyes Magos de Oriente les pedíamos que de haber sido lo suficientemente buenos nos mandaran del lejano Oriente uno de esos diez modelos imprescindibles en el rotor de cualquier sibarita y amante de la alta relojería. Una de nuestras peticiones era el que hoy traemos a esta página: el Breguet Classique. 

Breguet, destaca además de por ser una marca con una apasionante historia detrás, también por contar con un cliente con un perfil muy definido. Difícil encontrarlo en el bar de moda pero sencillo verlo en el estreno de una gran opera, más fácil cruzártelo en un coche clásico que en el deportivo llamativo del momento, claramente más “old money” que “new money”. De hecho, la gran mayoría de los modelos Breguet se caracterizan por no buscar llamar la atención, por tener un tamaño contenido, contar con diseños atemporales, por materiales poco ostentosos… pero con una calidad a la que es francamente difícil encontrar competencia. Cierto que esta casa puede no ser objeto de deseo del gran público, pero tampoco creo que desde la manufactura sean lo que busquen. Su cliente es muy fiel y seguramente hasta llegar a hacerse con su primer Breguet este haya disfrutado de otras marcas más populares y asequibles. Quienes poseen uno de estos relojes demuestran, además de su gusto, una marcada personalidad pues claramente no se lo ha comprado ni para impresionar a su entorno ni para con él perseguir estatus alguno. Para ello, hay otros muchos relojes. 
Cuando hablábamos en aquella carta a los Reyes Magos de esta casa, comentábamos que fue fundada en París en 1775 y, que sin duda, ha sido y sigue siendo uno de los grandes nombres de la relojería más exquisita. Desde la Reina María Antonieta o el Rey Luis XVI de Francia hasta Napoleón, George Washington, Tolstoy o Victor Hugo fueron seguidores de la marca reconocida por sus esferas con decoración guilloché y sus famosas manecillas. El 26 de junio de 1801 Breguet patenta el primer reloj tourbillion, hito que le valió entrar ya para siempre en el templo de las más grandes casas manufactureras. También estuvo detrás del primer reloj automático, la primera ecuación del tiempo, el primer reloj de pulsera, el primer cronógrafo y otros muchos mecanismos que hoy vemos en otras marcas pero que fueron creados por él a principios del S. XIX. Al contrario de otras casas, Breguet, sobre todo en el modelo Classique, uno de los más limpios de la gama, persigue no solo la belleza sino principalmente la practicidad. Y con ese objetivo se creó precisamente en 1972 esta línea. Aunque Breguet fue comprada por el grupo Swatch en 1999, su filosofía y, lo que es más importante, sus modelos Classique siguen inalterados.  
La línea Classique refleja lo que precisamente en 1775 Abraham-Louis Breguet quiso mostrar creando la marca: un clasicismo atemporal por encima de modas pero que siempre estuviera de plena actualidad. Como ocurre con los trajes, abrigos o esmóquines, también en los relojes la proporción es la respuesta a si el conjunto se ha realizado correctamente. Unas solapas estrechas no pegan con unos hombros anchos como tampoco lo hace una chaqueta entallada con un pantalón holgado. Si observamos el Classique, vemos que precisamente esta proporción está presente en su esfera, sus números, sus agujas, el brazalete, el cierre, etc. 
Entrando a analizar en profundidad este modelo, lo primero que el entendido y amante de la marca reconocerá serán las archiconocidas agujas Breguet. Estas no han variado en los más de doscientos años de existencia de la marca y han sido copiadas por innumerables marcas tanto de media como de alta gama. Tal ha sido el éxito de estas icónicas agujas que el término “agujas Breguet” forma desde hace años parte del vocabulario del sector. El éxito fue tal que las imitaciones y falsificaciones empezaron a imperar y Breguet tuvo que incorporar en 1795 para identificar al verdadero Breguet su “firma secreta”. Esta firma consiste en grabar una firma prácticamente invisible trazada en la esfera con un pantógrafo de punta seca. Solo es visible con una luz de bajo ángulo grabándose justo debajo del número doce en las esferas esmaltadas o a ambos lados en las esferas con decoración guilloché. 
La filosofía de Breguet siempre fue lanzar al mercado un número muy reducido de piezas, de hecho produce muchas menos que otras manufacturas como Patek. De hecho, desde sus orígenes guarda en grandes libros una perfecta descripción de cada modelo vendido y de su número de referencia. Por ejemplo, el primer Breguet que adquirió Napoleón Bonaparte aparece en uno de estos libros detallándose todas las piezas que conforman dicho reloj y el precio de cada una de ellas. Si antiguamente el número se grababa en la tapa guardapolvos de los relojes de bolsillo, junto a la firma, o, a falta de tapa, en el reverso de la caja, en los relojes modernos el número se graba en la esfera y en el reverso del reloj.
No obstante, seguramente sea la esfera guilloché, junto con las agujas Breguet, el sello más claro de identificación de la marca. La técnica de este grabado se utilizaba desde tiempos inmemoriales para la fabricación de cajas y esferas de relojes, pero fue Abraham-Louis Breguet el primero en aplicarlo a la decoración de las esferas utilizando incluso varios diseños guilloché en una sola esfera. Las decoraciones más típicas de Breguet son la clous de Paris, el pavé de Paris, el rayo de sol, el grano de cebada, el oleaje y el tablero de damas, toda una exquisitez difícil de encontrar en cualquiera otra casa. Si Vacheron es único haciendo verdaderas maravillas con pinturas, relieves y formas en sus esferas, Breguet no tiene parangón en el uso del guilloché – para que nos hagamos una idea la precisión es de una décima de milímetro y por supuesto realizado a mano con la sola ayuda de un torno. 
Si damos mérito a las manos del zapatero o el camisero en el uso de la aguja, no menos tienen estos relojeros artesanos que son capaces de tener el pulso necesario para decorar a mano el disco de la esfera siguiendo el mismo procedimiento que hacían sus homólogos hace dos siglos. Los números arábigos propios de las esferas esmaltadas ya estaban en estos relojes desde antes de la Revolución Francesa. Los pasadores atornillados, frente a las corrientes barras de muelles, son los responsables de unir el brazalete a la caja y el acanalado - estrías finas realizadas sobre el canto de la caja de los relojes – rematan las señas e identidad de esta mítica casa.  
Breguet comenzó en Londres el año pasado el «Classic Tour», evento que persigue realzar el arte de vivir. Pasó también por Milán y suerte para nosotros llegará a Madrid el próximo día 7. Aquí está previsto que Breguet reivindique el significado de su Classique juntando a los mejores artesanos nacionales de los oficios responsables de diferenciar al elegante atemporal de aquel que prefiere seguir las modas del momento. 
“La elegancia consiste en pasar desapercibido sin dejar a nadie indiferente” -  

El Aristócrata