lunes, 24 de abril de 2017

LOS NUEVOS ARTESANOS RELOJEROS – PARTE 1



Siempre he admirado a las personas creativas capaces de crear una necesidad de consumo y también a aquellas que se salen del pensar general embarcándose en una aventura empresarial que les llevará a enfrentarse a empresas consolidadas y reconocidas por el consumidor. Cuando la mayoría de los mortales piensa que todo está inventando y que difícil es mejorar un producto ya existente aparece una persona o una marca y te hace cambiar de opinión. 

Recuerdo como no hace tanto tiempo Nokia parecía estar llamada a ser la marca de móviles de referencia y en cuestión de pocos años aparece BlackBerry y la desbanca entre particulares y profesionales. Cuando BlackBerry dominaba la telefonía móvil y poca gente se acordaba ya que una vez existió una marca que se llamaba Nokia, surgió el IPhone - y Apple - desbancando a BlackBerry para nunca más volver a saber de ella. Y a pesar de que IPhone y Apple representan hoy no solo una marca o un producto sino una filosofía que va más allá, no me extrañaría mucho que volvamos a ver en no mucho tiempo otra marca u producto, más si cabe teniendo en cuenta la escasa evolución al menos estética del IPhone 7, que baje del trono al IPhone y lo convierta rápidamente en un recuerdo del pasado. (Pensemos por un segundo que tampoco lo hubiéramos afirmado en su día de Nokia o BlackBerry). 
Al final son las personas con una capacidad creativa fuera de lo común y que ven oportunidades incluso en los mercados más maduros las que consiguen desbancar hasta a las marcas más consolidadas. Y pocos sectores se libran de esta alegre y refrescante realidad. Y la relojería no es una excepción. Cada determinado tiempo vemos como marcas que estaban durmientes despiertan y empiezan a vivir sus mejores días (e.g. Panerai). Pero más allá de estas marcas ya existentes, encontramos jóvenes artesanos relojeros que se atreven a desafiar a siglos de tradición y bebiendo de las fuentes de la más tradicional relojería crean nuevos mecanismos, nuevos diseños y algunos de ellos hasta su propia marca. 

Desgraciadamente, cuando estos nuevos nombres empiezan a ganar popularidad necesitan crecer para poder seguir creando y en un periodo más o menos corto de tiempo pasan a formar parte de alguno de los dos grandes grupos relojeros existentes. Esto, si bien no debería ser algo negativo, hay a gente que como a mi le causa un cierto rechazo al perder para siempre la marca parte de su fresca esencia inicial. En un mundo donde el grande se come antes o después al chico, el que marcas legendarias como Hermes, Patek Philippe o Goyard sigan resistiéndose a la llamada de la generalidad y del aumento rápido de ventas no deja de ser muy alentador.
Reconozco que los relojes son una de mis debilidades y siempre estoy leyendo sobre ellos y sobre cuál, si pudiera, debiera ser el siguiente. Dicho esto, esta semana quiero hablaros de unas marcas de relojes que a lo mejor pudierais no todas conocer y que se han atrevido y lanzado a entrar en un mercado perteneciente a la a grandes nombres con siglos de historia en su haber. Con una gran dosis de creatividad, imaginación, trabajo e ilusión, estos nuevos relojeros buscan ganarse una mínima cuota de mercado que justifique todos sus esfuerzos. Si bien su limitada producción hace imposible referirnos a ellos como manufactura, su realización tiene mucho más mano de obra artesanal que marcas consagradas como la propia Rolex, marca que si bien es manufactura (todos los componentes de sus relojes se realizan “in-house”) sus relojes son fabricados por máquinas y montados y ensamblados a lo largo de una cadena de montaje de enorme precisión; pero una fábrica, al fin y al cabo. 
1. Angelus (www.angelus-watches.com) 
Fundada en1891 en Le Locle por los hermanos Albert y Gustav Stolz tiene hoy su taller en La Chaux de Fonds. Poseedora de varias patentes e innovaciones fue responsable de crear mecanismos para otras casas (por ejemplo, el calibre SF240 de 8 días fue montado por Panerai en 1955, reloj fácilmente apreciable por contar un mini segundero a las 9). Desgraciadamente no pudo soportar la famosa crisis del cuarzo de 1970 y se vio obligada a parar la producción poco después. En 2011 La Joux-Perret SA la recupera del olvido y empieza a llenar de creatividad tanto sus cajas como sus movimientos. 
Aunque no puede ser considerada como una manufactura 100% - sus cajas, diales y manetas son suministradas por la industria auxiliar -, la casi totalidad de sus movimientos – tanto el diseño, la producción, la terminación, el montaje y las pruebas de fiabilidad se realiza en sus premisas. Aunque la belleza siempre será algo subjetivo, sus movimientos vistos y sus diseños transgresores bien merecen una reflexión. 
2. Christophe Claret (www.christopheclaret.com)  
Taller situado también en Le Locle, concretamente en Soleil d´Or en las montañas de Neuchatel, recibe el nombre de su creador. Christophe Claret tras trabajar para diferentes casas relojeras durante veinticinco años decide iniciar su propia marca dejando tras de sí una carrera bastante estable. Para ello adquiere un palacete desde donde diseña modelos de lo más vanguardistas.
No son relojes creados para pasar desapercibido ya que la complejidad de sus movimientos convierte esto en un imposible. Con “solo” tres colecciones, todos sus relojes llevan detrás una historia, sea de amor, de paz o de esperanza. Los amantes del juego encontrarán en su colección “Casino” unos movimientos de alta complicación que imitan los principales juegos de un casino. No obstante, es la línea “extremas” con su tourbillon flotante inclinado 30º y con los campos magnéticos como únicos responsables de marcar la hora la representación de la máxima revolución de esta reciente casa relojera. 

