Mostrando entradas con la etiqueta Hecha a la Medida. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Hecha a la Medida. Mostrar todas las entradas

lunes, 27 de febrero de 2017

THE BENTLEY DRIVING JACKET – PART 2: “PRUEBAS Y ENTREGA”



Una vez cerrado el diseño de la chaqueta empezamos a hacer prueba con diferentes tipos de telas “baratas” para después de dar con el modelo definitivo pasar a confeccionarla con las telas y materiales finales.

Como digo, antes de confeccionar esta chaqueta, se hicieron varias pruebas, concretamente se confeccionaron cuatro chaquetas finales antes de dar con la definitiva. Todas estas chaquetas se cosieron pensando que su hechura y detalles serían los definitivos. No obstante, tras verlas en el maniquí siempre había algo que podía mejorarse. La forma de los bolsillos, la trabilla trasera, el rombo del forro etc. Todos estos cambios hicieron ponernos de acuerdo en definir primero su aspecto exterior y solo una vez consensuado ponernos a trabajar en su interior. 
Para no tener dudas en el resultado final, Joaquín Fernández me probó en varias ocasiones con tejidos de otra época que por su composición o terminación difícil tendrían cabida hoy. Incluso, recuerdo que en la penúltima chaqueta que realizamos utilizó trozos de diferentes telas para conseguir suficiente tejido para toda la chaqueta. De hecho, no creo que hubiera habido ningún sastre, al menos que yo conozca, que hubiera aguantado todo lo que Joaquín aguantó todos estos meses. Aunque difícil es hacerse la idea de lo que será una chaqueta utilizando otra tela y otro color, creímos, como todavía hoy pensamos, haber dado con lo que buscábamos. 
La confección tiene varias notas que difieren de la manera en la que Joaquín acostumbra coser sus chaquetas. El hombro no cae de manera natural sino que tiene cierto relieve en su costura. Su sisa es alta pero no tanto como en las chaquetas de calle. Igualmente, las mangas no quedan tan justas como en las de los trajes estándares. Ambos detalles entendibles si tenemos en cuenta que el propósito principal de esta chaqueta es acompañar al conductor del coche en su trayecto a su destino preferido y, por consiguiente, la vestirá principalmente durante el tiempo que esté al volante. 
Esto es otro de los motivos por los que la chaqueta es visiblemente más corta que las chaquetas estándar. Una chaqueta que hubiera sido más larga solo hubiera conseguido un sobrante importante de tela entre el respaldo del asiento y el propio conductor; algo que solo hubiera conseguido hacer menos placentero el viaje. Para añadir un toque extra de comodidad al extender los brazos es por lo que se incorporó una abertura en la espalda; abertura que concede unos centímetros extras de tela cuando ambas brazos están extendidos sobre el volante. 
Definido su diseño – ver su porqué en el primer artículo - fueron varios retos a los que nos tocaron enfrentarnos en esta chaqueta. Quizás uno de los más importantes fue bajar la idea conceptual de coderas a la chaqueta con la piel de Bentley. Esta piel si bien es de una incuestionable calidad, tiene un grosor y un tratamiento pensado para que resista sin inmutarse el rozamiento y el uso continuado durante años y años. Esto da como resultado una piel que no admite patina alguna ni tampoco un cosido fácil debido precisamente a su importarte grosor. Después de decidir que coser la hombrera en su totalidad restaría elegancia a la chaqueta, pensamos hacerlo solo en forma de ribete. Para que esto adquiriera sentido el núcleo de la hombrera lo adornamos con un óvalo del mismo cachemira que la chaqueta pero con el rombeado diferenciador de la casa de la B alada. 
Para el ribete de piel nos pusimos en contacto con otro viejo conocido de esta página, Antonio García Enrile, artesano de la piel que adelgazó la piel los milímetros necesarios para poderla coser de manera manual a la codera de la chaqueta. Este mismo tratamiento se hizo a la piel que franquea el cinturón trasero y a las aberturas de los bolsillos interiores. Igualmente, en el interior de la tapeta del cuello aparece un trozo de esta piel y con el logo de Bentley grabado cosido a mano.
Una vez con las líneas de la chaqueta definida, el proceso de probado fue igual al de cualquier otra chaqueta por lo que conviene no conviene hablar mucho de él sino mejor centrarse en su interior. Como explicamos en el primer artículo, se buscó un diseño de medio forro con el estampado – se respetaron hasta las medidas exactas de los rombos – idéntico al de la tapicería de los vehículos. También el doble cosido propio del tapizado de la casa británica aparece en la chaqueta. Los bolsillos interiores, uno para la pluma Montblanc y el otro para la llave del coche cuentan con un bordado realizado a mano. Las líneas curvas del forro recuerdan las carreteras en las que más se disfruta este tipo de coche. 
Espero que las fotos os ayuden a haceros una idea más aproximada del resultado final de la chaqueta donde no hay detalle que no tenga un porqué detrás. Prueba de ello es el refuerzo que se ha cosido en la parte superior del hombro izquierdo para evitar que el paso del cinturón pudiera terminar rozando la exclusiva, pero más difícil de cortar, cachemira de Holland & Sherry utilizada en la chaqueta. 
Como conclusión decir que esta ha sido una de las aventuras sartoriales más locas en las que he participado. Dudo que de poder marchar atrás me volviera a embarcar en semejante proyecto aunque a tenor de todo lo que nos hemos divertido y la repercusión, tanto nacional como internacional, que ha tenido seguro que lo volvería a hacer. 

Para terminar quiero aprovechar y dar las gracias a las casas que han confiado en mi para llevar adelante este apasionante proyecto: Montblanc, Holland & Sherry y Bentley Madrid, casas que han apostado por un profano en el mundo de la moda pero que tienen en su ADN de lujo y exclusividad valores como lo intemporal, lo hecho a mano y lo confeccionado a medida.

Fotos: 1ª y dos últimas fotos: Alvaro Felgueroso
El Aristócrata

lunes, 30 de enero de 2017

THE BENTLEY DRIVING JACKET - PART 1: “EL DISEÑO”



Tener la suerte de colaborar con marcas con tanta historia y saber hacer como Bentley, Montblanc y Holland & Sherry consigue traer al mundo proyectos tan bonitos como el que os contaré en esta página durante los próximos meses.

