lunes, 20 de abril de 2020

DEJA QUE TUS ZAPATOS HABLEN DE TI



De poco vale contar con un buen traje si este no descansa sobre un zapato de calidad. A pesar de ser demasiado frecuente, no deja de sorprender la poca atención que se presta a la que es sin duda la prenda más importante del armario del hombre. 

Los zapatos son el juez que con más derecho otorga o deniega cualquier estilo o elegancia tanto a los conjuntos serios como informales. Un traje a medida, una corbata de siete pliegues o una acertada combinación de colores y estampados de poco servirán de no haberse escogido correctamente el zapato. 
Se puede errar en la elección de una camisa o de una corbata, pero si se viste un buen par de zapatos el error quedará disimulado. Más allá de acertar en el color o modelo de zapato, este debe ser sobre todo de calidad. Un zapato de justita terminación se detecta rápidamente. Por mucho que brille o por nuevo que esté, si en su compra no se ha hecho cierto esfuerzo económico difícil será ocultar o disimular su aspecto industrial.

Con seguridad aquellos preocupados por su aspecto o, simplemente, aquellos a los que les gusta vestir con un mínimo de elegancia se detendrán un buen rato antes de proteger sus pies con cualquier marca desconocida o recién llegada. 
En los zapatos no existen atajos. Si bien no es necesario acudir a la zapatería a medida para contar con un modelo de calidad, sí es cierto que las marcas más reputadas, y con una larga historia a sus espaldas, no son particularmente baratas. Sin embargo, estas valen lo que cuestan – las marcas de moda no siempre obedecen a esta máxima. Todavía es relativamente común referirnos a una persona como alguien con una gran colección de relojes o, también, como alguien con increíbles zapatos. 

El amante de los buenos zapatos los cuida, los limpia, los alterna, los combina acertadamente, escoge para ellos los calcetines más adecuados, los repara antes de que verdaderamente lo necesiten y los envejece con tal cuidado que año tras año parecen más bellos. Aunque encontrar el tiempo a él hoy tampoco le resulta tarea sencilla, dedica una tarde a limpiar los que vistió en la semana y así se asegura de tenerlos listos cuando vuelvan a salir de sus fundas de tela. 
Los galanes más conocidos de la gran pantalla, sobre todo los de la década 30 y 40, años en los que se prestaba una especial atención a la ropa, eran todos clientes de las mejores zapaterías bespoke inglesas. Sus hormas se conservan y en ellas se puede observar el paso del tiempo con anotaciones y añadidos del zapatero. De saber apreciar un buen Oxford artesanal difícil será volver a vestir un mocasín de baja calidad. El zapato es el icono de la elegancia del hombre. 

Complicado será estar bien vestido si estos dejan indiferentes a quienes nos cruzamos en nuestro día a día. Si la corbata es la prenda en la que más se fijan las mujeres, los zapatos atraen la atención de los hombres, siendo frecuente encontrar personas que los coleccionan y los guardan como pequeñas obras de arte. Observando el modelo escogido se tendrá una idea certera de la personalidad de quien lo viste. 
Hagamos la prueba y observaremos como nuestra opinión del zapato coincide con la imagen que tenemos de quien lo ha escogido. De ahí que en la zapatería a medida zapatero y cliente conserven un largo rato con el objetivo de que el zapatero sea capaz de transmitir a esas pequeñas piezas la personalidad de su cliente. Color, horma más ancha o afilada, piel, brogueado, tipo de suela…en definitiva un largo pero apasionante proceso que se traduce en tu zapato y en el de nadie más. 

De conocer a alguien cuyos zapatos han llamado la atención raro será volver a verle y no fijarse nuevamente en sus zapatos. Si el zapato es su prenda fetiche alternará Oxford ingleses, mocasines italianos, botines, gomminos, zapatillas de diseño, semi brogues artesanales y tantos más como su armario pueda acoger. 
Si con el traje puede ser conservador, con sus pantalones de sport de diseño no vestirá las zapatillas del momento y en su lugar los combinará con zapatos goodyear pero en hormas más estilizadas o en colores más atrevidos. Conocerá los diferentes tipos de piel y las combinará en sus zapatos según la finalidad a la que destine cada uno de ellos. Lo más frecuente será verle con suelas de piel, aunque en invierno y en las épocas de lluvia preferirá la comodidad y seguridad de las suelas de caucho. Disfrutará de la elegancia atemporal del negro, pero no por ello los dejará de alternar con marrones oscuros o incluso azules oscuros. 