3. Fiona Krüger (www.fionakrugertimepieces.com) 
No todo en el mundo de la alta relojería pertenece a relojeros hombres. Fiona Krüger bien puede dar fe de ello. Fiona es una rara avis en su campo. Licenciada en arte y diseño, siempre sufrió una especial debilidad por los movimientos skeleton de Audemars Piguet y por la atemporalidad de Patek Phillipe. 
Al contrario de lo que se estila en la industria, ella prefirió depositar su atención en el diseño de sus relojes y dejar en un segundo plano sus movimientos. A esta joven escocesa no le importa reconocer que se vale del mercado auxiliar para dar vida a sus famosas calaveras. Sus grabados, su pintura y reconocibles diseños son verdaderamente el leitmotiv de su casa relojera. Su limitada producción le permite además mantener informado a cada cliente a través de fotos y emails del momento de fabricación de su reloj. Sus movimientos son encargados a relojeros independientes que teniendo en cuenta el diseño de cada uno de sus relojes crean el mecanismo que mejor combine estéticamente con él. 
4. Frederic Jouvenot (www.fjouvenot.com) 
Frédéric Jouvenot es otro joven relojero que se atrevió en 2008 a lanzar su propia marca de relojes. Su enorme capacidad le valió para que solo unos años después, en 2011, participara en Baselworld y para que ese mismo año ganara el reconocido “Superwatch Award”. Con solo 27 años creó un tourbillon, además un tourbillon de lo más extraño al carecer este de una mano. Con una corta trayectoria en la mítica factoría Minerva donde desarrolló un calibre propio para la casa, diferentes complicaciones y el ya nombrado famoso tourbillon, en 2005 se unió a una compañía independiente para desarrollar movimientos de complicaciones para diferentes casas relojeras. Durante los dos años siguientes trabajó para diferentes marcas desarrollando mecanismos. Fue en 2008 cuando se lanza a crear su propia marca mientras alimentaba a esta económicamente con las reparaciones que realizaba de relojes antiguos altamente complicados. 
Como mucho de los nuevos genios de la industria relojera, Frederic apuesta por mecanismos altamente complicados, pero también con un diseño rompedor. Como es de esperar su limitada producción le impide producir en casa todo el reloj algo sobre lo que él piensa que de poder conseguir lo mejor de sus vecinos no debiera ser un handicap. En cambio, dar con un diseño rompedor y un movimiento altamente complicado y nada común no está al alcance de las grandes marcas sino solo de las mentes más brillantes; algunas dentro de esas grandes marcas pero otras al margen de ellas.
5. Greubel Forsey (www.greubelforsey.com) 
Seguramente la casa más conocida de las que traemos esta semana a esta página. Dos nombres se encuentran detrás de una de las marcas que más rápido ha despuntado estos últimos años: Robert Greubel y Stephen Forsey. Con carreras desarrolladas en IWC y Asprey respectivamente, juntaron sus trabajos en Renaud & Rapi (hoy Audemars Piguet) hace ya más de veinte años. Ya juntos, en 1999 empiezan a trabajar en la mejora del tourbillon pero como complicación destinada a mejorar la exactitud de la hora del reloj mecánico. 