Cuando Bentley Madrid, más concretamente cuando Javier Arias, el director de Royal Crown, me comenta la idea de crear una prenda exclusiva para sus clientes se nos abre la puerta de un proyecto que ha llevado dieciocho meses de trabajo. Dieciocho meses de viajes, pruebas, desencuentros, trabajo con diferentes artesanos, ensayo y error, vueltas a comenzar y largos y apasionantes fines de semana entre telas, pieles, hilos, diseños y coches…muchos coches. 
Hoy los diseñadores en su constante animo de sorprender se han olvidado del hombre “estándar”, ese que al final es el que más predomina y que no vestiría ni el 99% de lo que estos presentan en sus colecciones. Quizás por eso fue por lo que un profano en el mundo de la moda como yo ha tenido la suerte de estar frente a esta apasionante idea. Aunque sea solo por esto, creo que debemos dar gracias a los diseñadores actuales de haberse olvidado de ese hombre al que le gusta la elegancia clásica y la atemporalidad de esta.

La idea era sencilla: realizar una chaqueta lo más cómoda y exclusiva posible para los clientes de Madrid de esta mítica casa de coches y que se identificara con su historia y su forma de entender la exclusividad del automóvil. Obviamente, como no podría ser de otra forma, lo primero que se decidió y en lo que estábamos de acuerdo es que esta solo podía hacerse a medida y mano. 
Una vez aceptado el reto me centré en buscar los mejores compañeros de viaje para un camino que si bien se presentaba como apasionante tampoco predecía muchas rosas en su arcén. La búsqueda del sastre seguramente fue lo más sencillo. Necesitaba un sastre de primer nivel, dispuesto a viajar para dar forma a este sueño y, lo más difícil, que estuviera dispuesto a aguantarme durante casi el año y medio que duró este viaje. La elección de la tela tampoco fue tarea nada complicada. Siendo Bentley una casa británica la elección parecía clara. Y ya puesto a diseñar algo sin límites ni presupuesto alguno por qué no incluir otro compañero de viaje que hiciera, si cabe, más especial esta chaqueta.

Conclusión: a los pocos días nos sentábamos en la misma mesa Bentley, Joaquín Fernández, Holland & Sherry y Montblanc. De Joaquín poco que decir ya que todos le conocéis, de Holland & Sherry comentar que puso a nuestra disposición uno de los mejores cachemires del mundo y Montblanc una estilográfica que además de combinar perfectamente con el la idea de la chaqueta se entregará con esta a cada uno de los compradores.
Como responsable del diseño de la chaqueta, me empapé de la historia de la marca y sobre todo de sus modelos más emblemáticos. A partir de ahí empecé a darle forma. Aún sin tener decidido ni el más mínimo detalle, sí tenía claro que la chaqueta debía ser de color verde, pero no de un verde normal, sino de ese verde oscuro tan típico de los Bentley de los años 20 y 30. Semanas después y tras estar asistir en Biarritz a una concentración de Bentley de esa época decidí que la chaqueta se basaría en el Bentley Speed Six, una derivación del Bentley 6 litros y medio aunque en una forma mucho más de competición. El Speed Six se construyó en 1928 y se convirtió en el Bentley de carreras más exitoso de todos los tiempos, con más victorias que incluso el 3 litros. Ganó las 24 horas de Le Mans de 1929 y 1930. Dos victorias seguidas que se sumaban a las anteriores de la marca, que poco a poco se cimentaba como la gran dominadora de la cita francesa. 

La inspiración del diseño del Speed Six la coge del Rolls Royce Phaeton, basta ver los dos coches para apreciarlo. Con 134 caballos de potencia y un peso mucho menor que los coches anteriormente fabricados por la firma británica, la evolución fue muy grande. Este coche es además conocido por ser el protagonista de una carrera ilegal en 1930, cuando Woolf Barnato apostó 100 libras a que podía llegar desde Cannes hasta Londres antes de que el Tren Azul llegara a Calais –tren que también partía de Cannes -. En una carrera llena de imprevistos, Woolf Barnato -ganador de Le Mans en 1929 y más adelante propietario de la casa Bentley- consiguió ganar la carrera con cuatro minutos de ventaja. 
Si bien el Speed Six fue el punto de partida del diseño de la chaqueta, también queríamos que esta hiciera un guiño al presente y futuro de la marca y añadimos – como veremos más adelante – detalles que nos recuerdan a los últimos modelos de la casa británica. Tras muchas plantillas tiradas a la basura, la chaqueta resultante contaría con solo un botón central, solo uno en las mangas, dos aberturas traseras, amplios bolsillos en los que poder incorporar los diferentes objetos que un conductor puede necesitar – gafas, guantes, llaves… -, generosas solapas para poderse cruzar y proteger a lo conductores de los modelos descapotables, coderas para evitar el desgaste al apoyar los codos cuando se conduzca, un protector en el hombro para evitar el roce del cinturón. 

Igualmente, añadí un tablón trasero con el típico diseño romboidal de la tapicería de Bentley. Tanto a este tablón como a las hombreras se les cosió un ribete exterior en piel; piel que es exactamente la misma que utiliza Bentley en sus volantes. La parte trasera se completa con un pliegue central que tiene como objeto abrirse y dar unos centímetros extras a la espalda de la chaqueta para cuando el conductor alargue los brazos al volante la chaqueta no le tire. Los botones de latón dorado, también de Holland & Sherry, están grabados a mano con el logo de la “B” de Bentley. Detalles como dicho diseño romboidal también en las coderas o unos bolsillos con un pliegue central para que al introducir cualquier objeto estos tengan suficiente cabida completan e frontal de la chaqueta. 
Si la parte exterior creo que es muy especial, no lo es menos su interior. Aquí podemos apreciar un forro en color beis claro que combina bastante bien con el mismo tono de la piel de los detalles. Aparece tanto en los laterales como en su parte trasera forrada pero dibujando el forro unas líneas curvas que nos recuerdan el placer de conducir por carreteras sinuosas. El forrar la espalda busca como objetivo que la chaqueta dure más ya que el cachemira es un tejido exquisito pero delicado. Los ribeteados de los bolsillos interiores principales aparecen cosidos en piel mientras que otros dos pequeños se han cosido para una finalidad concreta. 
El primero de ellos, un diminuto bolsillo cosido con las medidas exactas de una estilográfica Montblanc, concretamente una Meisterstück Ultra Black Classique, una serie especial elaborada en resina mate negra que recuerda a los neumáticos del coche. Sobre este bolsillo aparece una pequeña solapa con su correspondiente ojal cosido a mano y, lo que es más difícil, también el logo de la mítica casa germana cosido a mano. El otro bolsillo, también con solapa, tiene las medidas de las llaves de los Bentley. En su solapa se ha cosido en un fino hilo de seda marrón, por supuesto a mano, el logo de la alas y la B dorada.