En casa para descansar vestirá slippers y con esmoquin opera pumps. También para pasear por el campo contará con un buen y variado número de modelos y no usará los mismos con los que durante la semana paseaba por la ciudad. 
Cada zapato contará con su horma de madera y tendrá varios armarios organizados para que en ellos descansen lo más ordenadamente posible. Huirá de los modelos que exhiban llamativamente logos o marcas y será solo la calidad la que hable de su buen gusto. Se referirá a sus zapatos por el nombre del zapatero que los ha fabricado y no por la marca que los confecciona en alguna lejana factoría. Y todo esto lo hará no por ser presumido o un mero coleccionista sino sencillamente porque es viendo los zapatos la mejor forma de adivinar a quien los calza. 

El Aristócrata

martes, 31 de marzo de 2020

LA ROPA DE BAÑO Y SUS IMPRESCINDIBLES



A la vuelta de la esquina está el verano y con él, ese temible calor que pone en peligro las normas más básicas de decoro y convivencia. 

La ciudad no es el paseo marítimo del sitio de descanso y no parece una buena idea vestir por sus calles como se hará en el chiringuito de playa. Chiringuito que, por cierto, de ir a él a comer bien agradece un pantalón y una camisa de lino. El traje de baño y el torso desnudo deberían reservarse para la orilla del mar o para justo el momento antes del chapuzón. 
Al bañarse, las gafas de sol carecen de sentido y hacerlo con camiseta no parece tener mucha más lógica. Mejor afrontar con hombría los estragos del invierno e informar con decencia a los bañistas del remojo de nuestros michelines. 

El look blanco total es una alternativa difícil de batir en las islas y perfecta para disfrutar de los momentos culinarios. Precisamente comiendo es conveniente mantener descubierta la cabeza y cubiertos los pies, en la mesa mejor alpargatas que chancletas de goma. 

De vuelta a la arena, evitemos realizar una aparatosa mudanza. Disfrutar de unas pocas horas de sol no justifica la imagen tan española de la familia o el grupo de amigos con sus sillas, sombrillas, transistor, nevera, un gran kit de cremas y un sin fin de productos de los de “por si acaso”. 
Un kikoi, siempre más ligero y estiloso que la popular toalla, una camisa de lino, en su defecto un polo, un traje de baño tipo bermuda corta, unas chancletas de goma y un buen libro es todo lo que se necesita para disfrutar de la playa. Aconsejable dejar para los entrenamientos en la piscina el traje de baño tipo slip y olvidarse de las bermudas tipo surf si este no es el deporte que se esté practicando (que me perdone la mitad de mi querido Zarauz). 

A la caída de la tarde, unas bermudas o un pantalón de lino remangado y una camisa también de lino son una alternativa cómoda para disfrutar de un agradable paseo por la orilla. De hacerlo por la mañana conviene protegerse la cabeza siendo el sombrero tipo panamá la opción más elegante. 
Este sombrero aporta no solo elegancia sino también una nota de estilo al look más relajado de pantalón de lino. La forma en que esté tejida la paja-toquilla hablará de su calidad y será responsable de su longevidad. Juguemos con el ancho de su ala y el color de su cinta consiguiendo un estilo más clásico o juvenil. Los sombreros de paja, los tipo explorador o las gorras de beisbol difícil tendrán competir con la elegancia del sombrero ecuatoriano. 

Dentro de la ropa de baño hay una serie de prendas que no podrán faltar durante las próximas semanas. Aunque los zapatos náuticos son un clásico en estas fechas, los mocasines conocidos como gomminos cuentan con una línea estética que permite usarlos también lejos del mar. Estos se visten sin calcetines, de ahí que de tener los pies sensibles los modelos de piel vuelta resulten más cómodos. 
Las alpargatas siendo menos vestidas que estos, aunque más divertidas y desenfadadas, cuentan con un precio reducido permitiendo tener varios modelos y alternarlos según sea el resto del conjunto y estado de ánimo. Más cómodos serán de haberse cosido a mano, encontrando en Murcia, País Vasco y la Rioja tres de sus principales lugares de fabricación. 