En 2004 en La Chaux-de-Fonds fundan Greubel Forsey creando un doble tourbillon de 30º y solo unos años después patentan el primer reloj con cuatro tourbillones. En el año 2010 reciben en la feria de Ginebra el premio al mejor reloj de todas las categorías, premio al que fueron acompañando otros relacionados con las grandes complicaciones. Su éxito no pasó desapercibido para Richemont quien adquiere en el año 2006 el 20% de la marca. Hoy Greubel Forsey es objeto de culto por los paladares más exquisitos y los bolsillos más pudientes.  
A lo largo del año iré añadiendo otros nombres del “circuito alternativo” que he ido descubriendo en diferentes publicaciones e informándome luego sobre ellos y que creo aportan una filosofía y concepto novedoso, rompedor, fresco y alejado, aunque también complementario, al de los grandes nombres de la industria. 

El Aristócrata

lunes, 10 de abril de 2017

SUGERENCIAS PARA LA CINTURA DE TU PANTALÓN



Durante años hemos hablado sobre las ventajas estéticas de vestir de sastre; ventajas sobre todo en lo que se refiere a la hechura del traje. Sin embargo, no hemos insistido en la misma medida en la posibilidad de conseguir un diseño único, alejado del corte de tienda y con detalles de lo más personales. Y no hablamos de un ojal de color o de un forro divertido.
Ambos últimos detalles son fáciles de conseguir de acudir a cualquier sastre, sea bueno o malo, o de ser cliente de sastrería industrial.  Por el contrario, de querer conseguir un diseño especial además de sastre, se debe ser creativo, estar dispuesto a arriesgar, al corriente de lo que sale de las sastrerías de otros países y estar abierto a cambiar constantemente las líneas de tu prenda. Y en el caso que nos ocupa, las líneas del pantalón. 
A nadie se nos escapa que si bien cada vez es más frecuente el que nos pregunten sobre qué tipo de cintura nos gustaría para nuestro pantalón, la realidad es que no es tan común el que se nos ofrezca algo que vaya más allá que el ancho de la caja. En este punto es de justicia admitir que los nuevos sastres, seguramente debido a su edad y al estar en permanente contacto con las nuevas tendencias y todo lo que en este campo muestra internet, están más abiertos a escuchar “locas” propuestas de sus clientes.
Mientras observáis estos diseños que he escogido de diferentes blogs me gustaría compartir con vosotros mi sensación de que el pantalón sigue siendo tratado en este, también en muchos otros, como el hermano feo del conjunto. Los pantalones se externalizan, es decir se sacan de la sastrería y se le dan a una pantalonera para que prepare la prueba. Rara es la sastrería que los hace “in-house”. De hecho, yo al menos solo he conocido a uno que sí lo hace: Benet Pluvinet en Valls. 
Esto, algo común también en muchas de las mejores sastrerías italianas e inglesas, no debería ser un inconveniente. Sin embargo, no son pocas las ocasiones en que una misma pantalonera trabaja para diferentes sastres. Esto da como resultado que además de estar pagando más por el mismo pantalón, es muy parecido al del amigo que ha ido a otra sastrería, a priori de menor calidad. 
Esto que es muy frecuente en los pantalones, también se da, aunque se nieguen algunos sastres en admitirlo, en las propias chaquetas. Cada vez es más frecuente, seguramente por la escasez de mano de obra de calidad, que las chaquetas de diferentes sastrerías sean montadas para la prueba por una misma persona. Indudablemente el corte de la prenda, la calidad de la costura y el aire dependerá de cada sastre; pero el punto de partida, el montaje de la prenda, sale de las manos de la misma persona/taller. 
Pero volvamos sobre el título de este artículo. Seguramente si preguntáramos a las personas que salen en estas fotos si fueron ellas o su sastre quien propuso ese ancho de cintura, esas pletinas o ese peculiar cierre, muchos de ellos, o la mayoría de ellos, nos responderían que fueron ellos quienes aportaron la idea. No ocurre nada, es más muchos sastres lo agradecen, porque llevemos a nuestra sastrería una foto de la idea que tenemos para nuestras solapas, nuestros hombros o, como en el caso que esta semana ocupa, nuestro pantalón. 
Es importante que no nos empecinemos en que esta idea se implante sí o sí en nuestro pantalón. Tengamos en cuenta que alguna de estas cinturas no puede llevarse a cabo de contar con tirantes o, en otros casos, con cinturón. Será el conocimiento del sastre el que oriente nuestro gusto hacia el mejor resultado estético de la prenda y de este detalle.
Un punto muy importante a tener en cuenta es el aire final de todo el conjunto y no solo el del pantalón. No puede ser la misma cintura la de un pantalón de un traje cortado para vestirse en ocasiones formales que la del que se usará en el tiempo libre y en ambientes mucho más relajados. Nuevamente el sentido común debería ser el último responsable de decidir por qué cintura decantarnos. 
Busquemos igualmente cierta proporción y lógica entre la cintura escogida y el resto de detalles del pantalón. Por ejemplo, los bolsillos traseros deberían fluir con cierta lógica con la cintura escogida. Muchos de los ejemplos que hoy traemos seguro que agradecen unos bolsillos traseros con solapa o incluso con una solapa de diseño, caso que podríamos hacer extensible a la propia cerillera frontal del pantalón. 
Muchas veces todos estos detalles no se aprecian, como por ejemplo en el de los trajes cruzados donde la chaqueta siempre debería permanecer abotonada. Sin embargo, muchas veces basta con verla solo uno mismo como para disfrutar diseñando la cintura de nuestro pantalón.
Como conclusión volvemos a incidir en la importancia de buscar una cintura acorde con el estilo de la totalidad del conjunto. Igual que hay solapas muy anchas y bonitas, pero poco apropiadas de vestirse en lugares o eventos muy formales, lo mismo ocurre con la cintura. Una vez más será el sentido común quien debería guiar nuestra elección. 