Continuará…

El Aristócrata

lunes, 10 de agosto de 2015

EL NUEVO CONCEPTO DEL LUJO: LA ARTESANÍA



Meses atrás analizábamos la más que interesante frase de Étienne Bonnotde Condillac “una cosa no tiene valor porque cuesta algo, como suele pensarse, sino que cuesta algo porque tiene un valor”. Y hoy el cliente de productos de lujo vuelve, después de una época de excesos, a tener esto muy presente buscando no ya tanto la marca sino el verdadero valor de lo que compra porque, sencillamente, su concepto del lujo ha cambiado. Si hace escasos años lo que se estilaba era presumir de vestir las marcas de lujo más conocidas, hoy son los productos con un gran componente artesanal, realizados a mano y atendiendo a procesos ancestrales, los que representan la máxima exclusividad.

Seguro que todos recordamos como no muchos años atrás logos y marcas ocupaban de manera visible las telas de las camisas, la piel y lonetas de los bolsos, los bolsillos traseros de los pantalones, etc. Fue tal la importancia de este fenómeno que media fauna animal, incluidos caballos, patos, perros, tiburones y alces tuvieron que crecer en tamaño para poder seguir luchando por un sitio en el mercado; tamaño que no siempre se correspondía con la calidad del producto final.
Hoy, para bien, las circunstancias han cambiado y observamos una clara vuelta a los verdaderos principios del lujo: exclusividad, personalización, materiales de primera calidad, artesanía y longevidad; características que todas juntas se traducen además de en un irremediablemente elevado precio, también en un alto valor del producto.

Cuando uno tiene la suerte de experimentar en primera persona la confección de un traje a medida, no tarda en preguntarse cómo puede ser posible que todavía sean muchos los que prefieran pagar un sobreprecio por un traje de confección, de medidas estándar, realizado en su mayoría a máquina y cuya justificación para su elevado precio radica, principalmente, en la marca que aparece en su interior. Por el contrario, en un traje artesanal el cliente puede escoger todos los detalles, desde la composición y color de la tela, la forma de las solapas, el número de botones, el tipo de corte del pantalón hasta las mismísimas entretelas. Además, al cliente se le cose un traje pensando únicamente en su físico y, para ello, se le toman más de veinte medidas, se le realiza un patrón y se le hacen tres pruebas. Todo ello con el objetivo de que ese traje realce sus fortalezas y oculte sus defectos.
Solo el conocimiento de la técnica, los años de experiencia, el esfuerzo y la destreza con la aguja pueden conseguir algo tan importante como disimular un hombro caído, una barriga pronunciada o unas piernas arqueadas. Basta observar a un sastre dibujando un patrón, cortándolo, montando un hombro, cosiendo un ojal o picando una solapa, para entender por qué hoy los gustos más exquisitos no dudan en apostar por el valor de lo artesanal.

Parémonos un segundo también a pensar el porqué de pagar un importante sobrecoste por un zapato a medida. ¿Verdaderamente el valor final de ese zapato es tan superior al de un buen zapato industrial?. Aunque el valor de las cosas materiales es subjetivo, y depende siempre de la percepción personal de cada uno, hay características que sencillamente colocan a uno y otro tipo de zapato en mundos diferentes. Por muy bien terminado que esté un zapato industrial, este al fin y al cabo ha salido de una cadena de montaje mientras que en un zapato artesanal han sido las manos del zapatero y sus viejas herramientas las únicas encargadas de traerlo a la vida. 
Ver a un hormero trabajar un bloque de madera, como ya se hacía en el S. XVI, hasta convertirlo en dos hormas réplicas exactas de las dimensiones y perfiles de cada uno de nuestros pies, habla del verdadero valor de lo hecho a mano. Hoy tenemos la gran suerte de contar con excepcionales zapateros al haber conservado estos las técnicas ancestrales de sus antecesores pero además perfeccionando el diseño como nunca antes se hizo. Más allá de la comodidad extra de un zapato a medida, el contar con suelas y pieles vetadas incluso a la mejor zapatería industrial y la posibilidad de disponer de un diseño totalmente exclusivo, sitúa a la zapatería artesanal en el más alto grado del refinamiento.

La artesanía ha regresado para enfrentarse a un mundo que se mueve con enorme  rapidez. Y lo ha hecho devolviendo a la vida esos pequeños talleres que parecían olvidados, esos utensilios envejecidos por las manos de varias generaciones y aquellos antiguos taburetes de madera. Para estos artesanos, liderados por los maestros de la piel, no importa ni el tiempo ni el número de maletines, baúles o bolsos que sean capaces de hacer. Para ellos, lo verdaderamente importante es la calidad de la mano de obra empleada, la atención a los más pequeños detalles y en que sea, precisamente, el nivel de terminación del producto, y no la marca, el que justifique su verdadero valor.
Si en la sastrería, la camisería, la zapatería o la marroquinería el regreso a los valores es palpable, el fenómeno de la relojería manufacturera ha cambiado totalmente el significado de la palabra lujo. Si antes muchos soñábamos con hacernos con una u otra marca, hoy el cliente de la verdadera alta relojería ya no busca las piezas de estas casas sino las complicaciones que salen de las manos de ciertos relojeros independientes. Complicaciones como la del tourbillon, la repetición de minutos, el calendario perpetuo, la ecuación del tiempo etc. requieren, ya no de fábricas o de grandes nombres, sino de mentes y manos capacitadas para hacerlas realidad. Viendo trabajar a uno de estos relojeros es cuando uno entiende el verdadero significado de la frase de Étienne Bonnotde Condillac.

El Aristócrata

jueves, 11 de junio de 2015

LA VICUÑA, LA TOMA DE MEDIDAS Y LA PRIMERA PRUEBA




En este capítulo vamos a ver con más detenimiento el proceso de confección de un abrigo cruzado a medida, con grandes guiños a los gabanes del siglo pasado, pero con un corte más actual y acorde, sobre todo, a las placenteras temperaturas de nuestros últimos inviernos.

Tras conversar en diferentes ocasiones tanto con María Alonso y José Alonso como con Daniel Schleissner sobre el corte del abrigo, todos teníamos claro que sería cruzado. Todos ellos insistieron en que no solo por delante tenía que ser especial sino también lo debería ser por detrás. Para ello diseñaron un corte trasero abierto con pliegues y con un tablón en forma de cinturón que recuerda claramente a gabanes de tiempos pasados “mejores”. Y decimos “mejores” porque hoy, son pocas las personas que se fijan, y demandan, este tipo de detalles lo que hace que carezca de sentido invertir un 30% más de tiempo en un trabajo que o bien no se entiende o bien no se aprecia. Sin embargo, intentando cumplir con el lema de esta página “Classic in a Style way” quisimos no privarnos del placer de contar con un abrigo atemporal pero con un corte corto y ceñido y, en definitiva, acorde con mi edad y con mi forma de vida.