Las gafas de sol son un complemento obligatorio para protegerse del siempre peligroso sol. Serán lo primero que vean de cada uno de nosotros. Recuérdese a la hora de escogerlas que  pocos accesorios hablan más de cada personalidad. 
El traje de baño mejor si es de tipo bóxer terminando siempre por encima de la rodilla. Los modelos slip, aún teniendo un cuerpo escultural no llegan a la discreción y elegancia de éstos. 

La camisa de lino, ya hablamos de ella la semana pasada, es sinónimo de verano y esparcimiento y añade a la ropa de baño  un toque chic difícil de conseguir con una camiseta. Cuello estándar o Mao, blanca, rosa, beis o de cualquier tono veraniego, este tejido sigue siendo el compuesto estrella de la temporada. La polivalencia de esta camisa – mejor de manga larga - permite usarla a cualquier hora del día.  
El polo, por su parte, mejor reservarlo para la mañana que por la noche, momento en el que añadirá un toque de color y frescor al conjunto de baño. 

La clásica  toalla, además de no ser particularmente cómodo su transporte, es pesada y obliga a cargar con ella en la bolsa o en las manos. Sin embargo, el kikoi keniata es muy ligero pudiéndose llevar alrededor del cuello, en forma de falda o liado en la bolsa de playa ocupando un mínimo espacio. 

Una ligera pashmina además de adornar cualquier conjunto veraniego puede hacer las veces de este kikoi. 
Son muchos los que prefieren descansar en el norte a hacerlo en el sur. Sus agradables temperaturas agradecen tener cerca jersey de algodón. Este además de ser muy fácil de transportar puede acompañar a unas bermudas a la caída de la tarde o durante un relajado paseo por la orilla del mar, permitiendo, además, alargar la jornada por la noche. Durante estas fechas mejor decantarse por jerséis de colores veraniegos que por los oscuros propios del otoño. 

De las bermudas resulta conveniente no abusar en la ciudad, aunque su uso en los sitios de descanso, sobre todo cerca del mar, es muy agradecido. Además, al contrario del traje de baño, permiten entrar en una tienda a por esa compra olvidada de última hora. 

El Aristócrata

lunes, 9 de marzo de 2020

CLAVES DE LA CAMISA DE LINO



En plena primavera y con temperaturas cercanas ya a las de verano es hora de disfrutar de la camisa más agradable y cómoda. 

El lino es el compuesto más antiguo que se conoce, mucho más incluso que el propio algodón. En una de las tumbas de la primera Dinastía en Tarkhan, año 3.000 a. C, se encontró la que es considerada la primera camisa de la historia. La planta del lino está compuesta de celulosa, al igual que el algodón, y aunque hoy esta nos evoca al verano, la realidad es que el lino fue muy utilizado para confeccionar prendas que soportaran el frio y la humedad de los campos irlandeses.
El tejido. Es curioso observar la gran disparidad de precios entre unas camisas de lino y otras. Más allá del sitio de venta o la marca que lleven en el interior, la realidad es que en la mayoría de las camisas “gangas” que se venden en chiringuitos o mercadillos el lino aparece mezclado con fibras sintéticas o con el propio algodón. Por lo que si lo que se persigue adquiriendo esta camisa es que esta transmita sus verdaderas particularidades, esto es, ligereza y frescura, se deben buscar exclusivamente tejidos 100% de lino.
El hilo y su trenzado. El hilo de las camisas, también el de la ropa de cama, suele estar formado como mínimo por uno o por dos cabos. Lo ideal sería que se al menos dos hilos aparecieran enrollados entre sí. Esto, además de aportar resistencia al tejido, también garantiza mayor longevidad a la prenda. Estos hilos verticales entrelazados deberían cruzarse con un número igual de hilos tejidos en horizontal. El grosor del hilo, la trama, cuanto más fino mejor, algo que consigue una caída más natural y una camisa más suave. No obstante, tan importante es que sea muy fino como que cuente con el suficiente número de ellos para que la camisa no se transparente.
La hechura de una camisa de lino no puede ser la misma que la de una camisa de sport estándar. El lino pide un look relajado y totalmente desenfadado. Por ello, su hechura es más holgada. Dependiendo de las prendas que la acompañen vestirla incluso por fuera del pantalón puede cobrar cierto sentido estético. Aquellos que quieran llevarla por dentro deberán ser conscientes de que, por lo resbaladizo del tejido, puede terminar saliéndose. La facilidad y lo estético de doblarse las mangas obliga a dejar de lado las de manga corta.
El blanco es su color por excelencia. Este es adecuado para prácticamente todas las ocasiones. No obstante, si se piensa vestir esta camisa con traje mejor escogerla de color azul o con algún estampado a rayas. En los momentos más relajados los rosas, marrones pálidos, verdes mate y una amplia gama de azules son todos buenos tonos sustitutos para el popular blanco. 
El cuello puede adquirir diferentes formas y medidas. Desde el clásico, con su entretela, pensado para albergar una corbata hasta el cuello Mao o el estándar pero sin entretela y totalmente desestructurado. No hay uno mejor que otro, todo dependerá del aspecto que se busque transmitir con la camisa.
Y lo mismo ocurre con su pechera. La extendida de botones en todo el frente es una apuesta segura, pero no por ello la que abotona solo hasta la mitad deja de ser correcta con los conjuntos más sencillos.