El Aristócrata

lunes, 27 de marzo de 2017

CINCO PAISES, CINCO ESTILOS



La globalización ha traído consigo que cada vez sea más difícil diferenciar la forma de vestir del hombre, independientemente de su país de procedencia. Si hasta no hace tanto tiempo poco tenía en común la manera de vestir de un alemán y un español o de un norteamericano y un italiano, hoy de pasear por las calles de las principales capitales de medio mundo apreciaremos cada vez menos diferencias.

- Estilo inglés. 
El Reino Unido, y más concretamente Inglaterra, ha marcado el devenir de la vestimenta del hombre desde el S. XVIII. Todavía hoy la forma de vestir del hombre contemporáneo conserva cortes, prendas, protocolo de conjuntos y uso de colores definidos en este país siglos atrás. Su sastrería, camisería y zapatería artesanal, no tanto así sus diseñadores, han sido, y de alguna manera siguen siendo, veneradas e imitadas en los cinco continentes. 
El traje inglés, al menos hasta recientemente, se ha caracterizado por sus chaquetas armadas, unas marcadas hombreras y telas pesadas y gruesas para resistir el frío y la humedad. Sus conjuntos desprenden un aire muy elegante, aire que premia la limpieza de líneas y el corte más purista frente a los trajes menos armados y desestructurados. Se apuesta por colores oscuros, hechuras amplias y atemporales y zapatos negros de cordones. Los abrigos largos cruzados acompañan con frecuencia a los sombreros de fedora en los meses de invierno. Aunque su calle no lo termine de reflejar, en Inglaterra se encuentran las casas zapateras más reputadas del mundo.

- Estilo norteamericano. 
Aún siendo difícil establecer en un país con tantos y diferentes Estados un estilo predominante, el hombre de negocios estadounidense prefiere la comodidad frente al formalismo. El auge de las .com ha terminado calando profundamente en el mundo de los negocios siendo muy habitual mantener reuniones al más alto nivel sin presencia de la corbata. 
Su sastrería y camisería local, con pocas excepciones dignas de nombrar, está en manos de sastres y camiseros ingleses e italianos. Sin embargo, es en la ropa casual  donde sus marcas se han ganado el respeto mundial. La ausencia de códigos en la vestimenta, convierte a Estados Unidos en una enorme pasarela donde conviven todo tipo de estilos y conjuntos y donde el traje de chaqueta está cada día más en desuso. 