La elección de la tela junto al diseño de la prenda fue sin duda alguna la parte más placentera de todo el proceso de confección del abrigo. Todo amante de las telas disfruta tocando y apreciando las diferentes composiciones que hoy hacen los mejores telares. Conforme se sienten unos y otros te llegas a dar cuenta de la diferencia que puede haber entre un algodón 100%, un algodón con cachemira,  una cachemira con seda o, por ejemplo, una seda con lino. Y conforme vas profundizando en el conocimiento de los diferentes tejidos llegas a entender el porqué el precio del metro de determinadas cachemiras puede hacer que una chaqueta llegue a costar hasta tres veces lo que costaría de haberse hecho en lana.

Como queríamos que este fuera un abrigo especial solo nos centramos en tejidos de melton, de pelo de camello, de cachemira y de vicuña. Si bien hay que reconocer que la vicuña 100% no tiene parangón ni en sus cualidades ni es su suavidad y su tacto debe ser lo más cercano a lo que sería tocar el cielo, su precio (entre 6.000€ y 8.000€/metro precio venta público) lo hacía prácticamente prohibitivo. Sin embargo, Daniel siempre ha sido un enamorado de este tejido y desde prácticamente que empezó en el oficio de sastre fue, en la medida de sus posibilidades, comprando metros de vicuña tanto a telares que iban desapareciendo como a sastres que se iban jubilando y que todavía conservaban algunos metros de esta codiciada lana. Y una de esas adquisiciones fueron casi tres metros de un tejido inglés formado 50%-50% por vicuña y cachemira. Este tejido fue en su día comercializado por la ya desaparecida casa de tejidos catalana Gimtex y Daniel no dudó en hacerse con él.


El año pasado aprovechando la confección de una chaqueta en cachemira 100% y un abrigo con mezcla lana-cachemira hablamos ya de las características de la cachemira. Por ello, esta vez no lo volveremos a hacer y nos centraremos sólo en la vicuña. La exclusividad de la vicuña viene en parte por la escasa oferta de esta lana y por sus excelentes particularidades una vez convertida esa lana en tejido. Cuenta con una trama abierta, muy poco apretada que consigue ese aspecto esponjoso tan característico suyo. Su finísimo hilo de 12 o 13 micrométros – o dicho de otra manera la milésima parte de un milímetro – lo hace todavía más fino que el de la cachemira la cual cuenta con 14 o 15 micrómetros. Por ello, al mezclar la cachemira con la vicuña se consigue un tejido además de súper suave también muy ligero; nada que ver con las pesadas y compactas lanas con las que se suelen fabricar este tipo de abrigos. Además, al mezclar dos pelos tan finos se consigue una prenda muy abrigada y de una increíble ligereza.

La toma de medidas se realizó de manera bastante rápida ya que prácticamente estaban todas en la cabeza de José Alonso. No obstante, Daniel y José quisieron cerciorarse de ello y me midieron prestando gran atención tanto a las medidas del pecho – y de esta manera luego evitar que las solapas se pudieran llegar a abrir – como a la altura de ambos hombros para asegurare de que el abrigo caería con el mismo largo tanto en un lado como en otro. Igualmente, la curvatura de la espalda y su transición al trasero se estudió en detalle para evitar que el abrigo se pudiera abrir por su corte trasero central.


Terminada la toma de medidas repasan todos, María, José y Daniel, el corte del abrigo y nos despedimos de ellos hasta dentro de tres semanas, momento en que debería estar el abrigo ya hilvanado. No obstante, durante este tiempo Daniel quiso llamarnos para hacernos una prueba en falfa (se prueba el abrigo sin éntrelas y sin las pinzas cosidas de manera similar a lo que hacen los modistos). Concluida dicha prueba intermedia, la sastrería Daniel Schleissner elaboró un patrón por cada una de las piezas que forman el abrigo – espalda, delantero, mangas y puños - en fiselina. La fiselina al contrario del clásico papel envejece mucho mejor no doblándose las puntas con el tiempo y conservando su aspecto original durante muchos más años.

Tras realizar el patrón, lo pasaron a la tela con un tiza Handcok (también muy escasa hoy y que ya no se fabrica) y procedieron al corte de dichas piezas. A la hora de cortar las telas de pelo hay que asegurarse de que este esté todo en el mismo sentido. Para ello, el pelo se humedece con un trapo y se plancha para arriba y para abajo, se deja secar y posteriormente se peina con un cepillo. El humedecerlo es una parte fundamenta del tratamiento de este tejido ya que si no el pelo tras pasar por la plancha se podría quedar aplastado y salirle brillos. En este punto aprovecha Daniel para recordarnos de la importancia evitar planchar tanto este como cualquier otro tejido natural ya que la plancha hace que con el tiempo estos tejidos terminen perdiendo su aspecto y aire originario.


Aunque en esta ocasión fueron María y Daniel los que cortaron el abrigo, José Alonso, como maestro de ellos dos, estuvo todo el tiempo presente asegurándose por un lado que los 2,7 metros dieran para todo el abrigo y que no se errara en el corte de los patrones ya que de hacerlo toda la tela utilizada se hubiera desperdiciado con un importante coste. La fibra tanto de la cachemira como de la vicuña son, al contrario de por ejemplo la de los tejidos tweed, muy largas y sin apenas empalmes lo que obliga a, una vez cortadas las diferentes piezas, humedecer las entretelas y resecarlas por separado. Esto busca que cuando se planchen no se produzcan aguas.

Hay también que tener en cuenta que este tejido encoje hasta tres centímetros al plancharlo y cuando vuelve a su situación de reposo vuelve a estirarse. Por ello es fundamental no coser el abrigo justo después de plancharlo y hacerlo solo cuando las entretelas y la tela están perfectamente acopladas y sincronizadas. Comprobado esto por José, María Alonso se pone manos a la obra hilvanando el abrigo y empezando a definir la forma y aberturas de la espalda.