Es lógico pensar que si además de su aspecto desinhibido se persigue esa frescura extra, se combine la camisa con prendas con un mensaje, y aspecto, similar. Si cuando llegue el verano los conjuntos de camisas y pantalones de lino llenarán chiringuitos y restaurantes, hasta entonces conviene vestir esta camisa con pantalones de otros tejidos. Desde el fresco de algodón hasta un moderno vaquero serán opciones que la primavera, y su calor contenido, agradecen.

El Aristócrata

jueves, 27 de febrero de 2020

LAS TELAS DE ENTRETIEMPO



Aunque ahora mismo llueve con fuerza, la primavera ya está aquí. Si el año pasado las lluvias retrasaron su entrada, este nos acompaña desde hace varias semanas (este frío seguramente sea el último coletazo del invierno). 

Al clima que hoy vivimos, cambio extremadamente rápido de invierno a verano y de verano a invierno, sin prácticamente otoños y primaveras, se le debe, entre otras cosas, que los diseñadores presenten ya solo dos colecciones al año y no cuatro como antaño. Y precisamente por lo extremo del tiempo las telas de entretiempo apenas disponen de tiempo de ser disfrutadas. 
En años como este pasar de un traje de franela a uno de algodón es solo cuestión de días. Por ello, reservarles demasiado espacio en el armario pareciera carecer de sentido. Sin embargo, todavía las frías mañanas y las noches frescas agradecen tejidos relativamente abrigados y alejados tanto de los más gruesos invernales como de los más frescos veraniegos.  

El colorido de la primavera unido a las agradables temperaturas y a las muchas horas de luz de las que ya disfrutamos debería animarnos a contar con al menos cinco trajes y cinco conjuntos de chaqueta y pantalón de temporada. Para los trajes nada mejor que apostar tejidos frescos donde aparezca la lana mezclada con vicuña, lino, alpaca o seda. 
Toca igualmente disfrutar del colorido y alegría de la primavera y dar una oportunidad a tonos alejados de los clásicos azul marino y gris marengo parece un buen comienzo. Los trajes conocidos como dos piezas ganan protagonismo sobre clásico traje de chaqueta Para estos conjuntos de dos piezas si bien las telas son las mismas, se puede arriesgar más en cuanto a estampados y colores dando entrada a tonos más propios de verano que de invierno.

Es el momento de combinar chaquetas de estilosos estampados, como los cuadro ventana, con pantalones lisos. Las chaquetas de sport color lila, verde, azul o, por ejemplo, rojo mate son perfectas para disfrutar con estilo de la luz de esta estación.
Las conocidas como lanas frías además de caracterizarse por su gran traspiración. permiten jugar con estructuras menos armadas donde se prescinde de voluminosas hombreras, entretelas y forros. Estos trajes desestructurados dan como resultado una prenda menos pesada, más desenfada y sobre todo mucho más fresca y estilosa 

Transmitir a la ropa las particularidades de cada estación resulta fundamental para vestir de manera elegante todo el año. 
En la ropa de sport los jerséis de lana oscuros dejan paso a los de punto de tonos vivos y los pantalones de colores próximos al calabaza o azul claro y de fino algodón toman el lugar que en invierno ocupaban los más abrigados y oscuros. Los colores de las camisas se harán ahora más vivos, sus diseños más atrevidos y poco a poco el lino empezará hacer su aparición.