- Estilo italiano. 
Hoy es el gran dominador mundial tanto de la ropa de sport como de la formal. El conocimiento que se tiene en medio mundo de sus marcas más icónicas, unido a un gran trabajo de marketing, ha conseguido desbancar al Reino Unido como juez del vestir del hombre. Su sastrería, sastrería que bebe del estilo inglés, ha relajado las líneas serias y armadas británicas otorgando a sus trajes un aspecto relajado e informal. La calidad de la mano de obra y el gran estilo innato de sus sastres ha terminado de convertir las calles de Nápoles en el nuevo Savile Row. 
Preocupados por su aspecto, el hombre italiano apuesta por el uso de marcados estampados, colores alegres y hechuras algo atrevidas. Los trajes cruzados y entallados, las perneras estrechas y los pañuelos de bolsillo visibles son notas que definen un estilo desenfado pero donde nada se deja a la improvisación. Amante de los zapatos de color marrón, disfruta combinando sus mejores trajes de sastre con modelos de doble hebilla y hasta con mocasines. 

- Estilo francés. 
El look francés o más concretamente el parisino se diferencia por un aspecto a priori desarreglado pero donde todo termina fluyendo con cierta naturalidad. Fieles de los tonos oscuros, entre los que predominan los negros y azules oscuros, raro será verles con tonalidades alegres. La bufanda es su complemento fetiche vistiéndola tanto con topa informal como con traje. Este último y sobre todo las blazers se combinan con prendas de sport como polos o camisetas de pico. 
Si el aspecto despreocupado se aprecia en la popularidad de la camisa vaquera, el aspecto relajado-chic lo vemos en los zapatos, pieza clave en todos sus conjuntos. A diferencia de lo que ocurre en otros países, el zapato de cordones es el principal protagonista, independientemente del ambiente, y acompaña orgulloso incluso a sus conocidos pantalones pitillo. La aparente simplicidad también se aprecia en la ropa formal, conjuntos donde las marcas francesas más reputadas ganan la partida en popularidad a las tijeras más avanzadas. 

- Estilo español. 
Difícil resulta hablar de un estilo patrio. A excepción de prendas como la Teba o la capa española, pocas aportaciones reseñables hemos realizado a la vestimenta del hombre internacional. De gran sobriedad donde lo importante es pasar desapercibido y no destacar sobre el resto, el hombre español es tímido resultando extraño verle vistiendo trajes cruzados o de colores alejados de los populares azul marino o gris oscuro. 

Con los zapatos como principal asignatura pendiente, la comodidad prima en sus elecciones, tanto en los conjuntos informales como en los de corbata. Con una gran sastrería todavía por descubrir, el traje de chaqueta sigue viéndose más como una obligación laboral que como una prenda con la que disfrutar. A la hora de vestir de sport y a pesar de contar con marcas nacionales, prefiere otorgar su confianza a las marcas italianas y americanas más conocidas. 
Un estilo que merecería un estudio detenido es el estilo japonés. Muy preocupado por su aspecto estético, el japonés es un sibarita a la hora de escoger su ropa. Su predilección por lo hecho a medida y los zapatos artesanales le convierten en el nuevo referente internacional. 

El Aristócrata

lunes, 13 de marzo de 2017

LA CHAQUETA DE FUMAR



Llamando a la puerta está ya la Navidad, algo que entre otras cosas recuerda que debemos acercar el esmoquin al sastre para que lo planche y así tenerlo listo para las noches de fiesta que tenemos por delante. 

Aunque difícil es batir la elegancia del clásico esmoquin de chaqueta y pantalón negro, hay una prenda que nos recuerda mucho a ella y que puede compartir protagonismo en las noches más especiales e informales de la Navidad: la “smoking jacket”. Poco queda de aquella chaqueta concebida para proteger el resto de la ropa del humo de los cigarros y hoy sus usos son de lo más variados, vistiéndose desde con el más serio conjunto hasta con el más dandi y atrevido.
Si bien los primeros guiños a la chaqueta de fumar se ven en las pinturas de los años 1600s, fue en 1850 cuando el famoso magazine londinense Gentleman´s Magazine definió la forma y los tejidos de la cada vez más popular chaqueta. Tuvieron que pasar solo unos años, concretamente llegar a 1865, para que la chaqueta de fumar se empezara ya a concebir como una prenda a vestir aun sin necesidad de tener un cigarro entre los dedos. 