Dentro del probador Daniel insiste en, al contrario de lo que se solía hacer antes con este tipo de abrigo, él prefiere ceñirlo de forma que te permita moverte con libertad pero sintiendo que el abrigo está ahí, igual lo haría una chaqueta de traje. El hecho de los abrigos clásicos se suelan casi siempre vestir con traje obliga a descargarlo mucho de hombrera para que los hombros sigan teniendo una caída natural. De no hacerlo, la hombrera de la chaqueta sumada a la hombrera del abrigo daría como resultado unos hombros prácticamente rectos. Para ello, se utiliza una hombrera específica de abrigo a la que de cara a la siguiente prueba le quitarán parte de su estructura con el objetivo precisamente de hacerla lo más liviana posible. Esa pequeña hombrera es la que hace que, al contrario de lo que ocurre ciertas estructuras napolitanas que no cuentan con hombrera, no se formen flojos en el hombro. Si bien una chaqueta desestructurada napolitana persigue unlook desenfadado, este tipo de abrigo, por el propio tejido y por su propia hechura, corte y características, busca un aspecto más serio y una vida más larga por lo que el uso de la hombrera, aún cuando sea pequeña, se antoja obligatorio.


Las entretelas que elegimos son exactamente las mismas que se utilizan en una americana para encontrar la comodidad y frescura que requieren nuestros livianos inviernos. El plastón en el pecho lo pican a mano con nos picados muy suaves y abiertos para conseguir que el pecho no quede muy acartonado. Si los picados fueran fuertes y muy juntos el pecho quedaría más armado. Junto a este plastón se cose una entretela de crin de caballo y otra fina entretela de estambre puro para que el tacto de la crin de caballo no llegue nunca a molestar.

Aprovechamos esta prueba para definir las medidas de las solapas haciéndolas un poquito más anchas que las que salieron del hilvanado. Añadimos una pitillera y definimos el largo definitivo, la sisa, el cruce y la situación exacta donde irán los botones. En ese momento entra José al probador y repasa con Daniel toda la prueba haciendo ciertas modificaciones a los ajustes realizados antes de su llegada. Rebaja algo los hombros, suelta un poco el costado para evitar que se abra por la espalda y marca más el cruce frontal. Terminado esto, les comento mi gusto porque el abrigo me cubra todas las prendas que quedan por debajo de él; incluido los puños y el cuello de la camisa. José, sin embargo, siguiendo los consejos de sus admirados Cordova, Mogrovejo y Collado prefiere dejar visto el cuello de la camisa y hasta optar por un cuello escotado, ya que aunque a priori pueda no ser lo más purista e ir en contra del significado de la palabra “overcoat”, piensa que es mucho más estiloso. Además de esta forma se evita tener que hacer un cuello de grandes dimensiones.


José Alonso también es partidario de hacer, al contrario de lo que se estila hoy, unas solapas anchas para en momentos de mucho frío poderlas estirar, subirnos el cuello y proteger todo el torso y el cuello del frío (motivo por el que tanto las chaquetas como los abrigos cuentan con solapas). Igualmente, todos somos de la idea de coser los botones de las mangas cerrados ya que el hacerlos practicables carece de sentido en una prenda en la que nunca sus mangas se remangarán. Solo el querer demostrar que tu abrigo está hecho a medida – y su alto precio- justificaría el hacerlos practicables. En este punto yo siempre he insistido en que carece de sentido, y hasta de clase, el desabotonarse los botones de cualquier prenda a medida. Si lo que quieres es demostrar que tu traje es de sastre es mejor buscarte uno bueno y que sea su trabajo y no este pequeño detalle el que demuestre, sin atisbo de duda, que esa chaqueta, esa levita o ese abrigo están hechos a mano y a medida. 


Como apunta José “humildemente pienso que muy poco diría de nuestro trabajo el que un cliente tuviera que usar este detalle para demostrar que su abrigo está hecho a mano”. “Esta joya de tejido es imposible de encontrar en un traje de confección y si además de eso añadimos su hechura y los detalles con los que cuenta refuerza mi idea del sinsentido de hacerle botones practicables”. “Es importante no obsesionarse con los detalles sin importancia. Es mejor, y mucho más difícil, conseguir que la prenda tenga estilo y que transmita emociones a que cuente con unos cuantos botones practicables”. Insiste en la necesidad de priorizar el estilo sobre la perfección aún cuando ello suponga el cometer lo que a priori podría ser un fallo. “Por ejemplo, si el cuello está algo descotado no significa que sea un fallo. Lo importante es conseguir la belleza dentro de la imperfección; esa era la belleza de la que siempre hablaba Collado y de las fuentes en las que yo bebí”.


Mientras charlamos José y Daniel nos muestran abrigos que conservan de la sastrería de Collado y nos comentan que esos abrigos estaban hechos con tejidos de 700 gramos mientras el nuestro por su particular hilatura era de solo 400 lo que le confiere una ligereza difícil de encontrar en este tipo de abrigos clásicos. Seguimos charlando con los dos y aquello de lo que hablábamos en el primer capítulo de la especial atención al detalle nos lo empiezan a mostrar sobre el propio interior del abrigo. Aunque una vez terminado el abrigo nadie verá las éntrelas que lleva por dentro, Daniel no permite que ninguna prenda salga de la sastrería sin que estas, por ejemplo, hayan sido rematadas con una tijera con dientes impidiendo que en el hipotético caso de que un día se desmontara alguien pudiera ver las éntrelas sin sus bordes rematados y deshiladas. Los propios plastones internos están terminados en formas geométricas perfectas algo que solo da más horas de trabajo y que nadie podrá observar pero que es algo obligatorio en cualquier prenda rematada por María.


El forro interior es de estambre de Benber, muy difícil también de encontrar hoy, cuyo principal compuesto se extrae del eucalipto y que permite que la prenda conserve el calor pero permitiendo que transpire. Este forro ya lo cosió María para la prueba para que de esta forma pudieran su padre y Daniel conseguir la hechura más próxima a la que tendría el abrigo una vez concluido. Sin embargo, si bien María prefiere dejar para adelante los ojales, en esta prueba ya ha empezado a trabajar el tablón cosiéndolo de manera cargada, sin forro y en solo una pieza y no dos como es la costumbre. Igualmente, al igual que hacía Antonio Collado el pico donde muere la abertura trasera hacen que mire para arriba y no para abajo y todas las costuras las harán cargadas, algo que exigirá unas diez horas extras de trabajo. Otro guiño al trabajo de aquel gran maestro será añadir al abrigo un único bolsillo interior; un detalle que se hacía por aquel entonces para alejarse de lo que se estilaba en la confección industrial. En total 73horas de trabajo para convertir un tres metros de tela en una pieza de abrigo intemporal.  