Cerciorémonos de que en los complementos también se note la llegada de la nueva estación. Tanto en la vestimenta de traje como en la de sport evitemos los calcetines de lana y sustituyámoslos por unos de fino algodón. Demos rienda suelta a nuestra imaginación y juguemos con divertidos estampados cuando la ocasión lo permita. 
Las corbatas de punto de seda deben ya ocupar el espacio dejado por las de lana, los gemelos se llenarán de color y de diseños alegres y los pañuelos de bolsillo de cachemira habrán dejado su lugar a los de lino y seda con detalles en verde, violeta o rojo. 

Una bonita pashmina de lino además de protegernos en las todavía frescas noches de mayo pondrá el broche de estilo tanto a los conjuntos de corbata como a los de sport. 
Y para las horas más frías nada mejor que los tan actuales acolchados sin mangas. El hecho de poder prescindir del abrigo se presenta como el guiño perfecto para introducir todos esos objetos que llenan nuestras manos disfrutando de los tan estilosos bolsos de mano que hoy fabrican las mejores casas de piel.

El Aristócrata

lunes, 10 de febrero de 2020

EL TRAJE DE “LA ENCICLOPEDIA DEL BUEN VESTIR”



Aunque se ha alargado mucho más de lo esperado, cada día está más cerca “La Enciclopedia del Buen Vestir”. Entre los últimos retoques estaba decidir la portada. Y para ello, de igual forma que se hizo en el “Manual del Perfecto Caballero”, escogí una composición de traje, camisa y corbata; todo ello siempre de mi armario.

Si la camisa corrió a cuenta de Mariano Langa, la corbata de Marinella, el traje lo realizó, también como en la otra portada, José María Reillo. Para este, y pensando en dicha portada, escogimos una franela de Holland & Sherry de estampado diplomático en azul marino; y, por supuesto, de hilera cruzada. 
La franela, además de ser un compuesto bastante transpirable y puramente de invierno, tiene la particularidad de tener cierta elasticidad, arrugarse menos que otras lanas y perder las líneas de la plancha, tanto en mangas como en pantalón, más rápido que también en otras lanas. Al contrario que en el estambre, la aparición de bolas por el roce en la entrepierna es muy poco frecuente; y muy difícil si la franela es de calidad. 
Todos evolucionamos y quienes tengan el “Manual” verán que el corte de aquel traje de hace ya ocho años difiere bastante de este. En este último vemos una silueta algo más ceñida, mucha menos hombrera, una chaqueta más corta, un pantalón más estrecho… Sin embargo, en lo que no ha cambiado ha sido en la forma de confeccionarse. Un patrón retocado a lo largo de los años, tres obligadas pruebas y muchas horas de taller. La mano de alguna nueva oficiala es todo lo que diferencia aquel de este traje. 
Cada vez me gustan más para verano los trajes cruzados del tipo 4x2, con sus bolsillos de parche y su ausencia de entretelas y forros. Sin embargo, para el invierno sigo prefiriendo los cruzados 6x2 y con cierto cuerpo. Esto no es ni mejor ni peor, es solo cuestión de gustos. Y para mi gusto el 6x2 con sus bolsillos estándar transmite algo más de seriedad; cosa que por otro lado perseguía para la portada del nuevo libro.
El traje está a falta de una última prueba. Ciertas bolsas se apreciaban en las asilas por la parte trasera y el cuello pedía también un cierto retoque por la espalda. Las mangas necesitaban medio centímetro extra. Pero por lo demás, estaba todo listo para la entrega.
La camisa encaja muy bien en el cuello del traje y a pesar de ser también de rayas tanto su estampado como su color conseguía, siempre desde mi punto de vista, un bonito contraste. Los clientes habituales de Mariano saben que una vez les haya tomado el pulso sus camisas no requieren ni de ser probadas. 
Las corbatas de Marinella son siempre especiales. Se puede elegir entre, literal, cientos de dibujos. Pero es su seda tan especial la que consigue los nudos más bonitos. El hoyuelo que hacen es único. Sin ser esta corbata llamativa combina acertadamente con traje y camisa no reclamando protagonismo alguno y dejando que sea el rostro el verdadero protagonista. 
Podíamos haber rizado el rizo buscando un pañuelo de color o con algún tipo de estampado, pero siempre presente el “menos es más” decidimos que difícil sería fallar con un pañuelo blanco mostrado de manera poco llamativa y todavía menos pensada. Además, con el paso de los años cualquier otra alternativa podría haber sobrecargado el look haciendo forzada la portada de un libro que está llamado a convertirse en un clásico.
Respecto al libro qué decir. Lo considero mi obra maestra. Dudo mucho que nunca más vuelva a escribir otro. El esfuerzo, la dedicación y el tiempo que requiere escribir tantas y tantas páginas hace inviable que pueda volver a hacerlo.  Y precisamente por la escasez de tiempo y porque quería que su contenido me llegara a sobrevivir es por lo que he preferido dedicarle varios años hasta sacarlo a la luz. 
Con la portada prácticamente concluida, lomo y contra también terminados solo falta que mi buen amigo José Antonio Tello me envíe la última versión revisada para enviarlo al maquetador y dejarlo listo para la imprenta. 