Este cambio conceptual se debió a Eduardo VII quien empezó a hacer uso de ella en las casas de campo al acabar la jornada de caza. Desde entonces, si bien sigue siendo muy popular en dicho momento, la chaqueta de fumar se viste también en ocasiones festivas de lo más diversas. Y acertaremos si una de esas ocasiones es una de las noches que tenemos por delante. 
En estas fechas, tanto seamos los anfitriones como los invitados a una elegante cena, destacaremos por nuestra elegancia, y educación, de aparecer con una estilosa smoking jacket. Aunque esta chaqueta bebe de la historia y de la hechura de la clásica chaqueta negra de esmoquin, es recomendable mandarla a confeccionar en un color diferente. 

El verde botella, el burdeos o el azul oscuro son tonalidades más lógicas para vestirse con un atuendo festivo pero no tan protocolario como el clásico esmoquin negro. Aunque este tipo de chaqueta se puede vestir sin corbata de lazo, con esta siempre queda más elegante, proporcionada y especial. Escójanse dichas corbatas de lazo en terminación terciopelo y del mismo color de la chaqueta, o de sus solapas, y se habrá acertado. Resulta difícil conseguir una bonita chaqueta de fumar de no acudir a un sastre experimentado, siendo los ingleses, por su larga tradición trabajando con ella, los mas avezados en su ejecución. 
Los adornos de pasamanería en la botonadura, en los bolsillos y en las mangas añaden gran belleza a esta chaqueta. Aunque Oscar Wilde nos llevaría la contraria, jugando con dicha pasamanería se pueden conseguir chaquetas de fumar de hilera sencilla tan bonitas como las cruzadas del dramaturgo irlandés.  

Aunque en sus inicios se confeccionaban en los más variados tejidos, hoy el terciopelo resulta el más adecuado para la nueva interpretación de estas chaquetas. Debido a su carácter informal, escójanse las solapas redondeadas y resérvense las de terminación en pico para el clásico esmoquin. 
Sigamos, al igual que se hacía en el esmoquin, dejándola sin aberturas traseras y dependiendo de la seriedad que se busque combínese desde con un pantalón gris formal hasta con otro más casual. Para este último, uno de tartán escoceses, verde oscuro y de cuadro ancho sería una bonita opción de combinar con una chaqueta de fumar azul oscura. 
Se prefiera el look serio o el informal, las conocidas como slippers complementan acertadamente el aspecto dandi de esta chaqueta. Dejemos de lado la majestuosidad del cuello diplomático y escójase una camisa de cuello estándar. Solo si buscamos el aspecto más protocolario del conjunto la camisa debería contar con pechera y botonadura joya. En el resto de ocasiones, una sencilla camisa blanca conjuga mejor con  el mensaje de la chaqueta de fumar.

El Aristócrata

lunes, 27 de febrero de 2017

THE BENTLEY DRIVING JACKET – PART 2: “PRUEBAS Y ENTREGA”



Una vez cerrado el diseño de la chaqueta empezamos a hacer prueba con diferentes tipos de telas “baratas” para después de dar con el modelo definitivo pasar a confeccionarla con las telas y materiales finales.