La conversación termina nuevamente derivando en la forma de trabajar de Collado, de su difícil forma de ser y de ese espíritu rompedor que caracterizó toda su carrera como sastre. De hecho, el maestro de los maestros, Cristobal Balenciaga, quien también fue sastre, lo visitaba con gran frecuencia en busca de ese concepto rompedor de Collado con la seriedad de la época; seriedad que se trasladaba a la ropa y a la manera de vestir de aquella generación.

Próximo capítulo: Estudio detallado de la prenda y última prueba.


El Aristócrata

lunes, 8 de junio de 2015

¿SOLAPA PICADA A MANO O A MÁQUINA?




Una de las cuestiones que más polémica levanta últimamente es la referente a si el contar con las solapas picadas a mano da como resultado un traje con mejor aspecto o no. En el debate sobre el mayor o menor grado de artesanía en un traje a medida la forma de picar las solapas siempre intenta balancear el resultado para uno u otro lado. Parece que hay otras variables, a priori como mínimo igual de importantes, que no se tienen en cuenta en la ecuación de la artesanía pero, sin embargo, el picado de la solapa más allá de su dificultad de ejecución siempre parece ser uno de los puntos más recurrentes. 

Igualmente, parece que se olvida que ambas técnicas requieren de una destreza determinada y que de nada sirve hacerlas a mano si no se hace bien. De la misma forma también el picado a máquina requiere de una técnica específica. Además hay que tener en cuenta que no es lo mismo un buen picado a máquina donde cada fila se realiza a mano y por separado que uno donde toda la pieza sale picada de una tras pasar toda ella por una máquina escasos segundos (práctica de la confección industrial). Y tampoco es lo mismo el picado a máquina “aplastado” que otro realizado también a máquina pero con flojo. 


Máquina picado fila a fila

Por todo ello parece peligroso afirmar categóricamente cualquier tipo de afirmación en este campo ya que de hacerlo seguramente una voz más experimentada nos apuntará que “depende”. Y es precisamente el significado de ese “depende” el que esta semana queremos despejar.

Si bien podría contar mi experiencia personal con mis trajes con sus solapas picadas a mano y otros donde han sido picadas a maquina, creo que sería un atrevimiento por mi parte adentrarme en un campo técnico sin haber dado una puntada en mi vida. Aunque hoy todos parecemos ser libres para emitir juicios de valor de prácticamente cualquier tema, independientemente de nuestro grado de conocimiento real, creo que al menos en este campo es mucho mejor escuchar a alguien que conoce perfectamente la técnica de ejecución de una y otra práctica y que sea él como profesional quien nos exponga las diferencias y las ventajas de una y otra técnica.

Máquina picado "one go"

Alberto Calvo de Mora nació y creció entre dedales y tizas de marcar y desde los diecisiete años, hoy cuenta con treinta y siete, sigue los pasos de su padre y su abuelo pero ya en primera persona. Y por nuestra amistad y por tener la seguridad de que él sí conoce perfectamente ambas técnicas quiero que sea él quien en las siguientes líneas nos de su punto de vista y nos despeje a los neófitos las incógnitas que pudiéramos tener sobre el tema.

Alberto Calvo de Mora:

Siguiendo la petición de José María voy a intentar dar mi opinión sobre el picado de la solapa a mano y a máquina así como sus diferencias, sus ventajas y los inconvenientes de una y otra técnica. 

Picado a máquina con flojo

Antes de entrar en materia es importante apuntar que hablar de artesanía en el sector de la sastrería a medida no garantiza, como tampoco lo hace en cualquier otro campo artesanal, que el producto tenga un buen acabado. En esto tendrá mucho que ver el artesano en cuestión. Todos podemos coser un botón y hacerlo de manera totalmente artesanal pero el resultado diferirá mucho de unos a otros. Este punto me gustaría subrayarlo ya que por estar hecho a mano no significa que el resultado sea mejor ni por estar hecho a máquina que sea peor. Al final es la pericia y las manos del artesano que cose la prenda los verdaderos responsables de poder afirmar, o no, que su artesanía es mejor que lo que hubiera conseguido una buena máquina. Y esto hay que tenerlo muy en cuenta al hablar de solapas picadas a mano o a máquina. Son estos cánones de destreza en la ejecución del picado los verdaderos responsables de decantar la balanza para un lado u otro. Porque, en definitiva, de nada sirve un buen corte en un traje si los volúmenes no se aplican en sitio correcto. 

Picado a máquina de ínfima calidad

Pero empecemos por el principio, ¿para qué sirve y en que consiste el picado de la solapa?. De forma resumida podemos decir que el picado sirve para unir la entretela con la tela mientras se da la forma correcta a esta. Y ¿en qué consiste un picado a mano? Pues en coser con un punto de 1/ 2 cm mas o menos paralelo a la línea del quiebre de la solapa. El siguiente punto se daría a 1cm mas o menos hacia abajo o hacia arriba dependiendo de la dirección que estemos siguiendo. Se trata de calar lo menos posible la puntada por el derecho de la tela. Todo esto se realiza con el objetivo de que no se vean las puntadas por debajo ya que es algo que además de quedar horrible no habla nada bien del trabajo del sastre. Este punto arriba y abajo va poco a poco formando una especie de espiga.

El proceso del picado no ha de hacerse de forma plana sino por el contrario enrollando la solapa con la tela por debajo para que vaya cogiendo la forma por si sola. Esto le da a la solapa un vuelo con un claro sello de artesanía imposible de encontrar en prendas RTW. Si se ha hecho bien la solapa no se levantara y se pegará al pecho con una ligera línea curva dando como resultado una bonita solapa. Este proceso se suele alargar una hora. 

Picado a mano

¿Y cuál es la diferencia con el picado a máquina? Antes de ver las diferencias permitirme apuntar que las maquinas que se utilizan hoy en día han evolucionado muchísimo respecto a las antiguas máquinas utilizadas en la confección industrial. Los operarios que las usan también han evolucionado estando hoy capacitados para conseguir que este picado imite de manera bastante próxima al picado a mano. Las máquinas de picar solapas que hoy se utilizan en las mejores sastrerías ya vienen con formas para simular la curvatura que se da a la solapa cuando se pica a mano. El punto va de la misma manera en paralelo al quiebre de la solapa pero al contrario de la hora necesaria para picar una solapa a mano en este caso solo se necesitan cinco minutos. 