¿Os gusta la portada y la contra? ¿Cambiaríais o mejoraríais algo? ¡Gracias!

El Aristócrata

martes, 28 de enero de 2020

SER EDUCADO NO ES SER MACHISTA



Con el día de los enamorados celebrado el mes que se acaba de marchar pararse a pensar en el verdadero significado de este día no debería ser tiempo perdido. 

No hace tanto tiempo ropa y complementos echaban una mano cuando de mostrar respeto y galantería se trataba. Eran tiempos en los que el pañuelo de bolsillo podía servir para borrar un rimen corrido, y ayudar a ponerse sobre los hombros un largo abrigo permitía a las señoras no tener que desprenderse de su bolso. 
Asistir con el abrigo o en la mesa con una chaqueta que ya sobra son detalles de convivencia que no deberían ser malinterpretados. Creo que hoy todos somos conscientes de que la mujer se vale por si sola para todo esto, por ello estos gestos no deberían ser percibidos como machistas sino simplemente de mera educación. 

Si antes descubrirse ante ellas era un gesto de lo más habitual y volver a cubrirse una obligación si así ella lo indicaba, hoy llevar el hombre el paraguas evitando que ella se moje, aun cuando eso signifique que seamos nosotros quienes suframos parcialmente el chaparrón es, nuevamente, solo una muestra de cordialidad.  
Gestos tan básicos como ayudar con las bolsas, ceder el paso o abrir una puerta no tienen por qué ser considerados gestos de falocracia, sino solo de respeto y buenas maneras. Si servir en la mesa comida, agua o vino al resto de comensales es una muestra de cortesía, hacerlo a ellas primero mantiene en vigor esas reglas que nos diferencian del resto de la fauna animal. 

Caminar por la acera por el sitio más cercano a la carretera no te convertirá en mejor persona, pero sí al menos en alguien conocedor de las pautas más básicas de decoro. De ser dos hombres y una mujer los que pasean, el sitio central debería quedarle reservado a esta última. En definitiva, infinidad de gestos con los que mostrar nuestra disposición a servir o ayudar. 
Cierto que por protocolo la vestimenta en muchos actos la dicta el hombre, de ahí que en las invitaciones se indique el conjunto esperado en él: esmoquin, traje oscuro etc. Y teniendo esto en cuenta la mujer escoge el suyo. Sin embargo, son infinidad de ocasiones en las que no se apunta nada y cada uno elige la ropa que cree más conveniente, fallando casi siempre el hombre por no estar a la altura de su pareja. Si vemos que ella invierte su tiempo en arreglarse hagamos nosotros lo propio. 

¿Cuántas veces vemos parejas en las que ella brilla con luz propia y él parece estar totalmente fuera de contexto? ¿Cuántas fotos donde él parece más ser un fan que se acerca a la estrella pidiendo fotografiarse a su lado que no de hecho su pareja? Si ella ha ido a la peluquería qué menos que nosotros nos afeitemos. Si ella elige un vestido largo no parece lógico obviarlo y vestir el primer conjunto con el que nos sentamos cómodos. Un alto tacón exige un zapato de cordones, un conjunto de cóctel al menos corbata, un elegante abrigo uno largo en nosotros. Esto no es ser anticuado, es sólo sentido común. 
En tiempos convulsos como los que vivimos, hoy más que nunca se antoja necesario volver sobre los guiños más básicos de galantería y no dudar en ponerlos en práctica. Recordemos que el día de los enamorados es mucho más que un bonito regalo. 