Como digo, antes de confeccionar esta chaqueta, se hicieron varias pruebas, concretamente se confeccionaron cuatro chaquetas finales antes de dar con la definitiva. Todas estas chaquetas se cosieron pensando que su hechura y detalles serían los definitivos. No obstante, tras verlas en el maniquí siempre había algo que podía mejorarse. La forma de los bolsillos, la trabilla trasera, el rombo del forro etc. Todos estos cambios hicieron ponernos de acuerdo en definir primero su aspecto exterior y solo una vez consensuado ponernos a trabajar en su interior. 
Para no tener dudas en el resultado final, Joaquín Fernández me probó en varias ocasiones con tejidos de otra época que por su composición o terminación difícil tendrían cabida hoy. Incluso, recuerdo que en la penúltima chaqueta que realizamos utilizó trozos de diferentes telas para conseguir suficiente tejido para toda la chaqueta. De hecho, no creo que hubiera habido ningún sastre, al menos que yo conozca, que hubiera aguantado todo lo que Joaquín aguantó todos estos meses. Aunque difícil es hacerse la idea de lo que será una chaqueta utilizando otra tela y otro color, creímos, como todavía hoy pensamos, haber dado con lo que buscábamos. 
La confección tiene varias notas que difieren de la manera en la que Joaquín acostumbra coser sus chaquetas. El hombro no cae de manera natural sino que tiene cierto relieve en su costura. Su sisa es alta pero no tanto como en las chaquetas de calle. Igualmente, las mangas no quedan tan justas como en las de los trajes estándares. Ambos detalles entendibles si tenemos en cuenta que el propósito principal de esta chaqueta es acompañar al conductor del coche en su trayecto a su destino preferido y, por consiguiente, la vestirá principalmente durante el tiempo que esté al volante. 
Esto es otro de los motivos por los que la chaqueta es visiblemente más corta que las chaquetas estándar. Una chaqueta que hubiera sido más larga solo hubiera conseguido un sobrante importante de tela entre el respaldo del asiento y el propio conductor; algo que solo hubiera conseguido hacer menos placentero el viaje. Para añadir un toque extra de comodidad al extender los brazos es por lo que se incorporó una abertura en la espalda; abertura que concede unos centímetros extras de tela cuando ambas brazos están extendidos sobre el volante. 
Definido su diseño – ver su porqué en el primer artículo - fueron varios retos a los que nos tocaron enfrentarnos en esta chaqueta. Quizás uno de los más importantes fue bajar la idea conceptual de coderas a la chaqueta con la piel de Bentley. Esta piel si bien es de una incuestionable calidad, tiene un grosor y un tratamiento pensado para que resista sin inmutarse el rozamiento y el uso continuado durante años y años. Esto da como resultado una piel que no admite patina alguna ni tampoco un cosido fácil debido precisamente a su importarte grosor. Después de decidir que coser la hombrera en su totalidad restaría elegancia a la chaqueta, pensamos hacerlo solo en forma de ribete. Para que esto adquiriera sentido el núcleo de la hombrera lo adornamos con un óvalo del mismo cachemira que la chaqueta pero con el rombeado diferenciador de la casa de la B alada. 
Para el ribete de piel nos pusimos en contacto con otro viejo conocido de esta página, Antonio García Enrile, artesano de la piel que adelgazó la piel los milímetros necesarios para poderla coser de manera manual a la codera de la chaqueta. Este mismo tratamiento se hizo a la piel que franquea el cinturón trasero y a las aberturas de los bolsillos interiores. Igualmente, en el interior de la tapeta del cuello aparece un trozo de esta piel y con el logo de Bentley grabado cosido a mano.
Una vez con las líneas de la chaqueta definida, el proceso de probado fue igual al de cualquier otra chaqueta por lo que conviene no conviene hablar mucho de él sino mejor centrarse en su interior. Como explicamos en el primer artículo, se buscó un diseño de medio forro con el estampado – se respetaron hasta las medidas exactas de los rombos – idéntico al de la tapicería de los vehículos. También el doble cosido propio del tapizado de la casa británica aparece en la chaqueta. Los bolsillos interiores, uno para la pluma Montblanc y el otro para la llave del coche cuentan con un bordado realizado a mano. Las líneas curvas del forro recuerdan las carreteras en las que más se disfruta este tipo de coche. 
Espero que las fotos os ayuden a haceros una idea más aproximada del resultado final de la chaqueta donde no hay detalle que no tenga un porqué detrás. Prueba de ello es el refuerzo que se ha cosido en la parte superior del hombro izquierdo para evitar que el paso del cinturón pudiera terminar rozando la exclusiva, pero más difícil de cortar, cachemira de Holland & Sherry utilizada en la chaqueta. 
Como conclusión decir que esta ha sido una de las aventuras sartoriales más locas en las que he participado. Dudo que de poder marchar atrás me volviera a embarcar en semejante proyecto aunque a tenor de todo lo que nos hemos divertido y la repercusión, tanto nacional como internacional, que ha tenido seguro que lo volvería a hacer. 

Para terminar quiero aprovechar y dar las gracias a las casas que han confiado en mi para llevar adelante este apasionante proyecto: Montblanc, Holland & Sherry y Bentley Madrid, casas que han apostado por un profano en el mundo de la moda pero que tienen en su ADN de lujo y exclusividad valores como lo intemporal, lo hecho a mano y lo confeccionado a medida.

Fotos: 1ª y dos últimas fotos: Alvaro Felgueroso
El Aristócrata