¿Cuáles son las diferencias más destacadas entre un picado y otro? La gran diferencia es obviamente el tiempo que requiere una y otra técnica. Una hora frente a cinco minutos. Resulta muy difícil que un ojo no profesional pudiera decir una vez puestas las vitas y con la chaqueta terminada si esas solapas han sido cosidas a mano o a máquina. No obstante, el ojo profesional sí notaría que la solapa picada a mano consigue con un vuelo especial. Pero ese ojo debe ser profesional o estar muy ducho en el oficio.  

Picado a mano de una solapa de esmoquin 

Concluyendo este tema, siempre habrá una diferencia a favor de la solapa picada bien a mano frente a la picada bien a máquina pero, como digo, para eso debe estar muy bien picada y eso no todo el mundo lo sabe hacer. Si no tenemos la certeza de que nuestro sastre está ducho en esta técnica siempre resulta más seguro apostar por una solapa picada bien a máquina. Antes de terminar me gustaría decir que independientemente de que se haya realizado un buen picado, ya sea a mano o a máquina, hay que tener en cuenta que los pasos siguientes del proceso serán igual de importantes que el propio picado. Por ejemplo, si la vista no está bien vuelta con el flojo correcto que permita a la solapa volver el buen picado del que hablamos quedará totalmente arruinado.

En definitiva, artesanía sí pero siempre y cuando sea de calidad.

Muchas gracias


El Aristócrata

viernes, 30 de enero de 2015

HOW TO MAKE A GOOD SUIT GREAT

If you’re going to go to the trouble of wearing a suit, you don’t want it to look average. You don’t want it to look acceptable. You don’t even want it to look good. You want it to look great, and you shouldn’t settle for anything less. One way to do that is to drop thousands of dollars having someone design a suit just for you, but it isn’t a practical option for most guys. Instead, there are plenty of tricks, tools and rules that can turn an ordinary suit into an extraordinary one.

A Well Fitting Jacket

A Well Fitting Jacket
Are you sick of hearing us say that fit is everything? Then sorry, today is not your day. Fit is everything. It’s the most basic building block of a great suit. If you don’t get it right from the very beginning, even the most expensive suit will look like something your blind aunt picked out for you when you were twelve. The right jacket should give you a full range of motion, both buttoned and unbuttoned, and should suit your body type. If you’re shorter or stockier, stick to single-breasted. If you’re tall and lean, experiment with double-breasted. If you’re carrying little extra around your middle, a jacket with a lower button will elongate your silhouette.

Correct Trouser Length

Correct Trouser Length
Tailoring your trousers is a must. Up top, they should sit near your waist – not your hips. You should be able to fit a finger – but not more – into the waistband comfortably. Down below, your ankles should be completely covered (even if you have spectacular taste in socks) and the hems should just brush the top of the heel. This ensures the trousers drape properly and maintain their shape. Traditional tailoring dictates one break at the front of trousers and a straight line down the back. There should be no excess fabric pooling around your ankles. If you want a more modern look, you can opt for shorter trousers that have a half-break or no break at all, and show off your shoes and a sliver of sock.

Sleeve Length To Cuff Length Ratio

Sleeve Length To Cuff Length Ratio
Like a woman’s little black dress, your jacket sleeves should reveal something but not too much. Aim for showing off about 1.5 cm or a half inch of shirt cuff. On the shirt side of things, your cuffs should not slide up when you stretch your arms. A good tailor will measure both arms separately because almost no one is symmetrical. If you’re wearing a button-cuff shirt, your sleeves should touch your wrists. If you’re rocking a French-cuff shirt, the cuffs should break a little further down. And never, ever forget to remove the label on the left sleeve of your jacket before wearing a new suit.

Jacket And Shirt Button Etiquette

Jacket And Shirt Button Etiquette
Like a lot of etiquette lessons, jacket and shirt button protocol should be simple to follow, yet tons of guys still get it wrong.
  • Rule #1: Always unfasten your jacket buttons when you sit. No exceptions.
  • Rule #2: Always keep your cuff buttons fastened. Also no exceptions.
  • Rule #3: Button all the buttons on your dress shirt. Still no exceptions. (Unless you’re wearing no tie of course)
  • Rule #4: For two-button jackets, button the top button only. For three-button jackets, leave the bottom undone, fasten the middle, and choose whichever option you prefer for the top.
  • Rule #5: If you’re going the double-breasted route, keep the top and inside buttons fastened at all times, but always leave the bottom undone.

Great Shirt Collar & Well Tied Tie

Great Shirt Collar & Well Tied Tie
Getting it right in the neck region requires a few elements to work together. First, as always, is the fit. You should be able to fit a single finger between your neck and the collar of your shirt, but no more than that. A small amount of shirt collar should be visible above the jacket. Shape and size are also important. Your collar should complement your face as well as the kind of knot you tie in your neckwear. Your tie knot should fill the space completely, so wider knots are better suited to spread or cutaway collars. To maintain formality, your tie knot should be balanced – asymmetrical knots are more casual that symmetrical knots. If you’re going without a tie entirely, keep the collar on the smaller side.

Well Polished Shoes And Matching Belt

Well Polished Shoes And Matching Belt
The matching shoes and belt are a tried-and-true style rule. A black belt is almost always a safe bet, but brown will be more appropriate with khaki suits and certain shades of grey. The buckles should match any other accessories you’re wearing, e.g. a watch. Footwear can present a bit of a conundrum. With all the options now available for men, your shoe collection could easily rival your girlfriend’s. How do you choose? Learn your way around the different kinds of men’s shoes. Oxfords, monk straps, brogues, derbies, loafers, Chelsea boots…all are possibilities, provided they fit the suit and the formality of the occasion.

Add Detail With Accessories

Add Detail With Accessories
Accessories are one of the easiest ways to turn an average outfit into something extraordinary, but consider them carefully. Your possible options include pocket squares, cufflinks, tie bars and lapel pins, but if you try to wear them all at once, you’ll end up looking like the sartorial version of a hoarder. Err on the side of restraint. The same goes for timepieces. If you’re wearing a watch with your suit, make sure it’s something elegant and sophisticated, not the bulky, shock-resistant number you wear to the gym.

viernes, 5 de diciembre de 2014

NORMAN VILALTA BESPOKE SHOES, THE MEASURING



El leitmotiv de esta página desde sus inicios no ha sido hacernos eco de los productos de las grandes marcas ni de aquellos de gran coste sino hacerlo solo de los de gran valor. Por ello, durante todos estos años hemos centrado prácticamente toda nuestra atención sobre productos artesanales; productos que por norma general quedan alejados de lo que se produce en las fábricas de los grandes grupos de moda.