Abrir la puerta del coche, acercarla a la entrada de nuestro destino para luego nosotros ir a aparcar o volver sobre aquel mandamiento de ser nosotros los que corramos con la cuenta no son actos a olvidar sino a tener hoy más que nunca presentes. 
Enamorados o no, ofrecer nuestro brazo bajando las escaleras, acercar la silla cuando vayan a sentarse en la mesa, levantarnos cuando ellas se excusen… lejos de ser actos cursis son actos de cortesía y mera urbanidad. 

El Aristócrata

lunes, 6 de enero de 2020

LAS CLAVES DE UN BUEN CHAQUETA



Sea porque estemos en plena temporada de bodas o porque es de este conjunto del que más recibo últimamente consultas, puede ser un buen momento esta semana repasar de manera rápida las claves de un buen chaqué: 

1. Atuendo padrino y testigos. El novio es el protagonista. Por ello, si este decide casarse con un traje estándar ni padrino ni testigos deberán vestir de chaqué. Igualmente, si el novio escogiera chaqué estos deberían acompañarle también con él, pero con un chaleco de diferente color. 

2. Cuidado si es alquilado. Si solo se va a vestir ese día resulta comprensible alquilarlo. No obstante, de ser este el caso es aconsejable cambiar el chaleco negro que suele venir en el “pack” de alquiler por uno de color. Cómprese en versión cruzada y con los botones madre perla y el conjunto adquirirá un aire especial disimulando además la procedencia del resto de las piezas. El ser el chaqué un conjunto de tres piezas se permite dejar la levita desbotonada cobrando el chaleco gran protagonismo.
3. Color. Aunque las modas lleven a escaparates chaqués en color azul marino o en estampados diplomáticos, el chaqué más elegante, y correcto, sigue siendo el clásico de levita negro y pantalón a rayas negras y grises. De celebrarse por la mañana, se admite el chaqué gris. En este caso todo el conjunto, levita, chaleco y pantalón, deben ser exactamente del mismo tejido y color.

4. Los zapatos. Solo las botas balmoral y los Oxford lisos son adecuados con este conjunto. El negro, color para los eventos más formales, resulta la mejor opción más apropiada. De escoger los Oxford se podría incorporar una pequeña costura en la puntera. Los modelos semi y full brogue mejor reservarlos para actos menos serios. Los zapatos con hebillas tampoco aciertan con la seriedad del evento.
5. Chistera y guantes. Si no se está familiarizado con su vestimenta mejor dejarlos en casa o esperar al próximo Ascot. Son muy pocas las celebraciones donde se ve una acertada utilización de ambos complementos. 

6. Tirantes. Los conjuntos formales o semi-formales – frac, chaqué y esmoquin – se visten con tirantes, de ahí que lo normal sea no encontrar en el pantalón pasadores para el cinturón. Su color es relativamente importante pues quedarán ocultos tras el chaleco y la levita. El azul marino es un tono seguro. Las lanzaderas de piel consiguen mejor efecto estético que las clásicas pinzas metálicas. 
7. Pañuelo de bolsillo. Es importante evitar que el pañuelo sea idéntico en color y/o dibujo que la corbata; daría como resultado un conjunto demasiado recargado y buscado. El color blanco es la mejor opción pues combina muy bien con el negro de la levita. Mostrarlo de manera paralelo a la costura del bolsillo suele ser lo más seguro. Si los extremos del pañuelo han sido cosidos a mano muéstrense sobrepuestos. No obstante, si se prefiere, se puede introducir el pañuelo de manera desalineada consiguiendo un resultado menos forzado que de experimentar con formas demasiado estudiadas. 

8. Camisa. Aunque la camisa blanca es siempre correcta, mejor probar con una camisa de rayas azules y blancas. Si se quiere imprimir un toque especial se puede optar por una camisa con cuello blanco. En este caso los puños deberán ser del mismo estampado que el cuerpo de la camisa. Gemelos mejor que puño sencillo. 

9. Corbata. De corte clásico y color no estridente. Los tonos azul marino con algún pequeño dibujo son elección segura. El nudo sencillo combina mejor con el aire del chaqué que el conocido como Windsor. 

10. Flor en el ojal. Menos, es más. Dicho esto, si se quiere lucir una flor hágase correctamente. El rabillo debe introducirse por el ojal quedando solo a la vista la flor. El rabillo, por su parte, descansará en la parte interior de la solapa en el pasador cosido para tal efecto.

El Aristócrata