Y el máximo exponente de la artesanía son los productos 100% bespoke, entendiendo por estos productos hecho tanto a medida como a mano. Aunque hoy en día no son pocos los artesanos que intentan vender un producto MTM como bespoke todavía hoy podemos encontrar maletas, corbatas, camisas, trajes o zapatos que han sido creados desde cero, según una fisionomía concreta, atendiendo solo a los gustos personales de un cliente concreto, sin seguir un patrón o diseño existente, y realizados a mano siguiendo tradiciones ancestrales. Y son estos los que todo amante de lo exquisito intenta alcanzar. 
Con motivo del lanzamiento de la colección RTW de Norman Vilalta, este me invitó a conocerla antes de que se pusiera a la venta. Aunque tenemos una fluida relación de hace varios años siempre es un placer pasar por su taller de Barcelona y ver esos imposibles nuevos zapatos bespoke que está haciendo para el cocinero de moda o las manoletinas con las que espera se abra la Puerta Grande de las ventas o simplemente conocer sus siempre inquietos planes de futuro.

De esta colección que ya está disponible en edición limitada y en exclusiva en la que para mi es la mejor tienda multimarca de alta gama de España, Santa Eulalia, os hablaré en profundidad en un futuro artículo.
Sin embargo, en esta ocasión quiero narrar como ya hicimos en aquel artículo de noviembre de 2009, el proceso de confección de unos zapatos 100% de este artesano-artista.

Los que conocen a Norman, seguramente estarán conmigo en que al contrario de muchos de sus compañeros, él tiene la virtud de no solo ser un magnífico artesano sino también un estupendo diseñador. Es ese toque de artista el que hace que sus zapatos se salgan de lo que estamos acostumbrados a ver en muchos zapateros a medida británicos. Norman, al contrario de ellos, prefiere crear zapatos de formas imposibles o de patinas llamativas antes de reinventar un Oxford negro o un zapato más o menos clásico. Esto hace que su trabajo no deje a nadie indiferente gustándote mucho o, por el contrario, no atrayéndote lo más mínimo. Ni que decir tiene que como todo profesional que domina la técnica de su oficio, Norman también puede construir el más clásico Oxford o el más tradicional Derby pero son sus hormas imposibles y esos diseños tan “Made at Norman´s house” los que tanto él como sus clientes quieren ver salir de sus manos.
El que nos conozcamos hace varios años hizo prácticamente innecesario el tener que pasar ese tiempo tan necesario para conocer la personalidad y gustos del cliente. Solo un profundo conocimiento de estas dos facetas permite reflejar ambas en forma de boceto el zapato que quiere ese cliente.

Sin embargo, a lo que si dedicamos tiempo fue al diseño de la suela. Aunque esta sea apenas visible son precisamente los detalles que no se ven los que hablan del cariño puesto en ese producto así como la calidad final del mismo. Quienes hayan tenido la suerte de ver la suela de un zapato bespoke de Berluti, Corthay o Delos habrán comprobado el enorme trabajo realizado en la suela y cómo esta es de una enorme belleza. Quizás sea este el motivo por el que Norman insistió en diseñar antes la suela y solo después hablar del tipo de zapato que queríamos.
La suela que finalmente decidimos no fue solo capricho de mi gusto personal sino también de la fisionomía concreta de mis pies. Como ocurre, por ejemplo, en la camisería a medida, donde no a todo el mundo le favorece un mismo tipo de cuello, en la zapatería a medida no a todo el mundo le es igual de cómoda una u otra suela.

Siempre me ha resultado curioso la poca o nula importancia que se presta a las suelas de los zapatos. En la mayoría de las casas, y hablamos incluso de las marcas de más renombre internacional, de no estar grabada la marca se haría muy difícil ser capaz de averiguar el nombre que está detrás del zapato. De un tiempo atrás se está poniendo de moda, quizás tras el éxito cosechado en los zapatos de mujer, colorear y hasta dibujar las suelas. No obstante, son pocas las casas las que han hecho de una forma de suela su seño de presentación.
Es en esta primera fase, la de la toma de medidas, donde se ponen las bases de lo que será el zapato final. Aunque un posible error en esta fase todavía se podría subsanar en la segunda prueba, el zapato de prueba, esto haría utilizar precisamente este zapato de prueba para subsanar ese problema y no para pensar en perfeccionar la comodidad del zapato final. Mientras se produce la toma de medidas Norman viendo tanto lo que le chiva la plantilla del pie como analizando como te ajusta el zapato que llevas en ese momento puesto te pregunta sobre si te roza en tal sitio concreto o si no llegas a rellenar el empeine bajo del zapato, algo que se traduce en un leve arruga o si si bien el dedo pulgar puede quedar conforme el límite de la puntera el resto no. Todo esto ayuda no solo a pasar las medidas más próximas de tus pies al papel sino también le sirven a él para empezar a imaginar las particularidades concretas que deberá tener la horma sobre la que construir el zapato.
Las medidas que se reflejan en la cuartilla son muchas. Desde el contorno de pie, la altura del empeine, la longitud del pie, la distancia total de los dedos, la curva del talón, el arco interior del pie, el apoyo de la planta hasta el sitio donde el pie se empieza a estrechar son apuntadas en dicha cuartilla. Igualmente, te palpa el pie en busca de alguna particularidad a tener en cuenta, como algún hueso que pudiera sobresalir, algo que en edades más avanzadas suele ser común, y de encontrar algo a resaltar también lo refleja en su papel.

Este proceso se replica en el pie izquierdo ya que es de lo más frecuente el que un pie sea medio centímetro más largo que el otro. Al terminar la toma de medidas de cada pie en ambos casos te pide ponerte de pie para ver el aplomo sobre la cuartilla de cada pie. Todo esto queda reflejado en forma de planta de pie y números en una cuartilla que servirá para hacer la horma de madera de cada pie sobre las que construir de manera independiente cada zapato.
Norman prefiere, quizás guiado por el sabio conocimiento que da el tiempo y la experiencia, el dar al cliente una vez tomadas las medidas unas semanas para que este tenga claro el zapato que quiere antes de hablar con él sobre la mejor opción. Como es comprensible los clientes que acuden a este tipo de zapatería a medida lo hacen mas guiados por su deseo de adquirir algo único que por una cuestión puramente ortopédica. Y como nos cuenta Norman, cuando has tomado las medidas a un cliente este es normal que empiece a buscar información y a ver zapatos en internet algo que con seguridad hará que cambie la idea de zapatos que llevaba a la toma de pruebas.

El Aristócrata